Archivo de Enero 2008
El bochornoso espectáculo que nos ha ofrecido el Senado italiano no puede calificarse de otra manera que como vergonzoso; sin duda, la gran mayoría de los habitantes de este país, el cual pertenece al G8, deben tener ahora mismo la cabeza enterrada pensando cómo sus representantes han mostrado ser unos impresentables.
Justo en un momento en el que el bailoteo de la bolsa hacía no sólo necesario sino imprescindible que se preparasen medidas para poder solventar una crisis económica que podría ser aterradora, la política italiana daba muestras de su inestabilidad general y de su irresponsabilidad. Aunque haya ocurrido en Italia, no dudo de que hubiera podido ocurrir en cualquier otro lugar, aunque la verdad sea dicha, ellos tienen demasiadas papeletas para que esto siga igual.
La ley electoral permite que determinados grupos puedan tener representación con tan solo un 2% de los votos, lo cual provoca que haya un mosaico esperpéntico para dirigir el país. En una sociedad ideal, en la que hasta el ser humano mereciera algo la pena, sin duda la diversidad de ideas y la riqueza de puntos de vista sería beneficiosa para cualquiera, pero teniendo en cuenta que eso no ocurre, que las ansias de poder son el pan nuestro de cada día, esta situación se repetirá.
Prodi llevaba veinte meses al frente del ejecutivo, tiempo durante el cual se ha tenido que someter a más de treinta votaciones de confianza, síntoma inequívoco de que la estabilidad política no es lo que prevalece por aquellos lares. Ahora se marcha al no superar una de ellas, una en la cual todo el mundo ha podido presenciar uno de los espectáculos más humillantes para un pueblo que hay. Ahora está al mando Giorgio Napolitano, el cual tendrá que decidir si adelanta elecciones o intenta crear un casi “gobierno de emergencia”. Probablemente la tarea más importante que tenga que atacar es la de reformar la ley electoral para intentar conseguir un sistema en el que cada cual tenga la representación que el pueblo con su voto le otorga aunque no lo va a tener nada fáci, especialmente porque un tal Berlusconi está frotándose las manos ya que todo apunta a que vuelve a tener bastantes posibilidades de volver por sus fueros.
¿Qué ocurrirá cuando a diversos partidos les digan que tienen que renunciar a sus facilidades de acceso, más teniendo en cuenta que algunos no son muy centristas que digamos? Por desgracia, en la mayoría de las ocasiones, ni tan siquiera cada pueblo tiene el gobierno que merece. Cualquier italiano con dos dedos de luces estará sonrojado y preocupado porque lo que les está pasando tiene visos de no ser algo pasajero y de, como no se detengan a pensar, desencadenar una serie de problemas que pueden llevar a cualquier sitio.
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Para sorpresa de todos, los analistas políticos han acertado sobre el resultado de las elecciones cubanas. La verdad es que se han tenido que sentir un poco idiotas al ser preguntados. ¿Cual va a ser el resultado? Usted que cojones cree. Además, en el colmo del cachondeo, María Esther Reus no tiene otra cosa que decir que “ha sido un éxito”. Pues sí, desde luego para ellos es un éxito, un triunfo que compartirán con ese pueblo cubano que ha acudido masiva y voluntariamente, como siempre durante los últimos treinta años, a las urnas (la participación, sin ser el voto “obligatorio”, ha continuado superando el 95%). No he tenido la habilidad suficiente para encontrar los datos que reflejen la media que tarda un cubano en votar, sin duda será mucho tiempo pues decidir entre tantas papeletas tiene que ser un verdadero engorro.
La oposición no ha conseguido esta vez tampoco salir elegida, algo bastante extraño, más teniendo en cuenta que ni tiene representación. No obstante, como bien nos dice el régimen, ha sido una victoria de la democracia… de su democracia.
Ahora sólo nos queda esperar al 24 de Febrero, día en el que se elegirá al presidente del Consejo de Estado. Esta elección sí es importante porque será un reflejo del estado de salud de Fidel Castro quien quizá, tras cincuenta años, “abandone” el poder. En caso de que esto ocurra, su hermano Raúl es el mejor posicionado pero, con un poquito de suerte, vaya siendo un avance para que verdaderamente llegue a Cuba la democracia.
No obstante, siendo sinceros, no creo que vayamos a ver eso ninguno de nosotros. No veo ninguna probabilidad de que, en el caso de que hubiera un cambio, haya un periodo de estabilidad suficiente como para que la libertad arraigue, más teniendo en cuenta que los primeros años serían bastante duros.
Que Cuba tenga futuro junto al mundo depende de la aparición milagrosa de alguien capaz de llevar a cabo una transición espectacular, de contener el poder militar y de conseguir hacer avanzar a la sociedad cubana hacia el mundo plural y moderno intentando no destruir los avances sociales que sí ha conseguido Fidel Castro.
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La noticia de la elección del llamado “Papa Negro” ha sido tratada por todos los informativos, en los cuales una de las palabras más repetidas ha sido “sorpresa”. Y es que no es para menos.
Con la llegada de Benedicto XVI, la Iglesia dio un paso atrás en esa cercanía con el pueblo, al que tantas disculpas le debe. Las últimas manifestaciones aquí en España, hechas con todo derecho, han mostrado el ala más ultraconservadora, semejante a su gran guía. No cabe duda de que ahora mismo prevalece el “ala dura” del catolicismo, lo que está provocando reacciones hostiles no sólo de los pertenecientes a esta religión sino también de los que, sin ser partícipes de ella, generalmente han mostrado el mayor de los respetos.
Los jesuitas normalmente han sido una compañía que no ha casado muy bien con el Vaticano. No hay que remontarse a los tiempos en los que fueron expulsados de España sino que basta con observar que seis de las últimas sanciones en los últimos años se las han llevado ellos (de un total de diez).
La Compañía de Jesús, fundada por Ignacio de Loyola en 1534, cuenta de nuevo con su “Papa” español, tras los pasos de, además de San Ignacio, Diego Laínez, Francisco de Borja, Tirso González de Santalla, Luis Martín y Pedro Arrupe. Ahora, un discípulo de este último, comanda a los más de diecinueve mil jesuitas repartidos por el mundo, Adolfo Nicolás.
La elección creo demuestra y va a acentuar una división. Los últimos veinticuatro años el prepósito ha sido el holandés Peter Hans Kolvenbach, nombrado quizá con la finalidad de mantener una buena relación con el Vaticano, algo que consiguió. De hecho fue el mismo Juan Pablo II quien lo colocó ahí, sabedor de la importancia que esta orden tiene en el mundo. Ahora, tal vez debido a la radicalización del camino que está tomando la Santa Sede, se ha elegido a un progresista. ¿Sorpresa? Si bien en el periodo de “murmuraciones” ya se hablaba de él -de hecho también fue uno de los posibles sucesores de Arrupe-, no hay que olvidar que uno de los requisitos para la elección a este cargo es no superar los sesenta y cinco años; Adolfo Nicolás tiene setenta y uno. La sorpresa es mediana porque sin duda se ha buscado elegir a alguien que, aunque su mandato sea más corto, esté plenamente capacitado para enfrentarse a estos nuevos tiempos, incluido al “poder central” si es necesario.
Veremos cómo se van desarrollando los hechos pero no hay que descartar que se produzca una importantísima división entre ambos “dirigentes” ya que hay determinados temas en los que no va a haber acuerdo, es prácticamente imposible.
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Hoy, para Semanario de una motocicleta, le ha tocado el turno a Huétor Santillán. Como siempre, en el momento de salir, no tenía muy claro mi destino porque está relativamente bastante cerca de una de las rutas que más me gusta hacer en moto y que quizá, si mi gripazo galopante me lo permite, haga mañana.
No sé si lo estarán preguntando pero, por si acaso, les diré que hoy no me ha parado la Guardia Civil, algo que he echado de menos. Tras una breve visita a Alfacar y Víznar, he tomado el camino equivocado y he vuelto de nuevo a Granada con una cara de gilipollas impresionante. Como el único camino que conozco para ir desde Víznar a Huétor Santillán es el de Puerto Lobo, que no sea autovía, se me ha ocurrido la brillante idea de preguntar a una amable señora que me ha indicado perfectamente pero que uno, al que de vez en cuando le faltan décimas, ha interpretado lo que le ha salido de los mismísimos y ha vuelto al origen (la parte en que se veía parte de Granada y he pensado ¡Coño, cómo ha crecido Huétor! me la salto porque es de idiotas redomados).
Esta vez, con cierta responsabilidad, he optado por tomar el camino más fácil y conocido, el que pasa por El Fargue y llega hasta el objetivo de hoy. Lo primero al llegar, en un alarde de esfuerzo físico, ha sido aparcar la moto en la Plaza de la Fortaleza, principio del pueblo, para adentrarme en sus calles a patita, algo que es usual y recomendable. Tras tomarme uno de los peores cafés que he probado en mi vida (al par del de Los Girasoles), he comenzado mi peregrinación por un lugar que me trae muy viejos y buenos recuerdos ya que hace aproximadamente veinticinco años solía ir por allí.
El primer paseíto me ha llevado hasta la calle Agua, bajando la cual se lleva al punto donde se unen el río Carchite con el Darro. Puede que debido al una insolación, al café o al monóxido de carbono que expira la moto, el mongo de mi ha optado por bajar andando para hacer una foto del lugar. Tras un trecho, recordando aquello de que todo lo que baja tiene que subir, he decidido darme la vuelta no sin antes obtener una foto del lugar…, bueno, de las cercanías del lugar.Durante la vuelta, además de ver un par de sherpas, me he desecho de la nicotina de, por lo menos, mis diez últimos cigarros. Teniendo en cuenta el precio del tabaco y de que no hay que desperdiciar nada, al terminar la escalada al Himalaya, con los pulmones bien abiertos y una tos griposa, me he fumado un par de ellos para compensar.
Sudando como un pollo he terminado de cumplir con mi visita, haciendo un par de fotos aquí, otra allá, y tomando el camino de vuelta. Casualidades de la vida, llegando me he encontrado con el barrio del Albayzín, uno por el que tengo una pequeña devoción, y me he sentido en la obligación de tomarme una cerveza. Como el Torcuato desde que hizo sus remodelaciones ya no me gusta, he elegido la Plaza Aliatar porque hacía mucho que no iba. Menos mal que iba solo porque se me estaba calentando el hocico y no me he parado excesivamente, sólo lo justo para que no me dé tiempo a escribir lo de Huétor Santillán, solo el Anecdotario, así que queda probablemente para esta tarde. Quién sabe; si mañana me voy no sé si a Pradonegro o a Beas (o a culquier otro sitio) igual se me juntan.
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No recuerdo ningún momento político tan sumamente asqueroso como el que estamos viviendo ahora. No lo digo por el varapalo que se ha llevado Gallardón, sino porque si por una lado sólo encontramos incompetentes, por el otro tan solo hay más de lo mismo.
Durante bastante tiempo mi conciencia ha estado barajando la posibilidad de renunciar a ciertos ideales. Uno, más o menos, tiene algunas ideas muy claras y sabe que lo más probable es que en toda su vida nunca vote al Partido Popular. Sin embargo, en el momento en el que empezó a correr el rumor de que Gallardón podía presentarse, algunos nos replanteamos tal hecho.
La izquierda perdió el norte hace ya demasiado y se ha convertido en una “talentosa” inutilidad que ha entrado en un juego que no debería pertenecer a su ideología aunque sí al mundo moderno. Siento una enorme vergüenza cuando Zapatero sale colgándose medallas porque la economía va muy bien y seguirá así, algo que relativamente no dudo. No solo hemos crecido sino que, según todos los indicios, vamos a seguir haciéndolo por encima de la media europeo, lo cual no es moco de pavo. Así lo dice también la gran mayoría de los economistas europeos, excepto el PP, claro, que ha hecho del catastrofismo, la demagogia y la estupidez supina sus valores a seguir. Comprendo que vivimos en un nuevo tipo de economía, en una globalización bestial, pero sigo sin comprender cómo un dirigente de un partido supuestamente de izquierdas se da palmaditas cuando la realidad es que cada vez hay más diferencias entre ricos y pobres; la mejora de la política económica beneficia a los mismos mientras que la clase media ahora es media-baja y la baja es bajísima. Según los datos, la vida desde que entró el euro ha subido un sesenta por ciento, nada más y nada menos. Si ustedes conocen a alguien cuyo sueldo haya subido aunque sea la mitad, díganmelo para proponer que se le ponga su nombre a una calle. Las familias no es que tengan cada vez más problemas para llegar a fin de mes sino que cada vez tienen muchas más dificultades para pagar sus deudas y, como es lógico, un día todo explotará y no habrá dinero. No vamos a entrar ya en los “mileuristas” generalmente explotados en sus trabajos y que tienen que tragar con todo porque si no se quedan en la calle,
Pero volvamos a Gallardón que era el tema del que quería hablar. Rajoy ha dado muestras de que no quiere ser presidente del gobierno, de que él está ahí por obligación pero que salir elegido sería una pesadilla para él; es la única respuesta lógica que encuentro. La llamada al voto, especialmente por parte del PSOE ya que le beneficia, va a ser inútil; creo sinceramente que van a ser las elecciones con menor índice de participación de la historia. El PP lleva toda su época actual de oposición divagando, crispando los ánimos y diciendo una sarta de estupideces terrible. El ala dura del partido se ha mostrado una y otra vez aunque, eso sí, sin terminar de expresar toda su radicalidad. La cabeza visible, Rajoy, ha quedado como un deficiente mental y va a provocar que, más que posiblemente, casi ningún moderado del PP acuda a votar este año, más después de hacer que desaparezca su mejor político. Porque nadie con dos dedos de luces, pertenezca a la ideología que pertenezca, puede dudar de que el señor Gallardón es todo un caballero, algo que en política se ha perdido, con unas ideas lúcidas, abierto a opiniones diferentes y con una política que toma lo que cree mejor para todos, sea considerado de izquierdas o de derechas. De hecho, alguna de sus líneas es más de izquierdas que la que hace el PSOE, aunque claro, llamar izquierdas al PSOE es demasiado. Gallardón representa el centro, tan perseguido por unos y por otros.
Gallardón no ha entrado en el juego sucio al que nos tienen acostumbrados el resto de políticos y ha sido engullido por él. Ahora anuncia que tras las elecciones se larga y espero que sea fichado pronto. La verdad es que no sé si sigue existiendo el CDS o el UCD o como se llame, pero deberían estar atentos porque no es que crea sino que sé que como se presente a unas elecciones generales bajo otras siglas que no sean las del PP va a arrasar y eso es probablemente lo que necesite este país, que se abandone el bipartidismo y haya un tercero en discordia porque, sin duda, entre Rajoy o Zapatero, muchos vamos a elegir quedarnos en casa.
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Lo cierto es que no sé hasta cuando estará abierto y actualizándose el blog de Semanario de una motocicleta; tampoco sé en qué degenerará. El caso es que para la primera entrada, hoy Domingo he salido. Tras darle vueltas, ayer por la noche decidí el lugar a donde ir (noche, madrugada, qué más da): uno de los símbolos de Granada, por lo que cada lugar se enorgullece, es el agua, así que nada mejor para comenzar que hacer una visita a Lanjarón. Esta mañana, forrado de ropa, descartando dejarme los pantalones de un pijama debajo de los vaqueros, me he puesto en camino. Visitar la zona de la Alpujarra granadina en invierno y en moto no es muy recomendable, la próxima vez me llevo unos calzoncillos de cuello vuelto. En un alarde de idiotez supina, he echado a la mochila, además de los pertinentes papeles de la moto y la cámara, una botella de plástico para llenarla en alguna de las fuentes milagrosas que hay allí pero el hombre propone y Dios dispone.
Y Dios ha dispuesto que por el camino vea un cartel que rezaba “Carretera de montaña” por lo que el hombre, en este caso, se ha propuesto desviarse un poco… un poco bastante. La visita alpujarreña tendrá que ser otro día.
El periplo ha sido bastante entretenido; ha habido ocasión para todo (cabrearme, cabrearme más, cabrearme mucho más). La ventaja de tomar carreteras es que uno tiene la suerte de poder disfrutar de paisajes y de rincones los cuales se mantienen escurridizos a ls autovías, sin embargo, si por una lado conducir por lugares de constantes curvas es más divertido, por otro el casi no poder apartar la mirada de la carretera te impide poder disfrutarlos, más teniendo en cuenta la manada de gilipollas que circulan por los caminos del señor (del señor Chaves en este caso). Desde aquí le mando un saludo al cabrón del coche que me ha adelantado en una de las curvas y a su puta madre si es que la ha conocido ya.
No sé si alguna vez lo habré comentado pero bueno. Hace ya unos años, cuando uno era aficionadillo al ciclismo, se intentó concienciar a los conductores de que respetaran a los que iban en bicicleta. Siempre recordaré la frase que uno llevaba puesta: “El ciclismo es duro, el ciclista frágil. Respétanos.” El tiempo modifica prácticamente todo y ahora, subnormales aparte, más o menos se toman precauciones cuando se encuentra a alguien dando pedales. No obstante, el que ha estado a punto de tirarlos por un barranco he sido yo porque jode bastante que pasen de ser las víctimas a los amos. Eso de circular por su derecha ha pasado a mejor vida (por supuesto sólo me refiero a algunos, sólo al noventa por ciento de los que me he encontrado hoy) pero como vamos sobrados además estamos mientras de cháchara con los compañeros. Mientras un coche pasa de cien a veinte en menos de un segundo porque hay un ciclista delante, otro me adelanta a mi en una curva ciega a ciento veinte (la señal ponía treinta pero es que se le debía haber caído un uno -bueno, yo tampoco iba a treinta precisamente-). Menos mal que en esa curva no había hielo ni aceite porque si no se habrían quedado sin esta entrada.
La verdad es que por ese tipo de lugares se conduce bastante bien y es divertido, más cuando los demás no son mongólicos. Aparte de los ciclistas, es una ruta bastante transitada por motos (quizá por el morbo de los quitamiedos metálicos -no sé por qué se llaman así cuando uno prefiere caerse por el balate que chocar contra semejante engendro-), eso sí, que circulan el línea, no en grupitos como otros. Tampoco vamos a engañar a nadie, el número de salvajes es considerable, más después de que con el carné de conducir un tontito en cuatro ruedas pueda convertirse en un tontito sobre dos y, si tiene pasta, sobre dos muy gordas pero sin tener zorra idea de conducir una moto.
Volviendo al tema de carreteras y autovías, una de las desventajas de ls primeras es la situación estratégica de sus gasolineras. Cuando digo estratégica me refiero me refiero militarmente porque no hay dios que sepa dónde están. No suelo ser muy clasista, mientras ha estado abierto he ido a comprar a “Ca´Juan”, una tienda de comestibles (y cervecillas) cerca de mi casa; eso no quita que, sinceramente, me toque un poquito la polla repostar en una gasolinera que se llame “Ca´Pepe”(o algo por el estilo). ¡Coño!, ponle Balentín Pérez que, con suerte, alguien la confunde con la BP, pero ¿Ca´Pepe? Claro, eso significa que la Eurosúper 98 no ha llegado todavía, sólo la 97, y, como la moto es tan delicada como el dueño para beber y todavía no estaba en reserva, hemos decidido esperar a la siguiente la cual hemos localizado justo detrás de a tomar por culo. Esta vez sí en reserva (se me olvidaba que la moto se parece al dueño no sólo en la delicadeza sino en la cantidad de bebida que traga) hemos parado bastante agobiadillos ya. De la primera gasolinera a esta segunda había un buen trecho, tan grande como el rato que yo llevaba pensando que me quedaba tirado por ahí. Ya me veía llamando por teléfono (todavía no me había dado cuenta de que el móvil estaba sin batería, probablemente también sin cobertura) “Oye, vente a buscarme. ¿Dónde estás? ¿Te acuerdas del anuncio ese del coche que te llevaba al fin del mundo?. Sí. Pues lo dejé atrás hacia media hora”. Menos mal que había aparecido un señor (gracias que hablaba español porque si me dice algo en portugués me acojono) que me indicó que a unos dos kilómetros había una gasolinera. Reconozco que soy un poco hijoputilla pero como conozco el sistema de medición andalúz lo primero que hice fue mirar el cuentakilómetros. Si un andalúz te dice que algo está a dos kilómetros en una carretera, échale mínimo diez; exageramos todo excepto las distancias, que nunca se sabe; bueno, casi todos los andaluces, porque éste lo clavó. Sólo tuvo un pero y es que le pregunté por una gasolinera y llamar a eso gasolinera es muchísimo. Vamos, que si al salir el tío de su chiringo me pregunta que si soy forastero me voy de allí cagando leches. Pero no, no preguntó nada, sólo señaló el lugar donde tenía que repostar. “¡Pero si esa es 95! Sí, es que no hay de otra”… Querida moto, como supongo que te levantarás con resaca, quiero pedirte por escrito perdón, no olvides que fue la necesidad”.
Había llegado el momento de poner fin a la excursión que ya era tarde, eran las… (el momento en el que me di cuenta que el móvil estaba sin batería). Por lo menos con la gasolina me aseguraba no tener que preguntar a qué hora salía el siguiente tren hacia Granada (…el tren lleva diez años sin parar aquí, forastero… -tengo que dejar de ver películas-).
A pesar de todo, el viajecito me ha servido para algo porque he aprendido dos cosas nuevas, ambas volviendo. La primera es que es cierto eso de que todos los caminos conducen a Roma, lo malo es que vayas a Granada. En caso de que funcione también para Granada, aunque todos te lleven, normalmente es mejor el que conoces. Cuando es tu cabeza aparezca la pregunta ¿Se llegará por aquí también? la respuesta es sí, pero más tarde y dando una vuelta de dos pares de cojones. Además, todavía no entiendo muy bien la finalidad de las señales, no sé si es para recordarle al que sabe el camino cómo ir o partirse la caja con el que no tiene ni idea. Si pones una flecha que señala recto es conveniente cambiarla cuando haya dejado de existir ese camino a no ser que en los muros haya una puerta invisible hacia otra dimensión, una puerta que te teletransporte.
Lo segundo que he aprendido es que uno nunca está solo. Es bonito saberlo. No importa que estés en el culo del mundo porque siempre, aunque no lo creas, estará allí la Guardia Civil para pedirte los papeles.
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