Archivo de Agosto 2007
Escrito por: Bitternut en Personal
Para M. B. G. de COU D
Entre los múltiples papeles que por determinada razón estoy volviendo a descubrir, he encontrado unos amarillentos ya por el paso del tiempo, dedicados y acompañados de un dato que me permite fechar cuándo me los dieron: hace trece añitos nada más y nada menos. Supongo que muchos de ustedes conocerán esta carta pero, como no soy capaz de escribir nada que merezca la pena -sé que nunca lo hago-, copio estas palabras las cuales, si bien son una traducción, son bastante decentes. No creo que sea necesario explicar nada puesto que, como he dicho, la carta es bien conocida:
“¿Cómo se puede comprar o vender el firmamento ni aún el calor de la tierra? Dicha idea nos es desconocida.
Si no somos dueños de la frescura del aire ni del fulgor de las aguas, ¿cómo podrán ustedes comprarlos?
Cada parcela de esta tierra es sagrada para mi pueblo. Cada brillante mata de pino, cada grano de arena en las playas, cada gota de rocío en los oscuros bosques, cada altonazo y hasta el sonido de cada insecto es sagrado a la memoria y al pasado de mi pueblo. La savia que circula por las venas de los árboles lleva consigo las memorias de los pieles rojas.
Los muertos del hombre blanco olvidan su país de origen cuando emprenden sus paseos por las estrellas: en cambio nuestro muertos nunca pueden olvidar esta bondadosa tierra puesto que es la madre de los pieles rojas. Somos parte de la tierra y asimismo ella es parte de nosotros. Las flores perfumadas son nuestras hermanas; el venado, el caballo, la gran águila; estos son nuestros hermanos. Las escarpadas peñas, los húmedos prados, el calor del cuerpo del caballo y el hombre, todos pertenecemos a la misma familia.
Por todo ello, cuando el gran jefe de Washington nos envía el mensaje de que quiere comprar nuestras tierras, nos está pidiendo demasiado. También el gran jefe nos dice que nos reservará un lugar en el que podamos vivir confortablemente entre nosotros. Él se convertirá en nuestro padre y nosotros en sus hijos. Por ello consideraremos su oferta de comprar nuestra tierra. Ello no es fácil ya que esta tierra es sagrada para nosotros.
El agua cristalina que corre por ríos y arroyuelos no es solamente agua, sino también representa la sangre de nuestros antepasados. Si les vendemos tierras, deben recordar que es sagrada y a la vez deben enseñar a sus hijos que es sagrada y que cada reflejo fantasmagórico en las claras aguas de los lagos cuenta los sucesos y memorias de las vidas de nuestras gentes. El murmullo del agua es la voz del padre de mi padre.
Los ríos son nuestros hermanos y sacian nuestra sed; son portadores de nuestras canoas y alimentan a nuestros hijos. Si les vendemos nuestra tierra ustedes deben de recordar y enseñarles a sus hijos que los ríos son nuestros hermanos y también los suyos y por lo tanto deben tratarlos con la misma dulzura con que se trata a un hermano.
Sabemos que el hombre blanco no comprende nuestro modo de vida. Él no sabe distinguir entre un pedazo de tierra y otro, ya que es un extraño que llega de noche y toma de la tierra lo que necesita. La tierra no es su hermana, sino su enemiga y una vez conquistada sigue su camino, dejando atrás la tumba de sus padres, sin importarle. Le secuestra la tierra a sus hijos. Tampoco le importa. Tanto la tumba de sus padres como el patrimonio de sus hijos son olvidados. Trata a su madre, la tierra, y a su hermano, el firmamento, como objetos que se compran, explotan y se venden como ovejas o cuentas de colores. Su apetito devorará la tierra dejando atrás sólo un desierto.
No sé, pero nuestro modo de vida es diferente al de ustedes. La sola vista de sus ciudades apena los ojos del piel roja. Pero quizá sea porque el piel roja es un salvaje y no comprende nada.
No existe un lugar tranquilo en las ciudades del hombre blanco, ni hay sitio donde escuchar cómo se abren las hojas de los árboles en primavera o cómo aletean los insectos. Pero quizá también esto debe ser porque soy un salvaje que no comprendo nada. El ruido sólo parece insultar nuestros oidos. Y después dde todo, ¿para qué sirve la vida si el hombre no puede escuchar el grito solitario del chotacabras ni las discusiones nocturnas de las ranas al borde de un estanque, así como el olor de ese mismo viento purificado por la lluvia del mediodía o perfumado con aromas de pinos?
El aire tiene un valor inestimable para el piel roja ya que todos los seres comparten un mismo aliento, la bestia, el árbol, el hombre, todos respiramos el mismo aire. El hombre blanco no parece consciente del aire que respira; como un moribundo que agoniza durante muchos días es insensible al hedor. Pero si les vendemos nuestra tierra deben recordar que el aire es inestimable, que el aire comparte su espíritu con la vida que sostiene. El viento que dio a nuestros abuelos el primer soplo de vida, también recibe sus últimos suspiros. Y si les vendemos nuestra tierra, ustedes deben conservarla como cosa aparte y sagrada, como un lugar donde hasta el hombre blanco puede saborear el viento perfumado por las flores de las praderas.
Por ello consideramos su oferta de comprar nuestra tierra. Si decidimos aceptarla, yo pondré una condición: el hombre blanco debe tratar a los animales de esta tierra como a sus hermanos.
Soy un salvaje y no comprendo otro modo de vida. He visto a miles de búfalos pudriéndose en las praderas, muertos a tiros por el hombre blanco desde un tren en marcha. Soy un salvaje y no comprendo cómo una máquina humeante puede importar más que el búfalo al que nosotros matamos sólo para sobrevivir.
¿Que´sería del hombre sin los animales? Si todos fueran exterminados, el hombre también moriría de una gran soledad espiritual. Porque lo que le sucede a los animalestambién le sucederá al hombre. Todo va enlazado.
Deben enseñarles a sus hijos que el suelo que pisan son las cenizas de nuestros abuelos. Inculquen a sus hijos que la tierra está enriquecida con las vidas de nuestros semejantes a fin de que sepan respetarla. Enseñen a sus hijos que nosotros hemos enseñado a los nuestros que la tierra es nuestra madre. Todo lo que ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. Si los hombres escupen en el suelo, se escupen a sí mismos.
Esto sabemos: la tierra no pertenece al hombre; el hombre pertenece a la tierra. Esto sabemos. Todo va enlazado, como la sangre que une a una familia. Todo va enlazado.
Todo lo que le ocurra a la tierra le ocurrirá a los hijos de la tierra. El hombre no tejió la trama de la vida; él es sólo un hilo. Lo que hace con la trama se lo hace a sí mismo.
Ni siquiera el hombre blanco, cuyo Dios pasea y habla con él de amigo a amigo, no queda exento del destino común. Después de todo, quizá seamos hermanos. Ya veremos. Sabemos una cosa que quizá el hombre blanco descubra un día: nuestro Dios es el mismo Dios. Ustedes pueden pensar que ahora Él les pertenece lo mismo que desean que nuestras tierras les pertenezcan; pero no es así. Él es el Dios de los hombres y su compasión se comparte por igual entre el piel roja y el hombre blanco. Esta tierra tiene un valor inestimable para Él y si se daña se provocaría la ira del Creador. También los blancos se extinguirán, quizá antes que las demás tribus. Contaminen sus lechos y una noche perecerán ahogados en sus propios refugios.
Pero ustedes caminarán hacia su destrucción rodeados de gloria, inspirados por la fuerza del Dios que los trajo a esta tierra y que por algún designio especial les dio dominio sobre ella y sobre el piel roja. Ese destino es un misterio para nosotros, pues no entendemos por qué exterminan los búfalos, se doman los caballos salvajes, se saturan los rincones secretos de los bosques con el aliento de tantos hombres y se atiborra el paisaje de las exhuberantes colinas con cables parlantes. ¿Dónde está el matorral? Destruido. ¿Dónde está el águila? Desapareció. Termina la vida y empieza la supervivencia.”
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Escrito por: Bitternut en Cine, Gentes
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”
Julius Henry Marx, Groucho –Art Fisher decía que hablaba emitiendo gruñidos-, nos dejaba un diecinueve de Agosto de 1977, con ochenta y seis años, un bigote con un puro atado, unas gafas y un extraño caminar, en Los Ángeles. Su vida fue tan caótica como podría parecer a simple vista. Proveniente de una familia de emigrantes, de origen muy humilde –cambiaban a menudo de residencia porque “mudarse resulta más barato que pagar las deudas”-, exprimió el jugo a cada segundo de su vida.
Hace poco tuve la suerte de disfrutar de alguna película de los Hermanos Marx con alguien que todavía no había visto ninguna. La sorpresa fue tan grande como la irrupción en su momento de estos hermanos en el cine del momento. En torno a los 30, cuando todavía la comedia no tiene un trato estable del cine, aparecen estos cuatro músicos-cómicos y terminan por poner todo patas arriba. Lo absurdo prevalece junto con una inocecncia que impensablemente todavía hoy nos hace sonreir. Frases como “O se ha muerto usted o mi reloj se ha parado”, “Nunca olvido una cara pero, en su caso, estaré encantado de hacer una excepción” o “¿A quién va usted a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?” son perlas que nos ha ido dejando y que una y otra vez seguirán haciéndonos reir.
La falta de confianza en su sociedad y en el mismo ser humano aparecen una y otra vez; multitud de citas siguen circulando hoy en día (“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” o “Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto, preguntárselo, y si responde que sí sabes que es un corrupto”) aunque también la acidez fue una de sus costumbres (“Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera vírgen” o “Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho a mi favor” o mi favorita, “Bebo para hacer interesante a las demás personas”).
Tras la segunda guerra mundial, las películas de los hermanos Marx cayeron un poco en el olvido pero Groucho siguió participando en unas pocas, escribiendo libros e interviniendo en algunos programas radiofónicos y televisivos.
Una de las partes contratantes nos abandonó a medias, no porque como Elvis siga pululando por ahí sino porque siempre nos quedará su cine, sus puntillas, sus genialidades y sus excentricidades; siempre nos quedará Groucho.
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Noche ya cerrada, carretera casi desierta. A las tres y media de la mañana, la suave brisa veraniega rozaba nuestro paso por la poco transitada Carretera de Atarfe. Tras un concierto de Jazz Latino y unas cervezas, nuestros cuerpos iban a recogerse, por supuesto cada uno a su casa, cuando unos amables señores de verde nos invitaron a que encaminásemos nuestra moto hacia un lado. Buenas noches, dijo mientras en su cerebro se repetía una voz de soy un cabrón deseando putear a alguien. Eran buenas hasta que tú has aparecido y me vas a joder –pensé, gracias a Dios solo pensé. Sople. Mierda.
Los adeptos a la ciencia infusa tenemos cierta ventaja con respecto al resto de la humanidad. Quizá por eso, por una vez en mi vida, antes de salir me entretuve en buscar los papeles de la moto que, si bien no los encontré, apilé muchos para desesperar al que me los pidiese. Entre ellos tuve la suerte de encontrar el seguro pero sin el justificante de pago. Gotardo, imprímeme esto que yo no tengo tinta en la impresora. Menos mal.
Da usted positivo. Este tío es tonto, eso te lo había dicho antes de meterme el tubito ese en la boca.
Como los entes de verde se aburren decidieron hacernos esperar quince minutos más para que pudiese, con todos mis pulmones llenos de nicotina, alquitrán y resto de mierdas que se meten en eso denominado cigarrillo, soplar dos veces más. Sigue dando positivo, va bajando pero da. Lo voy a tener que denunciar. Que te jodan hijo de la gran puta; ¿lo haces tú solo? ¿ya sabes escribir? Jódete que es el día que menos borracho voy.
La verdad es que la Guardia Civil nunca me ha caido mal, ni siquiera después de que me hayan jodido con trescientos euros de multa y cuatro puntos perdidos del carnet, no de sutura en el culo que poco ha faltado. De hecho me parece cojonudo que vayan multando a los irresponsables que, como yo, beben cuando conducen. Sin embargo hay cosas que no me han quedado muy claras. Por ejemplo, los dos niñatos en una scooter, uno de ellos sin casco, ¿por qué se fueron sin multa? ¿es que sólo nos empaquetan a los que no llevamos navajas en los bolsillos ni vivimos en chabolas o tenemos pinta de chorizos de mierda? Como los que somos normales no tenemos suficiente con que nos puteen los trabajos un tanto por ciento de disminuidos, otro de mujeres y otro de inmigrantes.. Ah, no. Si ha sacado mejor nota pero es que la igualdad es la igualdad; ese mierda tiene las mismas oportunidades que usted y aunque sea analfabeto, medio gilipollas y lleve el dedo en el culo en lugar de en la nariz porque no sabe, tenemos que cubrir un tanto por ciento. De puta madre.
Tampoco sé dónde fueron a parar las dos gordas inmensas que llevaban el coche rozando el suelo. Esas ni soplaron ¿por qué? ¿porque tenían que haberse bebido el Tamesis para que se notara en los ríos de sangre que deben llevar esos cuerpos el alcohol? Señor guardia, es que somos gordas y no nos aceptamos, bebemos para olvidarnos (y por las tapas). Además, somos famosas, el National Geograpgic nos ha hecho un contrato como especie en peligro de explotar. Nada señoras (soy solo una) sigan y que tengan buenas noches y sueñen con chorizos y con el gilipollas aquel al que estamos multando. De cojones.
No obstante, lo que más me jode y que demuestra que hay hijos de puta por todos lados es la parte casi final. Aquí tiene su denuncia ¿Quiere firmar? Sí, tocapelotas, por gilipollas y por haber puesto Rechazada en el lugar de mi firma. Subnormal, ¿no ves que casi toda mi familia es de guardias civiles y sé que esto lo pago o me dan por todos lados? Pues puede usted seguir. Ahí lo llevas campeón. ¿O sea que supuestamente estoy tajado y me dejas seguir? Vamos a ver, si estoy pelotazo inmovilízame la moto pero si estás viendo que he dado positivo por poco y que voy bien para seguir conduciendo, ¿para qué pollas me multas? Hay que ser cabrón, pero mucho más para seguirnos con el coche y volver a pararnos porque al cabrón se le ha olvidado apuntar el número de la matrícula.
Eso sí, no vuelvo a beber cuando coja la moto (no me lo creo ni yo) pero hay que ser inepto para dejar a un delincuente, a un borracho, seguir conduciendo y poner en peligro la vida de los demás. Lo peor es que el Buda cobraba siete euros por entrar y no pude beberme una copa a tu salud pero que sepas, señor agente, que no te olvidaré en mis oraciones.
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Uno empieza a estar hasta los mismísimos huevos de escuchar (en este caso leer) tonterías (rebuznos) en tantas ocasiones. Mientras hoy perpetuaba una costumbre que adquirí hace tiempo como es la de comer, en uno de los informativos hablaban de un atentado con al menos doscienta cincuenta muertos pero que se esperaban muchos más, actos de kale borroka y un ajuste de cuentas –perdón, siempre hay que hablar de presunto o me denuncian- de la mafia italiana en Alemania.
Después de todos estos muertos la diosa Fortuna, no la del tabaco sino otra, nos regala una noticia en la que, entre otras cosas, nos comenta que “…el histórico dirigente de la izquierda abertzale Jose Luis Álvarez Emparanza “Txillardegi”, profirieron gritos en defensa de Euskal Herria y exigiendo “democracia” para el País Vasco, así como a favor de la ikurriña y contra la enseña española.”
Vamos por partes, alguien que se llama “Txillardegi” no puede hacer otra cosa que no sea proferir gritos, en otro caso se llamaría “Xuxurrandegi”, y por supuesto, siendo un histórico, probablemente diría gilipolleces, como es el caso.
Estas estupideces me llevan a la otra parte. ¿Cómo alguien puede ser tan sumamente imbécil de pedir democracia en una región en la que el fanatismo es suyo? ¿Cómo un dirigente de la izquierda que se denomina patriota, que ha asesinado, asesina y asesinará o no condena eso que a fin de cuentas es lo mismo pero más cobarde, puede hablar de democracia? ¿Cómo alguien puede tener la poca vergüenza de hablarnos de democracia? ¿Qué significa para él? ¿La ley del más cabrón?
Por si no lo sabe, uno de los valores más importantes en democracia es el de la libertad de expresión, que uno pueda decir lo que le venga en gana sin que su vida corra peligro, que uno pueda tender su uniforme de policía para que se seque sin tener que darle la vuelta, no tener problema ninguno en defender lo contrario que tú sin que por eso mi coche se encuentre con equipaje en los bajos, sin que tenga que ir por la calle mirando hacia atrás por si algún cabrón viene a por mí.
Ya lo dijo alguien, no estoy de acuerdo con usted pero mataría porque pueda decirlo; eso es democracia. Nunca he estado en contra de la violencia cuando es necesaria, cuando no hay otros cauces, pero ahora mismo aquí no se dan ni por asomo. Quizá en el único sitio sea precisamente en su País Vasco gracias a gente como él, a nazis que creen disfrazarse de demócratas y que, a fin de cuentas, son sólo la representación de un tipo de radicalismo, esos que hacen perder el juicio y la razón, esos que hacen que una raza se crea superior a otra, esa que pone cotos a su tierra y que a consta de cualquier cosa pretenden que se les considere diferentes.
Hay dos casos en los que nunca defenderé a los vascos; el primero es cuando algunos hablan en su idioma habiendo más gente, siempre me ha parecido una falta de educación; el segundo cuando esos nacionalistas trasnochados quieran hacer suyo un concepto con respecto al cual representan lo contrario, hablan de democracia los violentos, los que pretenden imponer sus ideas, los que creen estar por encima del bien y el mal, los asesinos.
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En una entrevista concedida a la agencia EFE, el hispanista Ian Gibson ha proclamado su amor y su sorpresa hacia el gran cineasta Luis Buñel del que destaca su ternura escondida tras esos músculos de los que siempre hacía gala; se ve que también debía esconderla tras las palizas que, por diversión, le daba a los maricones y en las que muchas veces estaba presente Lorca pero claro, cómo iba a saber eso Gibson de la vida del poeta granadino.
Ahora este señorito andaluz nacido en Irlanda, ser por el que siento una ciega devoción como muchos de ustedes sabrán, quiere completar una especie de trilogía tras biografiar a García Lorca y a Dalí, no sabemos muy bien si se dedicará a intentar sacar todos los trapos sucios o sólo algunos aunque debería desenterrar a alguno para ver qué tal sigue.
Para esta investigación el pobre hombre se va a ver obligado a viajar a Méjico, Nueva York y París en un intento de localizar a quienes trabajaron con don Luis, inconvenientes de la vida. Espero que en Méjico le vaya muy bien ya que ese tipo de sociedad es la que creo a él le va más y, supongo, será donde más tiempo pase; seguro que esa estancia es muy fructífera, especialmente en lo que más le interesa.
Entre sus múltiples y repugnantes declaraciones, quisiera destacar una en la que dice que este país no ha desarrollado en demasiadas ocasiones el tema de las biografías porque no teníamos un duro y, pobres de nosotros, tenemos la fea costumbre de romper la correspondencia de los muertos cuando tratan de temas íntimos para que no caiga en manos de ningún hijo de puta desaprensivo, lo cual dificulta el trabajo (una pena).
Al leer esto me he acordado de una pequeña anécdota que escuché de Antonio Machado. Creo que fue por medio de un alumno por el que le llegó un texto inédito de Gustavo Adolfo Bécquer; el revuelo era notable debido a que este tipo de cosas no suelen ocurrir frecuentemente. Tras leerlo, Machado, ante la cara espantada del alumno, lo hizo mil pedazos (el número puede no ser exacto) y dijo que si Bécquer no lo había querido publicar por algo sería.
Este irlandés no tiene por costumbre respetar nada de nada si eso equivale a dinero y algunos estamos bastante hartos de que siga explotando sus gilipolleces que nos costó leernos durante la carrera poemas pésimos de Lorca y dentro de poco tomar sopa con alguno de sus huesos. Que uno sea escritor no significa que su vida esté en venta ni que deje de tener derecho a la intimidad y privacidad; que uno tenga un precio demasiado bajo no implic a que otros lo tengan. Así que, señor Gibson, intente recuperar la dignidad que alguna vez tuvo y trabájese bien lo de Buñuel porque, aunque sea lo último que haga, como encuentre errores en su libro, en caso de que dentro de esos tres años que dice aproximadamente tardará todavía siga estando esta revista, lo voy a machacar.
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Escrito por: Bitternut en Granada
Sí, ya sé que estas cosas suelen ocurrir por lo menos una vez a la semana, pero en algunos aspectos uno ya no tenía costumbre de que los días tuviesen nombres distintos sino que se medían por horas: unos tienen más, otros menos.
Así que hoy, como el buen muchachito que soy, me he despertado junto a mi congestión nasal, mi fiebre, mi dolor de cabeza y mis agujetas (y mis gatos) para desayunar un café cargado hasta donde permite el estómago humano, dos tostadas con mermelada y un Ducados para aclarar la voz.
Más por obligación que por placer, hemos salido los cuatro (los gatos han tenido que quedarse) a cumplir una palabra dada, cámara en ristre para hacer el gilipollas un rato. Lejos de recorrer alguno de mis caminos habituales, es decir, aquellos desprovistos de gente, nos hemos aventurado en un mundo nuevo intentando hacer nuestra buena obra del año mezclándonos con el género humano. Las calles rebosan de parejitas, unas con niños otras sin ellos, que vagan buscando terrazas donde tomarse la cerveza fresquita de rigor. También he tenido el placer de ver al pájaro loco, el cual parece más pequeño en la tele, que no ha tenido la gentileza de ofrecerme uno de esos globos fálicos. El día podría haber sido mucho más completo si uno que iba “repartiendo” pegatinas con un lacito de esos que se pusieron tan de moda me hubiese pegado una en mi pecho varonil pero, por razones que desconozco, tras mirarme, ha dado la vuelta y se ha ido por otra calle.

El caso es que en mi viaje experimental he pasado por el Paseo del Salón, lugar donde han tenido a bien colocar una de esas fuentes enormes gracias a que mucho tiempo atrás decidieron quitar otra, la de los “Gigantones”, hoy en la Plaza de Bibarrambla, lugar desde el que trasladaron la estatua de Fray Luis de Granada situada en estos tiempos en la Plaza de Santo Domingo fieles a una costumbre de cambiar las cosas de su sitio (así nunca encuentro yo mis gafas). Aprovechando que llevaba la cámara y que de la fiebre estaba medio colocado, mis pasos han comenzado a titubear hacia otras fuentes de la ciudad hasta que, de nuevo decepcionado, he regresado a mi casa sin ni siquiera una mísera cerveza en el cuerpo, bebida nuestra de cada día.
Lo que quizá más me ha llamado la atención, debido tal vez a que el sol aumentaba mi estado febril a pasos agigantados, es la improbabilidad de encontrar una sombra en la que retozar unos instantes tranquilo, más teniendo en cuenta que me hallaba en uno de los lugares de encuentro y paseo por antonomasia de la sociedad granadina.
Era en el Paseo del Salón y en el de la Bomba donde la clase media-alta granadina acudía a contonearse (el Violón era para los trabajadores, por eso se le llamó Paseo de la Chancleta). Allí se reunían para echar un vistazo a los demás pavos y ay que gorda se ha puesto maripili o sabes que manolito se ha echado una querida –o al revés, qué gorda se ha puesto manolito y maripili es boyera-. Y la verdad, aunque pueda mejorarse una barbaridad, es que por aquellos andurriales no se está mal del todo, especialmente por la zona del río donde puede uno entretenerse viendo cómo algunos van corriendo para, a fin de cuentas, no llegar a ningún sitio. Ya lo decía mi madre: correr es de cobardes y andar poco elegante.
En realidad mi viaje no ha tenido mucho de accidental. Por varias razones, durante casi diez años pasaba por allí todas las madrugadas, cuando las calles eran regadas y el aroma a tierra mojada no estaba envuelto con la pestilencia que arroja el Genil. Mi camino era siempre el mismo, donde se encuentra uno de los lugares de culto de Granada, la Virgen de las Angustias, patrona de la ciudad. Esta iglesia y su inquilina están situadas en una de las calles más bellas por la noche que he tenido el placer de admirar, bajo los suaves brillos de la noche que consiguen envolverte en el regazo de lo sobrenatural al amparo de los bellos árboles que enredan sus almas allá en lo alto.
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Escrito por: Bitternut en Cine
Para poder llegar a comprender esta película es necesario conocer la pasión que Woody Allen siente por el Jazz, pasión que no sólo encontramos en algunas de sus bandas sonoras sino también en conversaciones entre personajes o puestas en escena.
Acordes y desacuerdos nos sumerge en el mundo del Jazz de los años treinta de la mano del músico Emmet Ray (Sean Penn); un músico cleptómano, misógino, chuloputas; un músico que nunca existió pero que si lo hubiese hecho sería lo más parecido posible a Django Reinhardt, uno de los mejores guitarristas de Jazz de todos los tiempos, equiparable a músicos de la talla de Armstrong o de Bechet.
Allen, devorador y gran conocedor del Jazz, construye su personaje a partir de las leyendas urbanas que giran en torno a otros músicos que sí son reales, lo construye a partir del trompetista King Oliver y su pistola nacarada, del pianista Jelly Roll Morton y su harén, del trompetista Freddie Kepper y su obsesión con no grabar discos para que no copiasen su maña, de Waldo Davis y su cleptomanía y de, por supuesto, de Django Reinhardt y su vista perdida en el pasar de trenes esperando un día tocar en el regazo de la Luna.
Acordes y desacuerdos cerró muchas bocas, silenció a todos los que buscaron un resquicio diciendo prácticamente a mediados de los noventa que Woody Allen, ese que es lo suficientemente feo y bajito como para triunfar por si mismo, estaba acabado.
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Escrito por: Bitternut en Personal

Y me hablaste de soledad, en aquella barra rodeada de bullicio y de huellas húmedas de copas para el olvido; me hablaste de llegar a una casa, tu casa, a una habitación y contemplar siempre el mismo vacío, de dormir la misma noche de siempre, con pies fríos, subiendo la manta para taparte la cabeza e intentar cálidos sueños; y acurrucarte en el sofá con una televisión huera e imaginarte tu historia de amor que hasta en tu mente ya tiene un triste final.
Y pasa el tiempo y te vas acostumbrando, y vas sabiendo que estás inmersa en una cuenta atrás en la que en un momento cruzarás la frontera de la soledad absoluta, llegará el instante en que tu mundo se cierre en torno a tu mismo miedo y vagues de bar en bar, de noche en noche, buscando el remanso de tu piel, tras una simple caricia que te haga olvidar que al poco tiempo volverás a ese mundo vacío, desamparada, en donde tu lánguida mirada va tras cualquier sustancia que sirva para evadirse, para rebosar de esa voluptuosidad que tiempo atrás podías sentir con su contacto.
Y me hablaste de soledad en aquel bar rodeados por una muchedumbre que deambula, y me contaste lo duro que es sentirla un día tras otro y cómo dejan de importar los medios para engañarla unos segundos. Me hablaste de cómo te querías rodear de ti misma, abrazarte con tu propia vida para así dar la espalda a esa cama vacía, a ese salón en el que nunca nadie te espera.
Y pasa el tiempo y todo va empeorando, te vas encerrando en tu torre de marfil, donde nadie nunca alcanza, y nos miras desde la altura sin casi implicarte hasta que un día, sin darnos cuenta, caes en el olvido igual que nosotros y quedas sola, sola con tu soledad, sola en un mundo de hadas encerradas en una cárcel de amor, esperando que tu príncipe encantado acuda presto a tu rescate sin tener en cuenta que los cuentos no se cumplen, sin pensar que nadie va acudir porque nadie te recuerda, porque estás sola, como siempre dijiste, sola, como siempre soñaste.
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Escrito por: Bitternut en Personal

Breves momentos surgen en los que el tiempo detiene su pesado peregrinar suspendiendo su implacable destino, breves momentos en los que el dulce azul del viento se mece ante nuestros ojos.
Hay historias que detienen el tiempo, igual que amores que lo eternizan, que lo aprisionan en una alma de niño pequeño soñando en una habitación cualquiera con la mirada perdida en el blanco cisne del techo.
Sin embargo el cisne, al revés que en los cuentos, sin embargo el tiempo, al contrario que en los sueños, se convierte en el patito feo, se transforma en el hastío y la tragedia, en viento que galopa sobre colinas desiertas.
Apenas quedan recuerdos; intentas mecerte en el violento transcurrir de las horas buscando el hálito azul de la felicidad, intantando alcanzar ese blanco unicornio que cuidaba de ti en aquel mundo de monstruos imaginarios bajo la cama para que su magia te envuelva frente a las atrocidades del ahora. Ya es tarde, murió cuando te obligaron a dejar de soñar a pesar de que siempre dijiste que tú no, que siempre galoparías en él para enfrentarte al mundo. Ahora recuerdas cómo lo mataron, como lloraste al perder a quien dio su vida por ti y tú, impotente, sigues acurrucandote noche tras noche intentando traerlo a tu memoria, único lugar en el que puede sobrevivir. Pero es demasiado tarde, así que no puedes más que enterrarlo en algún paraíso por si alguien lo encuentra, por si alguien lo resucita y, quién sabe, quizá vuelva a ti.
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Por mi tan idolatrada ciencia infusa, no sé exactamente muy bien la razón (demasiadas copas), se inició una conversación en la que apareció a relucir el nombre de Ayrton Senna para poco después estar viendo el accidente.Uno, a pesar de su corta edad, todavía recuerda aquel momento eterno con los ojos desencajados en la que uno de tus ídolos, probablemente el mejor piloto de toda la historia del automovilismo, destroza su coche, su vida y las ilusiones en la curva de Tamburello del cirucito de San Marino. Senna sabía que algo iba a pasar, estuvo inquieto toda la mañana habiendo realizado incluso en los entrenamientos una vuelta más de la habitual porque presentía algo. Sin embargo, con el regusto amargo que anuncia la muerte, salió desde la pole y retó al viento cuando a casi trescientos kilómetros por hora el destino no quiso curvar.Ahora se ha puesto de moda la Fórmula 1 por Alonso pero ya no es lo que era. El espectáculo se ha aniquilado como en casi todo el resto de deportes. La prueba más palpable es la falta de violencia de los deportistas cuyo orgullo es comprado, pocas veces se presentan las ansias de ganar, el sentir un deporte, unos colores, una alma imbatible. Quizá, de los pocos que quedan que conserven el espectáculo es el motociclismo. Ver a Dani Pedrosa, la gran figura española, la esperanza de gloria de los tontos del culo, es lo que muestra cómo todavía quedan ganadores. No voy a poner en duda que es un gran piloto pero para ganar hay que poner a disposición la propia vida, como la pone Rossi en cada curva con una moto de juguete, como la arriesga Stoner. Es complicado cuando consideras que lo que pierdes al estrellarte es más importante que tu propio orgullo, que tu victoria, poner todas las cartas en la mesa. La casta, tan mentada por todos, prácticamente ni existe. El ciclismo se ha convertido en un deporte de yonkis. Recuerdo una frase “El ciclismo es duro, el ciclista frágil” intentando concinciar para que respetasen a los que practicábamos semejante tortura. Ahora sería mejor que les hiciesen la prueba de alcoholemia por si emulan a alguno de sus grandes. Ya no se sufre para ganar, se sufre para defraudar. Más rápido quiero llegar, más alto pretendo subir, más fuerte será la mierda que me meta. El espíritu del deporte siempre ha sido la superación personal, quién sabe si el problema es que ahora consiste en la superación comercial.
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Escrito por: Bitternut en Gentes
Después de no sé cuánto tiempo ha vuelto a saltar la noticia de los fenómenos paranormales de la Alfaguara, en el sanatorio para tuberculosos que está en esta sierra a la que se puede llegar desde Alfacar. Esta historia la escuché hace aproximadamente veinte años y ahora la sacan como si fuese la hostia. No puedo evitar que estas cosas me hagan gracia aunque por un lado las entiendo. Que publiquen esto como si el mundo fuese a pararse muestra que cada vez se tiene menos imaginación para escribir y que hay que rellenar páginas como sea. Uno tiene la suerte de, si no tiene nada que decir o no le da la gana, abstenerse de editar cualquier memez ya que con lo que cobra… No obstante, si hubiese tenido la obligación y me hubiesen dicho Oye, escribe la pollada más grande que se te ocurra, en lugar de irme a la Alfaguara para hablar de una muerta que no sabe estar quieta y le da por limpiar la casa, habría hecho algo más simple y más cercano: hablar de los fenómenos subnormales que nos rodean, porque eso sí que es paranormal y, además, mucho más fácil de contrastar. El aquí escribiente tiene la fortuna de padecer el contacto humano más de lo que cualquier sociedad civilizada recomienda, quizá por eso acuda al alcohol más de lo debido. Así encontramos varios tipos de “fenómenos”. Por un lado están los que comienzan cualquier tipo de comunicación con un Quillo, Jefe, Maestro o similar alocución que ya hace que te caiga como una patada en los mismísimos; caso extremo es el del especimen que tuvo la desgracia de tratar hace poco que se dirigen a uno con un Eeeh y poco después van rajando de la mala follá que tienes (cosas de la vida). También encontramos a los que no se enteran de nada y te hacen repetir todo aprovechando la amplitud de significados que tienen las complejas oraciones que utiliza uno. Así, si le informas de un dirección y le dices por ejemplo la tercera a la izquierda, como un resorte te responderán ¿Ésta de aquí? Poco después rajarán también de tu mala follá porque te has tomado la molestia de explicarles que no, que esa es la primera, que después va la segunda y luego la tercera, claro, a no ser que Barrio Sésamo mintiera. Los terceros son los llamados tocapelotas. Tomando el caso anterior, te repetirían tus palabras tres o cuatro veces por si no sabes distinguir muy bien lo que dices. ¿La tercera? ¿A la izquierda? ¿Tercera? ¿Ésta no, la otra tampoco, la tercera? para justo después irse en dirección contraria a preguntarle a alguien más. Estos también rajan de tu mala follá al comentarles que la próxima vez le pregunten a su puta madre. Hay muchos tipos más pero me gustaría destacar a uno especialmente. Son los que gracias a Dios no tengo el disgusto de escuchar pero sí la desgracia de leer. Este grupúsculo podría definirse por pedantorros vacuos, osease, mongos que maquillan un discurso vacío con un lenguaje petulante, que seguramente se mesarán la barba (o cualquier otra parte) mientras escriben o copian palabras de otros. Su escritorrea suele caracterizarse por estar llena de citas enmarcadas en un lenguaje forzado que trata de unir ideas varias y dispersas en una columna en la que no aportan más que refritos muchas veces sin sentido intentando introducir cualquier característica cultureta que les hayan enseñado pero que jamás han intentado valorar por sí mismos. Si tienen la desgracia de encontrarse a esta subespecie podrán comprobar que no suelen dar una opinión propia hasta que alguien ha dado la suya a la cual, por supuesto, se adhieren porque así se ven respaldados. Este, para mí, es de los peores grupos porque además de ser imbéciles creen que no lo parecen. Seguro que si buscan encuentran algún ejemplar.
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