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“Estos son mis principios. Si no le gustan tengo otros”

Julius Henry Marx, Groucho –Art Fisher decía que hablaba emitiendo gruñidos-, nos dejaba un diecinueve de Agosto de 1977, con ochenta y seis años, un bigote con un puro atado, unas gafas y un extraño caminar, en Los Ángeles. Su vida fue tan caótica como podría parecer a simple vista. Proveniente de una familia de emigrantes, de origen muy humilde –cambiaban a menudo de residencia porque “mudarse resulta más barato que pagar las deudas”-, exprimió el jugo a cada segundo de su vida.
Hace poco tuve la suerte de disfrutar de alguna película de los Hermanos Marx con alguien que todavía no había visto ninguna. La sorpresa fue tan grande como la irrupción en su momento de estos hermanos en el cine del momento. En torno a los 30, cuando todavía la comedia no tiene un trato estable del cine, aparecen estos cuatro músicos-cómicos y terminan por poner todo patas arriba. Lo absurdo prevalece junto con una inocecncia que impensablemente todavía hoy nos hace sonreir. Frases como “O se ha muerto usted o mi reloj se ha parado”, “Nunca olvido una cara pero, en su caso, estaré encantado de hacer una excepción” o “¿A quién va usted a creer? ¿A mí o a sus propios ojos?” son perlas que nos ha ido dejando y que una y otra vez seguirán haciéndonos reir.
La falta de confianza en su sociedad y en el mismo ser humano aparecen una y otra vez; multitud de citas siguen circulando hoy en día (“La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados” o “Sólo hay una forma de saber si un hombre es honesto, preguntárselo, y si responde que sí sabes que es un corrupto”) aunque también la acidez fue una de sus costumbres (“Soy tan viejo que recuerdo a Doris Day antes de que fuera vírgen” o “Es usted la mujer más bella que he visto en mi vida, lo cual no dice mucho a mi favor” o mi favorita, “Bebo para hacer interesante a las demás personas”).
Tras la segunda guerra mundial, las películas de los hermanos Marx cayeron un poco en el olvido pero Groucho siguió participando en unas pocas, escribiendo libros e interviniendo en algunos programas radiofónicos y televisivos.
Una de las partes contratantes nos abandonó a medias, no porque como Elvis siga pululando por ahí sino porque siempre nos quedará su cine, sus puntillas, sus genialidades y sus excentricidades; siempre nos quedará Groucho.

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