En una entrevista concedida a la agencia EFE, el hispanista Ian Gibson ha proclamado su amor y su sorpresa hacia el gran cineasta Luis Buñel del que destaca su ternura escondida tras esos músculos de los que siempre hacía gala; se ve que también debía esconderla tras las palizas que, por diversión, le daba a los maricones y en las que muchas veces estaba presente Lorca pero claro, cómo iba a saber eso Gibson de la vida del poeta granadino.
Ahora este señorito andaluz nacido en Irlanda, ser por el que siento una ciega devoción como muchos de ustedes sabrán, quiere completar una especie de trilogía tras biografiar a García Lorca y a Dalí, no sabemos muy bien si se dedicará a intentar sacar todos los trapos sucios o sólo algunos aunque debería desenterrar a alguno para ver qué tal sigue.
Para esta investigación el pobre hombre se va a ver obligado a viajar a Méjico, Nueva York y París en un intento de localizar a quienes trabajaron con don Luis, inconvenientes de la vida. Espero que en Méjico le vaya muy bien ya que ese tipo de sociedad es la que creo a él le va más y, supongo, será donde más tiempo pase; seguro que esa estancia es muy fructífera, especialmente en lo que más le interesa.
Entre sus múltiples y repugnantes declaraciones, quisiera destacar una en la que dice que este país no ha desarrollado en demasiadas ocasiones el tema de las biografías porque no teníamos un duro y, pobres de nosotros, tenemos la fea costumbre de romper la correspondencia de los muertos cuando tratan de temas íntimos para que no caiga en manos de ningún hijo de puta desaprensivo, lo cual dificulta el trabajo (una pena).
Al leer esto me he acordado de una pequeña anécdota que escuché de Antonio Machado. Creo que fue por medio de un alumno por el que le llegó un texto inédito de Gustavo Adolfo Bécquer; el revuelo era notable debido a que este tipo de cosas no suelen ocurrir frecuentemente. Tras leerlo, Machado, ante la cara espantada del alumno, lo hizo mil pedazos (el número puede no ser exacto) y dijo que si Bécquer no lo había querido publicar por algo sería.
Este irlandés no tiene por costumbre respetar nada de nada si eso equivale a dinero y algunos estamos bastante hartos de que siga explotando sus gilipolleces que nos costó leernos durante la carrera poemas pésimos de Lorca y dentro de poco tomar sopa con alguno de sus huesos. Que uno sea escritor no significa que su vida esté en venta ni que deje de tener derecho a la intimidad y privacidad; que uno tenga un precio demasiado bajo no implic a que otros lo tengan. Así que, señor Gibson, intente recuperar la dignidad que alguna vez tuvo y trabájese bien lo de Buñuel porque, aunque sea lo último que haga, como encuentre errores en su libro, en caso de que dentro de esos tres años que dice aproximadamente tardará todavía siga estando esta revista, lo voy a machacar.
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