Perspectiva desde acueducto (al atardecer, al amanecer y en contrapicado). Epílogo
Escrito por: Florie en ficción, universos oblicuosÁgata Constantina María Décimosegunda había comprobado al fin que la palabra tenía más de dos letras; pero sus ojos acuáticos y el nerviosismo de su pensamiento le impedían leer lo que había escrito, dejándola envuelta en una nebulosa de duda morfológica, de terror semántico, de incertidumbre psicosomática.
Primero leyó nopal y se imaginó viviendo en una planta de tres metros de altura, entre los pétalos carnosos y ovalados, y la luz desértica evaporando su cuerpo de agua. Después, se dijo que quizás el orden estaba equivocado, y que la llave de la palabra, o+n, quizás formaba ‘o+u’ de souvenir en lugar de ‘no’ de nostalgia. Después, imaginó que la palabra era anodadado, pero descartó esa opción. Navegando entre las letras, incapaz de racionalizarlas, se vio nordesteando hacia él, su destinatario, como la aguja de una brújula; de camino, viajando en una noria atípica que se saldría de su eje, llegaría a la noosfera donde diagnosticarían nosológicamente su liquidificación, y una vez hubiera recuperado su cuerpo sólido saltaría hasta nova, allá en algún rincón de la Vía Láctea, donde, nostálgica, recordaría el último novilunio que pasaron juntos, noctámbulos, escuchando nocturnos, tomando vino o hidromiel. No, se dijo, no ha dicho no, ni nomenclatura, ni novedad.
Entonces, recordó que era astrónomo, empezó a sentirse más lúcida, un rayo de sol extrañamente tangente iluminaba la palabra y pensó por fin Normandía, me escribe desde Normandía, está cazando meteoros, está esperando las lluvias de perseidas, la de táuridas, leónidas y sextántidas, y cuando llegue noviembre y no llueva más volverá; y para ella fue más que suficiente; regresó a casa, serena, esperanzada, caminando ligera en su nuevo cuerpo de agua, goteando por el camino, perdiendo algunos litros de cabello y una taza de brazo, y se sentó en su sofá esperando no ser demasiado absorbida por el relleno.
Entonces fue cuando se quedó dormida.
Al despertar su cuerpo volvía a ser de carne y hueso, con una cicatriz en el muslo derecho, con la médula ósea inflamada en la pierna izquierda, con el rostro ovalado como un reloj de péndulo; volvía a sentir sus latidos irregulares por la emoción, sus ojos humedecidos por la incertidumbre, la garganta llena de palabras. Llamaron a la puerta.
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2 Noviembre 2007 a las 12:04 pm
Nota: las lluvias de meteoros realmente cesan en noviembre…
Epílogo del epílogo:
El barco de papel seguía a la deriva, y la tinta oscilaba entre luchar y desvanecerse: cuando se entrometió en mis sandalias, bañadas por un día gris de playa, recogí el barco y leí la siguiente palabra: novela.
A muchos kilómetros, Ágata Constantina María exclamó ‘eso lo explica todo’.
Gracias a Paula por lo original de su aportación (souvenir), y gracias a Gotardo por su aportación clave (Normandía).
3 Noviembre 2007 a las 11:53 am
Gracias a ti por hacernos disfrutar tanto. Es sencillamente genial, comprobar que uno da para tanto en buenas manos.
Un beso