por Dianelkys Martínez

Autobienvenida: ¿Qué nos pasa cuando conocemos sin conocer?

¿Qué nos pasa cuando conocemos sin conocer?

Para Pablo, sin que Gotardo se enoje.   

Esta es la breve historia de un encuentro.

 Es una autobienvenida también.

Pablo es alguien a quien he conocido mágicamente. Yo creo en el destino pero dudo que él crea en esas cosas. Quizás para mí ha sido obra  de lo indescifrable, tal vez para él ha sido una simple impertinencia de una chiquilla caprichosa que intenta alcanzar un sueño. 

Pablo es un secreto para mí.  Una pregunta sin respuesta. Una invitación a lo prohibido, un pecado.  No sé su nombre real; no sé cómo son sus ojos ni su mirada, ni su boca, ni sus besos, ni sus manos, ni el calor de su tacto, ni sus piernas, ni las distancias que pueden recorrer; ni sus sueños, ni el alcance de sus ideas.

Pablo solo me ha dado la oportunidad de imaginarlo en una cena formal, elegante y sencilla, típica de su personalidad. He tenido sólo la posibilidad de imaginar las preguntas que le haría y las respuestas que daría (Pablo no contesta mis preguntas, solo lee lo que le cuento de mí) Solo he dibujado una sonrisa falsa en mi mente y la he puesto en una imagen falsa que he construido para mí, para que no me parezca distante, frío, aletargado…

Él es lacónico y escurridizo conmigo. Huye de mí como quien huye del fuego o de la letra escarlata. Será que tiene miedo de esta utopista, de esta defensora de la libertad, de esta joven que aprende a ser mujer y quiere volar cual mariposa en plena primavera.

Pablo no sabe qué nos pasa cuando conocemos sin conocer.

Cuando conocemos sin conocer el descanso muere. La paz se escurre. Las incógnitas toman vida. La curiosidad te mata. El deseo te obliga. El sueño prefiere los ojos abiertos. No importa si es real o irreal. No piensas si es locura o cordura.

Cuando conocemos sin conocer sencillamente comenzamos a conocer al otro yo que queremos ver en el otro. Por lo pronto me he aliado a la espera, la paciencia me aconseja desde hoy en que nos hablamos. No creo morir sin ver tu rostro, sin saber si adiviné los años de experiencia que ostentas, sin mostrarte como río plácidamente de tus chistes de hombre inteligente y solo.

No importa que ahora solo sea no disponible o que se enoje con la osadía de esta autobienvenida, no perderé la oportunidad de ser su amiga.

20 de November de 2007 - Publicado en Amistad |


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