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Cuaderno. Fuente: Wikipedia

Caer en el vórtice de la memoria ajena es un viaje en el tiempo con todas las de la ley; he caído en un instante del pasado, sin necesidad de utilizar la máquina de H.G.Wells, que de todas formas aún no sé utilizar, ni la máquina de Wolf, que descansa en un rincón de mi biblioteca. Aquella tarde estaban nostálgicas; de hecho, hacía tiempo de nostalgia, un frío azul invadía la entrada con viento ácido y azúcar glass; hacía un tiempo trágico que se disfrazaba de tarde corriente.

Cuando la nostalgia de quince años de trabajo en equipo hubo inundado sus ojos y sus mejillas, sacaron los álbumes; y yo echaba un ojo por encima de sus hombros, sonriendo con sus anécdotas magnimizadas por el recuerdo. Pasaban las páginas y reconocía algunos rostros, o los adivinaba; y de pronto, en medio de una conversación que versaba sobre todo y sobre nada, apareció como un fantasma. La fotografía no se parecía a ninguna otra: tres figuras en un primer plano, entre las que destacaba, de pie, en una posición central subjetiva. Frente a la risa fotográfica y frívola de sus compañeros, captados en pleno movimiento, él estaba absolutamente quieto, con los brazos cruzados, con los ojos cerrados, sereno y libre como si su imaginación le hubiese llevado a mil años luz; pensé que tenía el don de aislarse en una isla de paz en plena multitud, y que era justo como lo había imaginado: los mismos rasgos, conservados intactos hasta hoy; la piel más blanca, o será por la luz, los labios definidos, la frente despejada. Ahí estaba, fotografiado, fijado en un instante del pasado, imberbe, silencioso, con rastros de infancia en las mejillas; firme bajo el peso de su tocado de Sioux, caracterizado con leves rayas rojas y amarillas pintadas en la frente, en las mejillas, en el mentón. No es que la fotografía haya sido tomada en un parpadeo, no, tiene de verdad los ojos cerrados; parece que dormía y soñaba, parece que un beso le cerraba la boca.

4 Respuestas a “Cinemateca de la memoria”
  1. Closto dice:

    Sólo me paso para comentarte que hace mucho que no te comento. Pero a mi favor diré que son los exámenes los que me mueven a no moverme. A ver si pronto puedo volver por aquí con una palabra menos simple que la de hoy.

  2. Florie dice:

    Qué puede ser más complejo que nos cuentes sobre esta complejidad de la vida… no es simple la época de exámenes. Es una revolución en el cerebro. Mucho ánimo!

  3. Gotardo dice:

    La época de exámenes es una revolución en el culo: una revolución anarquista hacia fuera. Consejo: Special K, dejar el café, no estudiar, nada, nunca, sodomizar al examinador con sus apuntes, por imbécil, que no los hubiese dictado así de mal.

    Las revoluciones del cerebro tienen lugar cuando no hay nadie alrededor. Consejo: desentierra el hacha de guerra y mátalos a todos, o amenázalos para que se callen.

    Las revoluciones de la memoria tienen lugar cuando pasado y futuro se confunden. Consejo: quema todas las fotos, no dejes que retraten.

    Las revoluciones de la boca no existen. Consejo: Es mejor callar.

  4. Florie dice:

    Dijo alguien que la revolución sirve para que tengamos algo a lo que asirnos a la hora de tratar de cumplir nuestros sueños; quizás la verdadera revolución sea una idea, o un impulso. Goti, mil gracias por haber Escrito en esta página.

    Por cierto, abajo los exámenes y otros obstáculos a nuestra educación.

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