Archivo de la Categoría “Gentes”
Escrito por: Bitternut en Gentes
Es curioso cómo la gente habla muchas veces por la sencilla razón de escuchar su propia voz, por irrumpir en ese silencio que consideran atroz para el transcurrir normalizado de su espíritu sociable, sin darse apenas cuenta de que en multitud de ocasiones el silencio es lo adecuado. Las conversaciones se llenan con silencios, en la vida se buscan los silencios, el yo necesita el silencio; sin embargo muchos parecen negarse a dejarte disfrutar de tal estado y hacen que sus estridentes palabras resuenen en el vacío de cualquier lugar. Debe haber alguna ley no escrita en la que se regule que siempre hay que decir algo, que no importa que tus necedades sean incluso molestas al oído de tus no contertulios, de lo que se trata es de que tu voz se alce con sus miserias e idioteces para rellenar un mundo en el que existe la norma estúpida de que si no tienes nada que decir, no hables, en un universo en el que si el silencio es más bello que tus palabras, no lo rompas y disfruta.
En multitud de ocasiones envidio a la gente que veo tomarse una simple cerveza en torno a una mesa, siempre pienso que yo, que en ese momento no puedo, en cuanto tenga tiempo voy a hacerlo; no obstante, cuando llega la ocasión, nunca puedo ensalzar esos breves instantes porque mi grado de satisfacción no llega al imaginado. Hoy, por fin, me he dado cuenta de cuál es el problema: las palabras vacuas. La gente se encuentra en la necesidad de hablar, creen que su obligación es cubrir esos momentos con sus palabras hueras, se sienten violentos por el simple hecho de que si no hay nada que decir, es mejor callar, otra forma de hablar, y no rasgar una situación que para otros es agradable.
Igual ocurre cuando cuentas algo que te ha ocurrido, algún problema del trabajo o similar; la necesidad de opinar es tan alarmantemente superior al hecho de sólo escuchar que prácticamente todos te dan su opinión, su punto de vista, sobre algo que no les importa lo más mínimo. Aparentemente es incomprensible que alguien necesite que le escuchen, no que le aconsejen ni que les comente, sólo sentirse comprendidos. Es como si, cuando te comunican algo, necesitases ponerte en un plano superior, en un nivel de consejero que nadie te ha otorgado, mientras piensas joder, lo mío sí es grave, lo mío sí son problemas, no los de éste, para siempre soltar una parrafada en plan místico y sobrado, como una demostración de que uno sí conoce el mundo y no el subnormal ahogado por sus penas que no nos ha pedido consejo sino que simplemente necesita desahogarse.
Muy parecido es el caso de las discusiones, cuando se habla de algo y una voz responde dando una opinión llena de desconocimiento como queriendo demostrar que es un ser pensante sin tener en cuenta que el hablar sin saber contradice ese tipo de ser. Hay una necesidad extrema de hacerse notar, de dar una imagen de lo que uno cree de si mismo, vacilando entre el mundo de la sociabilidad y el de la incoherencia e inoportunidad.
De todas maneras, para mí, las peores son las palabras que quieren enaltecernos, las que apuntan hacia un estado de abstracción sublime que creemos nos transportan a un mundo intelectual, a una transmigración de sonidos guturales que intentamos aparenten ser muestras de nuestra entelequia por la sencilla razón de que lo incomprensible, lo superfluamente culto o las referencias aristotélicas y demás (como diría un escritor que conozco que no escribe) nos confieren cierto grado de superioridad.
Sé que el alma bella murió hace ya demasiado tiempo, sé que a todos se nos valora por lo que aparentamos, nunca por lo que somos, sé que yo nunca despertaré admiración en la gente que me conoce pero me niego a moldear las palabras sencillas, me niego a no dejar transcurrir los silencios hermosos, me niego a desgarrar unos breves instantes si no es con unas palabras bellas.
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Escrito por: Bitternut en Cine, Gentes
“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”
Julius Henry Marx, Groucho –Art Fisher decía que hablaba emitiendo gruñidos-, nos dejaba un diecinueve de Agosto de 1977, con ochenta y seis años, un bigote con un puro atado, unas gafas y un extraño caminar, en Los Ángeles. Su vida fue tan caótica como podría parecer a simple vista. Proveniente de una familia de emigrantes, de origen muy humilde –cambiaban a menudo de residencia porque “mudarse resulta más barato que pagar las deudas”-, exprimió el jugo a cada segundo de su vida.
Hace poco tuve la suerte de disfrutar de alguna película de los Hermanos Marx con alguien que todavía no había visto ninguna. La sorpresa fue tan grande como la irrupción en su momento de estos hermanos en el cine del momento. En torno a los 30, cuando todavía la comedia no tiene un trato estable del cine, aparecen estos cuatro músicos-cómicos y terminan por poner todo patas arriba. Lo absurdo prevalece junto con una inocecncia que impensablemente todavía hoy nos hace sonreir. Frases como “O se ha muerto usted o mi reloj se ha parado”, “Nunca olvido una cara pero, en su caso, estaré encantado de hacer una excepción” o “¿A quién va usted a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?” son perlas que nos ha ido dejando y que una y otra vez seguirán haciéndonos reir.
La falta de confianza en su sociedad y en el mismo ser humano aparecen una y otra vez; multitud de citas siguen circulando hoy en día (“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” o “Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto, preguntárselo, y si responde que sí sabes que es un corrupto”) aunque también la acidez fue una de sus costumbres (“Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera vírgen” o “Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho a mi favor” o mi favorita, “Bebo para hacer interesante a las demás personas”).
Tras la segunda guerra mundial, las películas de los hermanos Marx cayeron un poco en el olvido pero Groucho siguió participando en unas pocas, escribiendo libros e interviniendo en algunos programas radiofónicos y televisivos.
Una de las partes contratantes nos abandonó a medias, no porque como Elvis siga pululando por ahí sino porque siempre nos quedará su cine, sus puntillas, sus genialidades y sus excentricidades; siempre nos quedará Groucho.
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Noche ya cerrada, carretera casi desierta. A las tres y media de la mañana, la suave brisa veraniega rozaba nuestro paso por la poco transitada Carretera de Atarfe. Tras un concierto de Jazz Latino y unas cervezas, nuestros cuerpos iban a recogerse, por supuesto cada uno a su casa, cuando unos amables señores de verde nos invitaron a que encaminásemos nuestra moto hacia un lado. Buenas noches, dijo mientras en su cerebro se repetía una voz de soy un cabrón deseando putear a alguien. Eran buenas hasta que tú has aparecido y me vas a joder –pensé, gracias a Dios solo pensé. Sople. Mierda.
Los adeptos a la ciencia infusa tenemos cierta ventaja con respecto al resto de la humanidad. Quizá por eso, por una vez en mi vida, antes de salir me entretuve en buscar los papeles de la moto que, si bien no los encontré, apilé muchos para desesperar al que me los pidiese. Entre ellos tuve la suerte de encontrar el seguro pero sin el justificante de pago. Gotardo, imprímeme esto que yo no tengo tinta en la impresora. Menos mal.
Da usted positivo. Este tío es tonto, eso te lo había dicho antes de meterme el tubito ese en la boca.
Como los entes de verde se aburren decidieron hacernos esperar quince minutos más para que pudiese, con todos mis pulmones llenos de nicotina, alquitrán y resto de mierdas que se meten en eso denominado cigarrillo, soplar dos veces más. Sigue dando positivo, va bajando pero da. Lo voy a tener que denunciar. Que te jodan hijo de la gran puta; ¿lo haces tú solo? ¿ya sabes escribir? Jódete que es el día que menos borracho voy.
La verdad es que la Guardia Civil nunca me ha caido mal, ni siquiera después de que me hayan jodido con trescientos euros de multa y cuatro puntos perdidos del carnet, no de sutura en el culo que poco ha faltado. De hecho me parece cojonudo que vayan multando a los irresponsables que, como yo, beben cuando conducen. Sin embargo hay cosas que no me han quedado muy claras. Por ejemplo, los dos niñatos en una scooter, uno de ellos sin casco, ¿por qué se fueron sin multa? ¿es que sólo nos empaquetan a los que no llevamos navajas en los bolsillos ni vivimos en chabolas o tenemos pinta de chorizos de mierda? Como los que somos normales no tenemos suficiente con que nos puteen los trabajos un tanto por ciento de disminuidos, otro de mujeres y otro de inmigrantes.. Ah, no. Si ha sacado mejor nota pero es que la igualdad es la igualdad; ese mierda tiene las mismas oportunidades que usted y aunque sea analfabeto, medio gilipollas y lleve el dedo en el culo en lugar de en la nariz porque no sabe, tenemos que cubrir un tanto por ciento. De puta madre.
Tampoco sé dónde fueron a parar las dos gordas inmensas que llevaban el coche rozando el suelo. Esas ni soplaron ¿por qué? ¿porque tenían que haberse bebido el Tamesis para que se notara en los ríos de sangre que deben llevar esos cuerpos el alcohol? Señor guardia, es que somos gordas y no nos aceptamos, bebemos para olvidarnos (y por las tapas). Además, somos famosas, el National Geograpgic nos ha hecho un contrato como especie en peligro de explotar. Nada señoras (soy solo una) sigan y que tengan buenas noches y sueñen con chorizos y con el gilipollas aquel al que estamos multando. De cojones.
No obstante, lo que más me jode y que demuestra que hay hijos de puta por todos lados es la parte casi final. Aquí tiene su denuncia ¿Quiere firmar? Sí, tocapelotas, por gilipollas y por haber puesto Rechazada en el lugar de mi firma. Subnormal, ¿no ves que casi toda mi familia es de guardias civiles y sé que esto lo pago o me dan por todos lados? Pues puede usted seguir. Ahí lo llevas campeón. ¿O sea que supuestamente estoy tajado y me dejas seguir? Vamos a ver, si estoy pelotazo inmovilízame la moto pero si estás viendo que he dado positivo por poco y que voy bien para seguir conduciendo, ¿para qué pollas me multas? Hay que ser cabrón, pero mucho más para seguirnos con el coche y volver a pararnos porque al cabrón se le ha olvidado apuntar el número de la matrícula.
Eso sí, no vuelvo a beber cuando coja la moto (no me lo creo ni yo) pero hay que ser inepto para dejar a un delincuente, a un borracho, seguir conduciendo y poner en peligro la vida de los demás. Lo peor es que el Buda cobraba siete euros por entrar y no pude beberme una copa a tu salud pero que sepas, señor agente, que no te olvidaré en mis oraciones.
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Escrito por: Bitternut en Gentes
Después de no sé cuánto tiempo ha vuelto a saltar la noticia de los fenómenos paranormales de la Alfaguara, en el sanatorio para tuberculosos que está en esta sierra a la que se puede llegar desde Alfacar. Esta historia la escuché hace aproximadamente veinte años y ahora la sacan como si fuese la hostia. No puedo evitar que estas cosas me hagan gracia aunque por un lado las entiendo. Que publiquen esto como si el mundo fuese a pararse muestra que cada vez se tiene menos imaginación para escribir y que hay que rellenar páginas como sea. Uno tiene la suerte de, si no tiene nada que decir o no le da la gana, abstenerse de editar cualquier memez ya que con lo que cobra… No obstante, si hubiese tenido la obligación y me hubiesen dicho Oye, escribe la pollada más grande que se te ocurra, en lugar de irme a la Alfaguara para hablar de una muerta que no sabe estar quieta y le da por limpiar la casa, habría hecho algo más simple y más cercano: hablar de los fenómenos subnormales que nos rodean, porque eso sí que es paranormal y, además, mucho más fácil de contrastar. El aquí escribiente tiene la fortuna de padecer el contacto humano más de lo que cualquier sociedad civilizada recomienda, quizá por eso acuda al alcohol más de lo debido. Así encontramos varios tipos de “fenómenos”. Por un lado están los que comienzan cualquier tipo de comunicación con un Quillo, Jefe, Maestro o similar alocución que ya hace que te caiga como una patada en los mismísimos; caso extremo es el del especimen que tuvo la desgracia de tratar hace poco que se dirigen a uno con un Eeeh y poco después van rajando de la mala follá que tienes (cosas de la vida). También encontramos a los que no se enteran de nada y te hacen repetir todo aprovechando la amplitud de significados que tienen las complejas oraciones que utiliza uno. Así, si le informas de un dirección y le dices por ejemplo la tercera a la izquierda, como un resorte te responderán ¿Ésta de aquí? Poco después rajarán también de tu mala follá porque te has tomado la molestia de explicarles que no, que esa es la primera, que después va la segunda y luego la tercera, claro, a no ser que Barrio Sésamo mintiera. Los terceros son los llamados tocapelotas. Tomando el caso anterior, te repetirían tus palabras tres o cuatro veces por si no sabes distinguir muy bien lo que dices. ¿La tercera? ¿A la izquierda? ¿Tercera? ¿Ésta no, la otra tampoco, la tercera? para justo después irse en dirección contraria a preguntarle a alguien más. Estos también rajan de tu mala follá al comentarles que la próxima vez le pregunten a su puta madre. Hay muchos tipos más pero me gustaría destacar a uno especialmente. Son los que gracias a Dios no tengo el disgusto de escuchar pero sí la desgracia de leer. Este grupúsculo podría definirse por pedantorros vacuos, osease, mongos que maquillan un discurso vacío con un lenguaje petulante, que seguramente se mesarán la barba (o cualquier otra parte) mientras escriben o copian palabras de otros. Su escritorrea suele caracterizarse por estar llena de citas enmarcadas en un lenguaje forzado que trata de unir ideas varias y dispersas en una columna en la que no aportan más que refritos muchas veces sin sentido intentando introducir cualquier característica cultureta que les hayan enseñado pero que jamás han intentado valorar por sí mismos. Si tienen la desgracia de encontrarse a esta subespecie podrán comprobar que no suelen dar una opinión propia hasta que alguien ha dado la suya a la cual, por supuesto, se adhieren porque así se ven respaldados. Este, para mí, es de los peores grupos porque además de ser imbéciles creen que no lo parecen. Seguro que si buscan encuentran algún ejemplar.
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Escrito por: Bitternut en Gentes
Coincidiendo con el día del orgullo gay, en un río de Rusia, o de por ahí, cuyo nombre no me acuerdo porque no hago autodefinidos, unas mentes preclaras han organizado una especie de corpus christi para purificar las aguas del río ya que habían pasado por allí una panda de maricones. Este tipo de informaciones nos da esperanzas a muchos ya que nos hace pensar que todavía existen entes con capacidad de raciocinio, no obstante seguimos bastante preocupados ya que la información era bastante escasa. Así, me asaltan varias dudas que no se aclaraban en el artículo. ¿Hace cuánto pasó esa escoria? Porque, claro, si habían pasado poco rato antes, la enfermedad podría cortarse a tiempo y en breves años no quedase rastro de esta subespecie, primando sólo los viacrucienses y su inteligencia supina pero, ¿y si pasaron horas? Es más que probable que los pobres pescadores de la zona se queden sin trabajo y tengan que emigrar debido a que, aún en un breve espacio de tiempo, la enfermedad de la homosexualidad se habrá transmitido a toda la fauna y flora marina; por eso las pezas ya no tendrán peces, a no ser por inseminación artificial, dejaremos de tener cojones de esturión para tener huevas (este síntoma se dio hace tiempo), no habrá truchas -los besugos permanecen-, ni tiburones ni ballenas ni ningún tipo de pescado que habite normalmente en un río -gambas sí, esas siempre han sido raritas-; luego viene el problema de la flora, dejará de haber algas y demás hierbajos que haya por esos fondos, ni margaritas ni rosas, quizá ni siquiera los capullos (en este caso no me refiero a los de la barca). El problema podría agravarse aún más si el escape del líquido elemento ha llegado a su desembocadura, conviertiendo en floripondios a todos aquellos cercanos a su curso, y una vez en el magno océano extender la desdicha cual plaga, castigo de Dios, por todo lo ancho y alto de este mundo. Quién sabe si dentro de unos años no viviremos en un mundo donde los gatos no son pardos sino color canela muy monos ellos, quién sabe si no veremos a dos hombres o dos mujeres cogiditos de la mano, qué temor el que llegue un momento en que cada uno elija con quién pretende ser feliz, sería horrible pensar que puedas tener algún amigo al que le gusta la carne en lugar del pescado, una verdadera pesadilla un mundo que aceptase lo que es diferente a uno. Menos mal que con el cambio climático todo se va a desertificar y esa agua tal vez no llegue muy lejos porque si alguna vez pasase todo esto seguro que habrían pensado que tendrían que haber hundido la barca con toda esa manta de gilipollas dentro.
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