Viajes interestelares en tierra firme
Escrito por: Florie en fantasma luminoso, ficción, universos oblicuos, álbum“Las despedidas a veces siempre eran agridulces amargas. Agridulce es un eufemismo que la lengua ha creado para sobrevivir, de la misma manera que “Cuando la soledad de estos retiros/vengo a olvidar tu ausencia inolvidada” es una hipotiposis.
Se habÃan dicho un breve adiós, al que no le faltaban letras pero sà aire para que quedase pronunciado de verdad, y cuando se encaminó ciudad abajo sintió durante mucho tiempo cómo una mirada doraba su nuca en aquel mediodÃa de negra tormenta; pero no se giró. Con la ropa, los huesos, los órganos y la memoria empapados, llegó hasta el andén, que era un puerto, que era una quimera, porque no querÃa marcharse. El tren empezó a oscilar linealmente, a la velocidad de la luz, y se sintió súbitamente aislada de la esfera terrestre. Estaba ya demasiado lejos. Se asomó por la ventanilla, esperando ver algo que le dijese dónde se encontraba, temiendo leer Venus, Orión o Sidney, pero no, el primer cartel que pudo leer desde el tren decÃa Viena 12 kilómetros, y la distancia intangible inimaginable solamente le pareció inmensa. Cruzó los Balcanes, cruzó la estepa rusa, cruzó ciudades de hielo y las ciudades chinas adornadas de farolillos y cantos metálicos, cruzó el mar, el mar y el mar, y al fin el tren decidió que ya la habÃa dejado lo bastante lejos. Se apeó, con el cuerpo frágil y tambaleante de quien no se ha levantado del asiento durante dÃas, de quien es sólo un cuerpo cuya mente ha quedado muy lejos, de quien se ha alimentado de la estridencia vibración de las ruedas bajo el linóleo rojo del vagón, ruedas de herrumbre y de ausencia. Sintió que al menos habÃa llegado a un lugar soleado, porque un rayo cálido ondeaba en su nuca; se acarició la cabellera enredada y sintió una leve brisa, como una inspiración, como un murmullo. Entonces, por fin, se giró. Nunca supo si la habÃa seguido o si ella misma se habÃa alejado tanto que habÃa vuelto a un punto de partida, pero se encontraba en una calle desconocida, y allà estaba él”.

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26 Octubre 2007 a las 12:03 pm
Agridulce es una palabra que se ha inventado para dar besos de despedida -cosa que nunca deberÃa hacerse-.