No recuerdo ningún momento político tan sumamente asqueroso como el que estamos viviendo ahora. No lo digo por el varapalo que se ha llevado Gallardón, sino porque si por una lado sólo encontramos incompetentes, por el otro tan solo hay más de lo mismo.
Durante bastante tiempo mi conciencia ha estado barajando la posibilidad de renunciar a ciertos ideales. Uno, más o menos, tiene algunas ideas muy claras y sabe que lo más probable es que en toda su vida nunca vote al Partido Popular. Sin embargo, en el momento en el que empezó a correr el rumor de que Gallardón podía presentarse, algunos nos replanteamos tal hecho.
La izquierda perdió el norte hace ya demasiado y se ha convertido en una “talentosa” inutilidad que ha entrado en un juego que no debería pertenecer a su ideología aunque sí al mundo moderno. Siento una enorme vergüenza cuando Zapatero sale colgándose medallas porque la economía va muy bien y seguirá así, algo que relativamente no dudo. No solo hemos crecido sino que, según todos los indicios, vamos a seguir haciéndolo por encima de la media europeo, lo cual no es moco de pavo. Así lo dice también la gran mayoría de los economistas europeos, excepto el PP, claro, que ha hecho del catastrofismo, la demagogia y la estupidez supina sus valores a seguir. Comprendo que vivimos en un nuevo tipo de economía, en una globalización bestial, pero sigo sin comprender cómo un dirigente de un partido supuestamente de izquierdas se da palmaditas cuando la realidad es que cada vez hay más diferencias entre ricos y pobres; la mejora de la política económica beneficia a los mismos mientras que la clase media ahora es media-baja y la baja es bajísima. Según los datos, la vida desde que entró el euro ha subido un sesenta por ciento, nada más y nada menos. Si ustedes conocen a alguien cuyo sueldo haya subido aunque sea la mitad, díganmelo para proponer que se le ponga su nombre a una calle. Las familias no es que tengan cada vez más problemas para llegar a fin de mes sino que cada vez tienen muchas más dificultades para pagar sus deudas y, como es lógico, un día todo explotará y no habrá dinero. No vamos a entrar ya en los “mileuristas” generalmente explotados en sus trabajos y que tienen que tragar con todo porque si no se quedan en la calle,
Pero volvamos a Gallardón que era el tema del que quería hablar. Rajoy ha dado muestras de que no quiere ser presidente del gobierno, de que él está ahí por obligación pero que salir elegido sería una pesadilla para él; es la única respuesta lógica que encuentro. La llamada al voto, especialmente por parte del PSOE ya que le beneficia, va a ser inútil; creo sinceramente que van a ser las elecciones con menor índice de participación de la historia. El PP lleva toda su época actual de oposición divagando, crispando los ánimos y diciendo una sarta de estupideces terrible. El ala dura del partido se ha mostrado una y otra vez aunque, eso sí, sin terminar de expresar toda su radicalidad. La cabeza visible, Rajoy, ha quedado como un deficiente mental y va a provocar que, más que posiblemente, casi ningún moderado del PP acuda a votar este año, más después de hacer que desaparezca su mejor político. Porque nadie con dos dedos de luces, pertenezca a la ideología que pertenezca, puede dudar de que el señor Gallardón es todo un caballero, algo que en política se ha perdido, con unas ideas lúcidas, abierto a opiniones diferentes y con una política que toma lo que cree mejor para todos, sea considerado de izquierdas o de derechas. De hecho, alguna de sus líneas es más de izquierdas que la que hace el PSOE, aunque claro, llamar izquierdas al PSOE es demasiado. Gallardón representa el centro, tan perseguido por unos y por otros.
Gallardón no ha entrado en el juego sucio al que nos tienen acostumbrados el resto de políticos y ha sido engullido por él. Ahora anuncia que tras las elecciones se larga y espero que sea fichado pronto. La verdad es que no sé si sigue existiendo el CDS o el UCD o como se llame, pero deberían estar atentos porque no es que crea sino que sé que como se presente a unas elecciones generales bajo otras siglas que no sean las del PP va a arrasar y eso es probablemente lo que necesite este país, que se abandone el bipartidismo y haya un tercero en discordia porque, sin duda, entre Rajoy o Zapatero, muchos vamos a elegir quedarnos en casa.





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