Noche de Reyes
Escrito por: Florie en Celebraciones, Reyes Magos, caleidoscopio, deslumbramientos, memorias, relatos improvisados
Para los años cincuenta Luis era un niño corriente. Se levantaba algo antes de ir a clase para poder estudiar con la luz del día y a menudo regresaba a casa con las rodillas manchadas de tarde al aire libre. Jugaba con balones de cuero y juguetes metálicos, que cada invierno pedía en su carta a los Reyes Magos. Pero un año rechazó la oferta de piezas nuevas de Meccano y dejó de perder el tiempo soñando en vano con una bicicleta Orbea. Sólo unas monedas, pidió como un titiritero tiritando en la ciudad del invierno, bajo la nieve. Sólo unas monedas, ¿para qué?, es un secreto. Algunos pensaron que quería ser un cuarto Rey Mago para sus hermanas, para la pequeña sobre todo, que estaba enferma; otros pensaron que quería un ramo de claveles para su compañera de pupitre; algunos llegaron a pensar en un tirachinas o algún otro objeto prohibido. Sin embargo la respuesta era mucho más banal.
Guardó su secreto todo el mes de diciembre; pero el día 4 de enero, ante la amenaza impaciente de los adultos te traerán carbón y nada más, confesó con el rencor de quien se traiciona a sí mismo: con las monedas quería comprarme una linterna; quiero jugar con la luz.
El 6 de enero, después del chocolate, desenvolvió un juego de piezas de Mecanno …y nada más. Al año siguiente, Luis pidió otra vez la linterna, alegando esta vez que el recuerdo de Drácula (1931) que había visto pocos meses antes desde un balcón que daba al cine de verano, no le dejaba dormir: los dientes blancos que imaginaba en la oscuridad, la capa colgando de la puerta o las manos trepando al fondo de la cama, la sombra, en definitiva, del temible Bela Lugosi. Fue obsequiado con una linterna.
Por la noche, esperó que apagaran las luces concentrándose en la linterna que descansaría por poco tiempo debajo de su almohada. Al fin se hizo la oscuridad y entonces un cerco lunar y dorado atravesó la habitación de Luis, acarició los muebles, pobló la colcha de universos luminosos en miniatura. Contará años más tarde, perdido en la emoción del pasado, que aquella luz compensaba el malestar del silencio súbito, en una casa que crepitaba todo el día de fuego y voces. La luz sonaba suavemente en medio de la oscuridad, cara a cara con el silencio; aunque lo que realmente buscaba en la linterna, era la posibilidad de crear, en un lugar donde solamente la imaginación tenía sentido: allí las formas de la habitación a oscuras adquirían nuevos significados y las piezas de Meccano de otros años cobraban vida en inauditas arquitecturas.








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