Sueño a veces que me pierdo en mundos extraños, que viajo por aquellos mares en donde el horizonte es inalcanzable. Tal vez por eso siempre me gustaba lo inalcanzable, porque es lo que te permite soñar. Cuando sabes lo que hay más allá este juego pierdo parte de su sentido. Ganes o pierdas el resultado tal vez sea el mismo, tal vez ya no merezca la pena luchar. Eso lo sé desde hace muchos años, mejor lo supongo, y la partida ha dejado de tener sentido, ha dejado de tener gracia para convertirse en una horrible pesadilla.
El hombre necesita las quimeras para ahogar sus llantos, necesita saber, hacer, luchar e intentar vencer, pero la batalla ya está perdida y, sinceramente, nunca me ha gustado participar si no puedo intentar vencer. El espectáculo debe continuar, como diría mi adorado Mercury, pero no cuenten conmigo.
Mis lides ya han tenido lugar y no volveré a desenvainar mi espada, no volveré a galopar sobre mi caballo, tan rápido como el viento, para enfrentarme a nada ni a nadie. Mi tiempo pasó, mis fuerzas se agotaron, mi voluntad se ha visto sometida, subyugada, por la experiencia, esa que me ha dicho que ya no merece la pena derramar mi sangre, esa que me ha comentado que las tormentas llegan y se van, esa que me ha mostrado que, un día más, sólo voy a escuchar el eco de mi voz.
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Archivo de 8 Mayo 2008 |
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