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Uno empieza a estar hasta los mismísimos huevos de escuchar (en este caso leer) tonterías (rebuznos) en tantas ocasiones. Mientras hoy perpetuaba una costumbre que adquirí hace tiempo como es la de comer, en uno de los informativos hablaban de un atentado con al menos doscienta cincuenta muertos pero que se esperaban muchos más, actos de kale borroka y un ajuste de cuentas –perdón, siempre hay que hablar de presunto o me denuncian- de la mafia italiana en Alemania.
Después de todos estos muertos la diosa Fortuna, no la del tabaco sino otra, nos regala una noticia en la que, entre otras cosas, nos comenta que “…el histórico dirigente de la izquierda abertzale Jose Luis Álvarez Emparanza “Txillardegi”, profirieron gritos en defensa de Euskal Herria y exigiendo “democracia” para el País Vasco, así como a favor de la ikurriña y contra la enseña española.”
Vamos por partes, alguien que se llama “Txillardegi” no puede hacer otra cosa que no sea proferir gritos, en otro caso se llamaría “Xuxurrandegi”, y por supuesto, siendo un histórico, probablemente diría gilipolleces, como es el caso.
Estas estupideces me llevan a la otra parte. ¿Cómo alguien puede ser tan sumamente imbécil de pedir democracia en una región en la que el fanatismo es suyo? ¿Cómo un dirigente de la izquierda que se denomina patriota, que ha asesinado, asesina y asesinará o no condena eso que a fin de cuentas es lo mismo pero más cobarde, puede hablar de democracia? ¿Cómo alguien puede tener la poca vergüenza de hablarnos de democracia? ¿Qué significa para él? ¿La ley del más cabrón?
Por si no lo sabe, uno de los valores más importantes en democracia es el de la libertad de expresión, que uno pueda decir lo que le venga en gana sin que su vida corra peligro, que uno pueda tender su uniforme de policía para que se seque sin tener que darle la vuelta, no tener problema ninguno en defender lo contrario que tú sin que por eso mi coche se encuentre con equipaje en los bajos, sin que tenga que ir por la calle mirando hacia atrás por si algún cabrón viene a por mí.
Ya lo dijo alguien, no estoy de acuerdo con usted pero mataría porque pueda decirlo; eso es democracia. Nunca he estado en contra de la violencia cuando es necesaria, cuando no hay otros cauces, pero ahora mismo aquí no se dan ni por asomo. Quizá en el único sitio sea precisamente en su País Vasco gracias a gente como él, a nazis que creen disfrazarse de demócratas y que, a fin de cuentas, son sólo la representación de un tipo de radicalismo, esos que hacen perder el juicio y la razón, esos que hacen que una raza se crea superior a otra, esa que pone cotos a su tierra y que a consta de cualquier cosa pretenden que se les considere diferentes.
Hay dos casos en los que nunca defenderé a los vascos; el primero es  cuando algunos hablan en su idioma habiendo más gente, siempre me ha parecido una falta de educación; el segundo cuando esos nacionalistas trasnochados quieran hacer suyo un concepto con respecto al cual representan lo contrario, hablan de democracia los violentos, los que pretenden imponer sus ideas, los que creen estar por encima del bien y el mal, los asesinos.

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