Cupressus sempervirens (segunda parte)
Escrito por: Florie en Linterna mágica, entelequias, ficción, universos oblicuosAfortunadamente hemos llegado a la penúltima parada; las puertas se abren y entra el frío flemático de noviembre; me inclino un poco hacia delante para recibir la mayor cantidad posible de moléculas de oxígeno; los cuatro respiradores respiran radiantes junto a la puerta; los tres errados se marchan; amanece; de pronto, veo la sombra del vehículo, y nuestras sombras enmarcadas por la sombra de sus ventanas, proyectada contra una hilera de cipreses apretados entre sí como temiendo el invierno; en verano estaban más distantes; en verano…, pero el autobús arranca y supongo que a partir de entonces el día sucedió normal, rutinaria, redundante y correctamente, porque ya se ha hecho de noche y… nada más.
Una brisa helada me roza los párpados para despertarme. Abro los ojos. Una sombra plana me mira fijamente y una sombra volumétrica me abraza: todo irá bien, dicen, ahora que has despertado.
-Por qué?, pregunto.
-Porque tú tienes las luciérnagas.
En ese momento un universo hormiguea entre mis manos. Bajo la vista, me pregunto qué ha sido de mis guantes; en su lugar, un enjambre de escarabajos dorados se pasea en la bóveda hermética formada por los dedos, transformados en nervadura arquitectónica.
-Separa más las manos-, lo hice, y los escarabajos se convirtieron en luciérnagas encendidas y opalescentes.
-¡Luz! –exclamaron al unísono.
Volví a levantar la vista; las luciérnagas doraban la intimidad de nuestro enclave, dejando todo lo demás en una oscuridad densa pero impalpable. Como nos veíamos las caras –relieves uniformes en claroscuro- hacía menos frío; el aire, al templarse, se había hecho menos aséptico, y un extraño olor llegó hasta mí: oleaginoso, esmeralda, quedo.., era un olor que olía a lluvia y a hierba recién cortada, a frutos secos, a vacío, a resina derramándose en un molde, a libro, a jardín almizclado: cipreses; y sobre ellos, nosotros, diez u once sombras de pasajeros de autobús, alter egos de lo que un día fuimos, de lo que aquella misma mañana todavía éramos –mentes de carne y hueso esperando llegar a su destino-.
Ahora solo tengo perfil, un perfil sin piernas, aunque tampoco tengo prisa ni siento impaciencia, dolor o miedo.
-Cupressus sempervivens- recitaron repetidamente, todos a la vez, como si lo hubiesen hecho durante siglos-. Pero no era una salmodia mágica, sino un mecanismo de defensa, cantaban el nombre latino del ciprés porque era lo único que, pensaban, podría servir de algo.
Me dejo llevar por el sueño placentero de la simpleza existencial hasta que súbitamente comprendo la llaneza insoportable de mi nueva vida y deseo con todas mis fuerzas regresar a la hora de madrugar o a la hora del insomnio.
-Deseo que ésto sólo dure hasta el amanecer.
-Silencio- me contestan las otras sombras al unísono- si lo dices en voz alta…







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17 Octubre 2007 a las 4:00 pm
Interesante entrada la que has escrito… sí…
Un saludo
Doctor, Crítico de Blogs