Cortometraje de Charlot y el fuego (1914)
Todos los artistas llegan a los estudios Keystone, al plató donde se está rodando una película. Es un mundo de bellas mujeres en el que Charlot tiene el paso vedado y sólo su ingenio le permitirá entrar a ese paraíso en el que ya estaba consagrándose. La cámara se acerca más que nunca anteriormente al cómico aprovechando y explotando sus muecas y gestos. Tras evitar al portero, acude a la pronta salvación de una mujer agredida, buen corazón, al latido de los reproches del director y compañía cuya grabación se ha visto truncada. ¿Cómo escapar? Desenfundando al más puro estilo Clint Eastwood, encendiendo un cigarro por medio de uno de los disparos, y caminando, con sus típicos pasos, amparado por el humo dejado. Pero éste no proviene del pitillo solamente sino que se ha prendido fuego; llegan los bomberos y comienzan su trabajo pero una nueva riña nos lleva a Chaplin de nuevo intentando ayudar a su amor del momento y a los bomberos encañonando la manguera para finalizar el corto con un primer plano de medio cuerpo de Chaplin echando agua por la boca mientras su cara no deja de bailar y su corazón abandona el latido amoroso.





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