Últimamente hace un par de días me encuentro constantemente envuelta en situaciones que escapan a mi control racional. No hablo de querer dominar una situación o tener el control, nada más lejos de eso. Me refiero a esas conversaciones, situaciones y casualidades, que se manifiestan de manera imprevista y se desbordan por sí solas, mientras tú te mantienes silencioso e inmóvil y ves como todo gira hacia un lugar agridulce, hacia la metamorfosis, para bien, o en otros casos directamente hacia el desastre, sin que tengas tiempo de hacer o deshacer nada, ni para bien ni para mal. Es estar congelado en un instante en que la nada engendra maravillas o monstruos.
¿De qué manera una palabra amable se ha convertido en una burla? ¿Cómo un enemigo potencial me ha rozado suavemente una herida que me cruza la cara? ¿De qué manera la criatura que no hacía más que preguntar acerca de literatura y lengua ha llegado por fin a ser quien contesta a las preguntas? ¿Cómo el hablarle a alguien de mis horarios imposibles puede acabar en lágrimas? ¿Por qué poner una isla en una bandeja para luego marcharse a otro lugar? ¿Cómo la falta literal de tiempo puede convertir los días en noches y las noches en días? ¿Cómo puede estar el calendario en números rojos cuando me desperté una mañana de febrero y tenía meses por delante? ¿Cómo puede ser que el mito de los sueños premonitorios se cumpla hasta lo imposible?
¿Por qué Kafka sólo habla en sus cartas de sus propias cartas? : metadiscurso infinito cercano a la angustia teñida de pánico ácido e indisoluble. Después de la situación que te atrapa como una enredadera y te asfixia, regresas a casa, o sales al mundo, con la sensación de que el tiempo y el espacio se tambalean. Te preguntas realmente si estás despierto. Te preguntas si existes.
Tener la verdad sobre las cosas no es suficiente; resta saber si algunas verdades se pudieran haber evitado antes de que lo llegaran a ser. Ser. Ser o no ser. El único consuelo, Dios escribe recto con renglones torcidos.
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Archivo de la Categoría “cuaderno de bitácora”La primera imagen es un oso blanco bañándose en la bañera; sobre la porcelana amarillenta una rosa de tinta china se deshace en riachuelos de tinta que mi pluma ya está lamiendo con ansia de escribir. Este tiempo cabizbajo de nubes agridulces, el calor de las mañanas, el frío del amanecer transplantado al tedio de la noche que no acaba de caer, que no acaba de detenerse en el filo de la almohada. Me preguntan por ‘Franz mi prometido’, una palabra que debería ser erradicada, dicen, y les cuento que Kafka y yo somos muy felices: leo su correspondencia y él sólo duerme, ha decidido dejar de hablar para que yo tenga menos que leer ahora. Mientras, el futurismo llama a la puerta en pos de un no que llevo escrito en la cara. Alguien dijo algo de beberse una sonrisa, y alguien dijo que con la cabellera revuelta sobre la mochila cubierta de pasionarias blancas parezco al menos diez años más joven: yo que era el mito del eterno reterno, ahora he de parecer joven… Este silencio en la habitación aún… Este silencio en la habitación es el solsticio de mi mente, pero todavía te echa en falta, a ti. Hablando de otra cosa, recibo cartas. De pronto el universo está cerca, me encuentro con viejas glorias, viejos libros, me reencuentro con Paolo y Paola, veinteañeros, intelectuales, de cabellos plateados. Conozco desconocidos. Olvidados. Conversaciones literalmente matemáticas, calendarios imposibles, propósitos ajenos absurdos que me hacen sonreír, de cara a la luz filtrada por cristales sucios, en el autobús. Me encuentran, por casualidad. Saludo, serena. Sigo mi camino lentamente de regreso a casa. Nubes sacudiendo su tristeza en espiral. La lluvia húmeda enmarcando mi memoria como una pesada cortina de teatro abandonado. Un viejo vestido sin estrenar.
21
04
2008
Procella estEscrito por: Florie en cuaderno de bitácora, linterna trágica, música clásicaNada que decir, salvo que, dicen, las niñas grandes no pueden permitirse una lágrima. Que esperar fumando vaho de primera hora al pie de un monumento hace que te encuentres de bruces con japoneses armados de cámaras digitales. Que saldré de fondo de pantalla en sus fotografías improvisadas y apresuradas, como la minúscula sombra vestida de negro, que esperaba por vocación, porque el domingo la ciudad está quieta como en las postales que la retratan. Este frío me abraza como un abrazo. Ce froid m’étreint comme dans un écrain. I, I can stand under my umbrella.
08
04
2008
Bitácora página 8.4.Escrito por: Florie en Diario, cuaderno de bitácora, descripciones, entelequias, geografía domésticaNo sé dónde he oído últimamente eso de tengo tanto frío y tanta hambre que podría llorar: el cuerpo y el clima moldeando las emociones. Hay estados anímicos que no pueden ser nombrados con los términos consensuados tradicionales, por ejemplo, el Adagio de Albinoni no es una pieza de música clásica sino un estado de ánimo dispuesto en otro formato, al igual que el preludio a las Suite de Bach.
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03
2008
Cuaderno de bitácora página 20.3.Escrito por: Florie en antes de dormir, cuaderno de bitácora, memoria recienteSueño entre las irregularidades del cardiograma. Es la hora de dejar entrar a Morfeo hasta lo más profundo. Después de un día que ha amanecido de noche, en que la lluvia licuó, brillante, el sol de la mañana y la tarde se deshizo en susurros en mi oído: Franz Kafka contándome historias inverosímiles.
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02
2008
Cuaderno de bitácora 28.2Escrito por: Florie en Diario, cuaderno de bitácora, universos oblicuosAún sin estar existiendo -de hecho mientras duermo, en alguna parte del mundo, alguien está escribiendo sobre mi irrealidad- , envuelta en mi edredón dorado de polvo de estrellas como en una crisálida, la ciudad me despierta, con cánticos fúnebres de ambulancia y coche de bomberos, que hoy en lugar de seguir la cronología espacial por la que han nacido, dan vueltas y más vueltas, mórbidos e inconscientes; al otro lado de las sirenas, suena desde una habitación ajena una canción que me grita what’s the use of your pain, y más tarde, en la duermevela, la música cambia y acaba recordándote al hablar de un hotel en California. La música de la memoria ha empezado a sonar en todos los refugios, los cafés protegidos por el vaho en sus ventanales, los grandes almacenes enemistados consigo mismos a fuerza de almacenar repetitivamente el mismo objeto a lo largo de inhóspitas avenidas, los parques, las aceras y los paisajes. La ciudad me despierta al mismo tiempo que a las cenicientas urbanas, a las doce en punto, justo a la hora que pedí desde mi sueño y mi cuerpo sin costuras. A medianoche volveré a dormirme brazos de Morfeo; allí te siento a veces, a veces veo otras vidas, y siempre me evado en algún andén luminoso. Entretanto, pueden recoger en consigna mi zapato de cristal; pero cuidado con los cristales rotos. Al cabo de cuatro días dejé de llorar físicamente. Me desperté sola en mi habitación, un silencio terrible se cernía sobre mí, pero en aquel momento estaba tan vacía que la luz me atravesaba y me hacía temblar de frío y calor. Me acordé de aquella profesora que decía que las esculturas estaban hechas de huecos y vacíos, y de lo estúpido que me pareció entonces; y aquella mañana, diez años después de aquella clase de historia del arte impartida un jueves de febrero -la memoria de Funes (¿to?), Borges, no me habría torturado más que la mía propia-, yo era una escultura hecha de huecos, yo era el beso de Rodin pero sin beso: un nuevo alter ego mirando al vacío, en proceso de reconstrucción. Cerrado por obras, modelando universos nuevos con la arcilla blanca del dolor emocional. Es curioso como el mundo intenta, aunque no lo logre, reequilibrar las cosas, como si aquello del yin y el yang fuese cierto. Unas semanas antes, J. me había dicho, precisamente la noche antes de una de mis primeras caídas hacia la verdad de las cosas, que no sabía cómo decírmelo…, ni siquiera por messenger, decía; y yo, como por mi parte me había declarado, un cinco de julio, a otro hombre pero también por messenger -no fue tanto por cobardía como por falta de voz; la emoción nunca antes había sido tan intensa-, entendí cual iba a ser su dolor al ver mi no impreso en la pantalla. La letra, con sangre entra. Hace tan sólo unos días lo vi sumergido en lágrimas, y llegó a decirme que lloraba porque le dolía mi dolor aunque fuese ajeno a él mismo. Entretanto A. reapareció en mi círculo social diciéndome que en aquella época -hará algo más de un lustro- mi piel era rosa como mi jersey, que aún parecía una diosa olímpica (ay) y que nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos (Neruda -Es mi favorito.-Ya lo sé.). Pero, continuó, ya sabes que tú eras mi Florie (no, no lo sabía), tu eras la chica con la que me hubiera gustado llevar una relacion intensa, prolongada de amor. ¿Lo nuestro qué fue?, me preguntó después de un silencio. No lo sé, dije, dímelo tú. Me contestó literalmente que habíamos sido dos hojas al viento que el otoño había unido; y probablemente aquel verso improvisado era lo que mejor definía el recuerdo de nuestro amor truncado por nosotros mismos, por nuestra torpeza y excesiva juventud, años atrás. Después vino la gran caída: el enfrentamiento cara a cara con la verdad. Al cabo de cuatro días dejé de llorar físicamente. Me desperté sola en mi habitación, un silencio terrible se cernía sobre mí, pero en aquel momento estaba tan vacía que la luz me atravesaba y me hacía temblar de frío y de calor. Coincidió que él se marchó unos días. Alternativamente, me encerré al aire libre y huí en los libros, con todo el dolor del rechazo quemándome la piel y, en contraste, el estupor de aquella acumulación de declaraciones de amor burbujeando en alguna parte de mi cabeza; pasaron unos días hasta que él regresara y, sin decir una palabra, me enviara una fotografía: una imagen que lo retrataba, con una sonrisa seria, aparentemente triste, seguramente tímida y concentrada en el objetivo de la cámara, inclinándose hacia un lado de aquella manera tan suya, delante de una estatua que se me antojó con nombre de beso, esculpida por un hombre que, aunque él no lo sepa, nos une en un recuerdo, o incluso varios. Siempre regresan estas esculturas, cada tanto tiempo, marcando mi trayectoria; frente a aquella instantánea de su Historia personal, incapaz de adivinar sus pensamientos, lo miré rodeado de esos inmensos labios como en un sueño; una voz habló en mi cabeza a pesar del dolor, a pesar del desengaño, a pesar de saberlo en otros brazos, una voz en mi mente susurró te quiero. Yo que por circunstancias de la vida y de la muerte soy absolutamente abstemia, me veo afectada por el delirium tremens sin haber bebido una gota. La expresión, de contenido trágico y sonoridad entre fuerte y delicada, es tan bella que podría morirme; pero la estética del lenguaje ya no me alcanza; estoy tendida en el sofá rosa, escuchando cómo el portátil emite leves quejidos, crujidos como de puerta entreabierta al azar de una corriente de aire y, paralizada, tengo las manos cruzadas sobre el corazón, el corazón cruzando arritmias oblicuas y la mente dejando desfilar pasajes vírgenes del pasado reciente con un sonido de cinematógrafo; las paredes se ciernen sobre mí como un sobre en una carta, y soy una carta muda, inmóvil, inquieta. La impaciencia se arremolina en mi pecho como una corriente acuática. Me inunda, me transporta, pero me inmoviliza. Aún así, aunque la cura al dolor de la ausencia está a dos teclas de aquí, he de ser un poco más esa carta muda, porque de abrirme a la palabra no sabría qué decir; en realidad, no sabría cómo decirlo. Mientras tanto, aprehendo la sensación de síndrome de abstinencia metafórico, o incluso psicosomático, abstinencia alegorizada hasta el infinito; alguna vez me dijo que echar de menos dolía; y tenía razón.
11
02
2008
Cuaderno de bitácora página 11.2Escrito por: Florie en Diario, cuaderno de bitácora, universos oblicuosLunes por la mañana, emprendo el camino de la eterna escalera hasta la entrada tapiada por complicadas obras arquitectónicas. Me deslizo en mis zapatos, me agacho entre los obstáculos y la casa me empuja hacia fuera, a plena luz, una luz extraña y subliminalmente intensa, como de otoño; la calle está desierta; mis pasos caminan sin eco, solos, y una parte de mí se ha quedado tendida en mi habitación, con un libro inclinado sobre el rostro ebrio de sueño o de insomnio.
15
01
2008
Cuaderno de bitácora, página 14.1.Escrito por: Florie en China, Diario, cuaderno de bitácora, deslumbramientos
Rasgó mi sueño en dos mitades recortadas con precisión y exactitud, y me desperté. Me levanté, muda, absolutamente afectada de sordera en mi nebulosa de edredón imaginario y oscuridad onírica. Caminé unos metros, y entonces las gotas de lluvia que habían caído desde hacía al menos dos horas, sonaron todas de golpe en mi cabeza, como un huracán de agua sumergido en lo más profundo de una geografía más real que mi propio cuerpo. Llueve. Pero mi consciencia seguía empantanada en el mundo oceánico del sueño, mi memoria y capacidad de reacción repartidas entre varios alter egos; la infancia reminiscente, madrugadora y lúcida, me hizo volver a relacionar la lluvia con el fuego, es decir, el mal tiempo con los accidentes, empujada por el vago y lejano recuerdo de una tragedia familiar enterrada pero dolorosa. Así que regresé al cálido abrazo del edredón y me sumergí en un sueño tan profundo que en algún pasaje de mi Odisea navegada entre sueños, llegué a pensar que había cruzado el límite entre la realidad y el sueño y que no despertaría . Dormí en una hora todas las horas que no he dormido el resto de mi vida; toda mi vida, que pasó aparentemente, ante mis ojos cerrados, mientras las ondulaciones biológicas y vibrantes del sueño atravesaban mis venas, tensaban mis músculos y regeneraban mi organismo hasta dejarlo exhausto de descanso: desperté. Seguía lloviendo pero, con el alma de nuevo bien cosida al cuerpo -no seré la primera, cuando incluso a Peter Pan se le descosía de vez en cuando-, me vestí con árboles y ropas azules y crucé la calle hasta llegar a alguno de los caminos ascendentes que atravieso con el frío nevoso de la mañana, y que más tarde volveré a bajar, con las mejillas ardiendo de lluvia e imaginando que mi paraguas es una sombrilla china. |
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