Por mi tan idolatrada ciencia infusa, no sé exactamente muy bien la razón (demasiadas copas), se inició una conversación en la que apareció a relucir el nombre de Ayrton Senna para poco después estar viendo el accidente.Uno, a pesar de su corta edad, todavía recuerda aquel momento eterno con los ojos desencajados en la que uno de tus ídolos, probablemente el mejor piloto de toda la historia del automovilismo, destroza su coche, su vida y las ilusiones en la curva de Tamburello del cirucito de San Marino. Senna sabía que algo iba a pasar, estuvo inquieto toda la mañana habiendo realizado incluso en los entrenamientos una vuelta más de la habitual porque presentía algo. Sin embargo, con el regusto amargo que anuncia la muerte, salió desde la pole y retó al viento cuando a casi trescientos kilómetros por hora el destino no quiso curvar.Ahora se ha puesto de moda la Fórmula 1 por Alonso pero ya no es lo que era. El espectáculo se ha aniquilado como en casi todo el resto de deportes. La prueba más palpable es la falta de violencia de los deportistas cuyo orgullo es comprado, pocas veces se presentan las ansias de ganar, el sentir un deporte, unos colores, una alma imbatible. Quizá, de los pocos que quedan que conserven el espectáculo es el motociclismo. Ver a Dani Pedrosa, la gran figura española, la esperanza de gloria de los tontos del culo, es lo que muestra cómo todavía quedan ganadores. No voy a poner en duda que es un gran piloto pero para ganar hay que poner a disposición la propia vida, como la pone Rossi en cada curva con una moto de juguete, como la arriesga Stoner. Es complicado cuando consideras que lo que pierdes al estrellarte es más importante que tu propio orgullo, que tu victoria, poner todas las cartas en la mesa. La casta, tan mentada por todos, prácticamente ni existe. El ciclismo se ha convertido en un deporte de yonkis. Recuerdo una frase “El ciclismo es duro, el ciclista frágil” intentando concinciar para que respetasen a los que practicábamos semejante tortura. Ahora sería mejor que les hiciesen la prueba de alcoholemia por si emulan a alguno de sus grandes. Ya no se sufre para ganar, se sufre para defraudar. Más rápido quiero llegar, más alto pretendo subir, más fuerte será la mierda que me meta. El espíritu del deporte siempre ha sido la superación personal, quién sabe si el problema es que ahora consiste en la superación comercial.





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