No le cuento tanto mis penas como él a mí las suyas. Jacqueline no ha contestado a mi carta, me dice apenado. Espera, le digo, ten paciencia. Al final Jacqueline siempre contesta a sus cartas, a sus emails, a sus mensajes, y Jérôme regresa contento a la pantalla para contármelo.
No sé cuantos años hace que no nos vemos; quizás más de veinte. Compartimos a medias un recuerdo, las aulas de un colegio de jardín de infancia al que ninguno de los dos ha asistido realmente. Y cuando hace una pausa de contarme sus amores con Jacqueline, observa una similitud superficial entre nosotros, compara fechas de nacimiento, y me pregunta si estoy segura de que no somos hermanos.Yo te recuerdo del jardín de infancia, hablabas con frenillo, tenías la misma cara que ahora y jugábamos al escondite con toda la clase en el gran árbol, tus padres eran protestantes y tenías un hermano. No recuerda del todo, pero me pregunta en qué hospital he nacido. En el de Nois, ¿y tú?, yo en el de Enreyap, me contesta decepcionado; pero aún así, eres mi hermana pequeña, añade, lo sé, le digo, y acto seguido regresa a las lamentaciones por las cartas de Jacqueline: ten paciencia, estará ocupada, le aseguro, y en ese momento recibe un email confirmando que conservo cierto sentido común, porque tengo razón. ¿Lo ves? te lo dije, le regaño maternalmente, te preocupas demasiado, Jacqueline siempre te contesta. Sonreímos virtualmente, y entonces hablamos de recetas, porque si hay algo que me ata a mi tierra helvética, es el olor de la cocina materna elaborada con ruibarbo azucarado o beschamel especiada. Vainilla de postre, siempre.







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13 Noviembre 2007 a las 1:31 pm
“Conservo cierto sentido común, porque tengo razón”… o “tengo razón porque conservo cierto sentido común”. Es una diferencia interesante.
13 Noviembre 2007 a las 2:19 pm