Los niños nunca deberían ir a la cama. Cuando despiertan son un día más mayores. (Descubriendo Nunca Jamás, Finding Neverland, Marc Forster, 2004)

Durante todos los veranos de mi infancia acostumbraba a ver la televisión tirado en el frío suelo de mármol, que me reconfortaba, a sólo unos palmos de la pantalla. De ese tiempo, recuerdo casi mejor las películas que veía que las series de dibujos: mis padres hicieron una colección de Chaplin (grabando las películas que la Primera tenía a bien proyectar todos los domingos y sin apenas publicidad), por lo que mi infancia va unida indefectiblemente al comienzo de El Gran Dictador (me fascinaba especialmente la persecución de la bomba que no explota a Chaplin, su incursión en tropas enemigas o su vuelo bocabajo en que el reloj de bolsillo engaña a la fuerza de la gravedad) o a la escena de la “cena” en La Quimera del Oro. Sin embargo, un día del verano del 89 iba a hacer virar mi pasión por Chaplin y me iba a hacer descubrir al superhéroe favorito, no ya sólo mío, sino de mi generación.

Viendo los anuncios vi a dos hombres atados en una silla, rodeados de fuego e intentando zafarse de las cuerdas que los mantenían unidos. Aquello me fascinó, con lo que grité que tenía que ver esa película. La idea no sólo me entusiasmó a mí, sino también a mi padre, que no tardó ni un día en llevarme al cine (de hecho, nos llevó a mi y a mi hermana aquella misma tarde).

Aún excitado a la salida el cine, me creía el mismo Indiana Jones, tenía más y más ganas de aventuras. Recuerdo que por entonces até a uno de mis Playmovil una goma a modo de látigo, le puse un sombrero, y se convirtió en el héroe de todos mis juegos. Al poco tiempo de ver Indiana Jones y la Última Cruzada pude grabar En Busca del Arca Perdida, que a partir de entonces se fue intercalando con mi visionado semanal de El Gran Dictador.

La noticia de la cuarta entrega de las aventuras del doctor Henry Jones Junior fue recibida por una generación de fieles con júbilo, aunque también con precaución: ¿estará Harrison Ford como para estos trotes? ¿Volverá el grandísimo Sean Connery? ¿Será el argumento bueno? ¿Se le irá la cabeza a Spielberg con los efectos especiales, arruinando la nueva versión como George Lucas ha hecho con las nuevas entregas de Star Wars?

Con esta cautela y esta ilusión fui a ver Indiana Jones y el Reino de la Calavera de Cristal (Indiana Jones and the Kingdom of the Crystal Skull, Steven Spielberg, 2008). Y lo cierto es que la película no defrauda para nada. Harrison Ford está pletórico, si bien es cierto que deja un poco frío no ya sólo la no presencia de Sean Connery, sino su muerte -que nos anuncian de pasada-, pero tanto el argumento como los actores, así como la puesta en escena (clásica, con poco artificio), hacen que esta película sea una digna sucesora de la saga, estando quizás un peldaño por debajo de la primera y la tercera entregas aunque dos por encima de la segunda.

Spielberg utiliza la primera hora de la película para dibujar magistralmente la situación de América a mediados de los cincuenta. La obsesión por la Guerra Fría se refleja con las pruebas nucleares, las intrigas del gobierno y su fiebre de sospechar que todo el mundo tiene actividades comunistas encubiertas, o las manifestaciones en la Universidad contra los rusos. Digno de mención es la entrada en escena del joven compañero de Indy en esta entrega: con su Harley y su chupa de cuero, obsesionado con engrasar su pelo, espejo del Marlon Brando de Salvaje (The Wild One) que enloqueció a las jóvenes de aquella época.

Dos horas de aventuras que dejan con ganas de más, que hacen añorar los años dorados del género, la época en la que el ordenador no se había adueñado de las pantallas, falseando todo (siempre tengo la sensación de que es más irreal todo lo que hacen por ordenador, con la excepción de los dinosaurios de la primera parte de Parque Jurásico). Dos horas que te hacen volver a disfrutar como un niño, a verse uno de nuevo con diez años, a ahondar en la neurosis recurrente de intentar volver al pasado (fijación por la infancia) por el goce de la ignorancia y la inocencia.

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3 Respuestas a “Indiana Jones y el Síndrome de Peter Pan”
  1. MIKEL dice:

    Hola, no estoy demasiado de acuerdo con tu crítica. Me considero devoto de la saga de indy, desde que estrenaron El Arca. Nunca me pareció que Sean Connery (solo siete años mayor que Harrison Ford fuese un personaje clave para la saga, es más, creo que la tercera película, La Ultima Cruzada, con ese rollo familiar resta bastante alo de misterio al arqueólogo protagonista, que ya en la primera se nos presentaba como un aventurero solitario, casi sin lazos afectivos que le atasen a una vida que no fuese ir por el mundo buscando tesoros y jugándose el cuello….

    Para mi gusto, la segunda es mejor que la tercera, me parece oscura y original, y sin duda muy superior a la de la Calavera de Cristal. La Última Cruzada era una especie de broche de oro a la trilogía, con pincelada nostálgica, que repetía los esquemas de la primera.

    Para mi fué una gran decepción ver la última, no vi una película de Indiana Jones, vi una película con Indiana Jones… o por lo menos con alguien que recordaba muy vagamente al aventurero de los 80. Desde luego los años no pasan en balde, pero ese no creo que sea el problema.

    Pongo como ejemplo “Sin Perdón”, de Clint Eastwood.
    Creo que hubiese sido más lógico presentar a un Indy con las limitaciones reales de un sexagenario, Indy era una persona normal que se acojonaba con las serpientes y las “fuerzas sobrenaturales”, no un superhéroe. Ahí residía su encanto.

    Lo que si estamos de acuerdo es que Indiana Jones es el personaje más carismático de la historia del cine / aventura.

    Gracias por el espacio. Un saludo

  2. Abutita dice:

    Hola “Efe”!! Cuanto tiempo sin verte…¿ Cómo estás? Como verás yo te sigo leyendo aunque no sepa nada de tí.

    Me ha encantado lo que has escrito. No tanto por la critica de la peli, más que nada porque no la he visto, sino por los recuerdos…

    Yo también vi esas pelis de “Charlot” con mi abuelo y por supuesto, al gran Conery haciendo de papá Jones… Cómo molaban… Recuerdo que de niña estaba deseando tener un poquillo de fiebre para no ir al cole y hacerme maratones de Indiana, las veía las tres seguidas en mi querido video para vhs…Qué nostalgia. (también lo hacia con las de super-man, pero yo siempre he sido más de Indiana)

    Espero que estés bien. Un besito y cuidezé ushté..Qué cozash…

  3. José L. Ballesteros dice:

    A mi la segunda entrega me sigue pareciendo la más floja, entre otras cosas porque se pretende que sea oscura, pero a la vez meten a un personaje que enganche al público infantil (Tapón) y escenas, como la de la comida, que consiguen lo mismo y, de regalo, romper el ritmo de la película.

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