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Del libro se ha dicho de todo. Los eruditos, hay muchos, dicen que es una mierda –no es la primera-, el pueblo llano que es el mejor libro de la historia –tampoco es el primero-, la Iglesia que es herético, como Harry Potter o el Aserejé -I said the hip-. Hay que tener cuidado con lo que se dice y más teniendo en cuenta que la gente no tiene cuidado con lo que entiende o, mejor dicho, con lo que no entiende. El caso es que después de considerar El código da Vinci como un tratado histórico unos, como un tratado histórico falso otros, y querer crucificar a Dan Brown por no sé qué difamación de los sevillanos que los listos de España habían leído antes de que se publicara La fortaleza digital –que por cierto tiene una portada horrible-, algunos llegaron a la conclusión de que sería conveniente advertir al principio de la proyección cinematográfica -de estreno inminente- que la historia es ficticia. Que quede claro, niños, El código da Vinci es de mentira. Lo curioso es que hay una cantidad de obras posteriores, con la misma rigurosidad que un discurso párvulo, que han levantado muchísima menos polémica cuando pretendían ser lo que no eran: las verdades de El código da Vinci . La culpa la tienen los cuatro subnormales que meten baza en estos corrillos de debate, haciéndose y creyéndose los intelectuales por decir una palabra más alta que otra, ambas irreflexivas, confesándose heridos en el orgullo patrio por el difamado concepto que de nuestra tierra se tiene en ultramar. Espero que de los manchegos no crean que son espigados y dementes o rechonchos y analfabetos; ni todos los ingleses son Henry Wilt, ni sólo los americanos Ignatius Really, ni los franceses Grenouille. En aras de mantener la calma, debido a las advertencias de este calibre obviadas en el pasado, y teniendo en cuenta que ya alguien la lió una vez radiando un relato sobre extraterrestres, me gustaría advertirles de que los Goonies, los Orcos, y los Lunis son monigotes. Por si quedaban dudas las calabazas no se convierten por arte de magia en carrozas. Es cierto que el argumento del libro se apoya en mentiras, quizá por eso la intriga no se sostiene. Juguemos al código da Vinc i: ¿Qué matemático inglés con título de Sir puede estar relacionado con una manzana? Algunos estarán intentando encajar los cojones con el trigo, los avanzados de la clase estarán felices, alzando la mano y dando saltitos en su silla. Los serenos han acertado al callarse y aguantar, sólo el penitente pasará , que dijo otro que buscaba el cáliz de Cristo: a Isaac Newton nunca le cayó una manzana en la cabeza. Quizá a parte de la calificación por edades debería haber en las bibliotecas y los cines una criba por sentido común, negando la entrada a quien no pasara un test express de inteligencia, o quizás obligando entrar acompañados a los más rezagados de la clase si además de ineptos son unos meapilas. No nos sorprendamos, los menores de siete años sueñan con monstruos si ven ciertas películas y la madurez no va ligada a la edad. El código da Vinci resulta ser una novela entretenida como cualquier otra de su género, sin literatura pero con un hilo argumental que engancha. Si está usted apolillado leyendo obras maestras de la literatura dedíquele un par de días a El código da Vinci . No sólo de Ulises vive el hombre. Si ya se lo ha leído y está convencido de haberse tragado una nueva Biblia resumida le recomiendo que sus siguientes lecturas sean los cuadernillos de Micho y Teo desayuna . VEA TAMBIÉN Gotardo J. GonzálezOtras obras de Lenguas afiladas Este artículo en los foros de Lenguas de Fuego
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Revista de Cultura Lenguas de Fuego - ISSN 1886-3027
Última actualización: 1 de abril de 2008 |