Nos llega el remake de una obra de hace diez años, tal vez no la mejor del austríaco de origen alemán Michael Haneke, pero sin duda una que no nos dejará indiferentes.
Esta película no puede ser valorada por la presencia de público, es decir, los números de taquilla no influirán de forma determinante en su éxito, sino el tanto por ciento de público que abandone la sala asqueada por tanta violencia, no una del tipo sangriento -dicho queda para los que sean más sensibles-.
Quienes ya vieran en su momento el original no van a encontrar nada nuevo ya que es una copia casi perfecta; los que no han tenido oportunidad se les presenta la ocasión de encontrar toda la ira presentada para el gran público (se rodó en inglés) en este film de terror que, en palabras del director, sólo aguantarán hasta el final quienes estén necesitados de la violencia que expresa.
Dos horas de película que cuenta con Naomi Watts, Tim Roth, Michael Pitt, Brady Corbet y Devon Gearthart. Y digo que cuenta con ellos porque es lo que va a diferenciar el original de 1997 con éste.
Fuera de más excusas, aunque resulte una película que produzca un enorme desasosiego, se la recomiendo encarecidamente, incluso a los que hayan visto la primera porque encontrarán ciertos matices en los personajes que los conseguirán pertubar. A fin de cuentas, para algunos diez años no es nada, menos para un planteamiento más que interesante.
Uno de los estrenos más llamativos será el del 4 de Julio de la película O Jerusalem, nombre que toma del título del bestseller de los 70 escrito por Dominique Lapierre y Larry Collins sobre la fundación de Israel (1948) y el conflicto arabe-israelí. Sin duda es un tema bastante delicado y que va a llegar a la gran pantalla de una manera resumida pero más que correcta, no entra en los detalles y numerosos datos de la novela pero da una información más que interesante para poder comprender uno de los problemas más complicados del momento con un solo pero por el momento y es el uso de imágenes de archivo ya demasiado manidas y que podrían haberse sustituido por otras de creación, aunque tal vez eso último, la creación, hubiese sido lo más interesante que podría haber hecho el director Elie Chouraqui y no rememorar una obra que cumple ya casi cuarenta años.
Estaremos a la espera del visionado, sin embargo, si por un lado no cabe duda de que puede resultar interesante el tema, por otro sabemos que no se puede trabajar con un material tan antiguo. El resultado dependerá de la calidad de la película, aspecto en el que no esparamos demasiado.
O Jeruslaem/ Drama/ Francia, Grecia, Israel, Italia, Alemania, Estados Unidos/ 100 min./ Notro Films/ Intérpretes: JJ. Feild, Saïd Taghmaoui, Maria Papas, Iam Holm/ Música: Stephen Edelman/ Guión: E. Chouraqui y Didier Le Pêcheur/ Fotografía: Giovanni Fiore Coltellacci/ Director: Elie Chouraqui
Ha vuelto la magia de los mundos maravillosos a las grandes pantallas. Las Crónicas de Narnia ataca de nuevo con la intención de aumentar la acción, la aventura, pero sin abandonar ser un producto Disney, es decir, batallas trepidantes pero sin una sola gota de sangre.
Uno de los grandes retos es separarse, conseguir la independencia hacia El Señor de los Anillos, saga a la que se le relaciona constantemente, pero no lo esperen, al menos según lo que he leído. Sí parece que hay un gran salto con la antecesora, esa de “El León, la Bruja y el Armario”, que era el recibidor a esta serie de obras de C. S. Lewis, las cuales nos van a seguir llegando en pocos años.
Sin duda esta nueva entrega se enfrenta a retos interesantes, más teniendo en cuenta su metraje que llega casi a las dos horas y media: por un lado y principalmente, conseguir que los culos se mantengan en las butacas, sin demasiados bailes que indican hastío, para ello parece que han buscado un ritmo trepidante y una espectacularidad que abra bocas de admiración; sin embargo, por otra parte, necesitan que el espectador sienta algo, se emocione en algunos momentos de una manera lo suficientemente digna para que no se convierta en una decepción tremenda, algo que en la primera entrega no se consiguió demasiado.
Una buena oportunidad para que estos niños que juegan a ser mayores nos entretengan al menos en estas tardes noches de verano, aunque, eso sí, nos llevemos un rapapolvos moralizante intrínseco a la obra de Lewis.