Voy a escribir sobre ti en la nueva novela -me dijo. Levanté la mirada de los apuntes, sorprendida;- porque eres lo más literario que he conocido últimamente. Nos conocemos desde hace siglos, protesté. Sí pero hace cinco años todavía no te habías convertido en el ángel eléctrico. No acababa de encontrar la razón por la que se había creado esa imagen de mí; en realidad, no sabía qué significaba. Sólo sabía que sonaba bien y que pretendía nombrarme. El mundo es extraño. Cuando conocemos algo o creemos conocerlo, le damos un nombre. Antoine de Saint-Exupéry decía que era para apropiarse de ello. No lo sé, puede ser. Pero como las personas no se poseen, yo pienso que es más bien para recordar. Era rara esa sensación de ser un personaje. Me imaginaba con un cuerpo nuevo, de pura retórica, intangible, hecho de sinestesias y paradojas. Me preguntaba cómo sería esa metamorfosis y si dolería el momento de convertirse en personaje por unas páginas; ¿será como morir o renacer?, quise preguntarle, pero no dije nada.
¿Y qué vas a escribir?, pregunté al fin. Aún no lo sé, me dijo, me apetece hacerte brillar sobre el papel. Nos quedamos en silencio. Siguió leyendo su borrador y permanecí un buen rato mirando al vacío, con la mente puesta en la otra extremidad de la ciudad. Cuando nos cansamos de trabajar, nos despedimos. Que pases una buena tarde, angelillo eléctrico, añadió. Entonces, todas las preguntas sobre la vida que se habían reunido potencialmente en esta anécdota un par de horas antes, y que había dejado en barbecho en mi garganta, salieron a la superficie: ¿por qué quieres escribir sobre mí, y por qué me llamas de ese modo, cuando yo no te quiero a ti y lo sabes?. Y no se le ocurrió otra cosa que citar a Auden: no nos vamos a querer por igual, solamente me tienes amor de hermana, así que deja que el más quiera de los dos sea yo.
Así es como me convertí en una musa eventual para mi amigo D., una breve musa de poemario para el cándido Antonio años ha y para Ángeles, mi hermana, parece que seré un personaje en una novela que habla veladamente de ella misma (Aunque te llamarás Sara, especificó, espero que no te importe). Para él tan solo fui unas líneas; pero sagradas líneas sobre estrellas y dragones, que guardo en mi memoria.







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26 Febrero 2008 a las 9:50 pm
El sustento para convertirse en una musa de estos tiempos no depende de ti, sino y solamente de kien te escoge dentro de sus recuerdos para que le representes en sus letras.
Ya siglos atras Virgilio amo tanto k la dibujo para siempre en su Beatriz de novela. Brindo x eso.
Chinasklauzz
26 Febrero 2008 a las 11:30 pm
Exactamente, esa es la idea.
Me gustaría mucho que ampliaras un poquito lo que comentas de Virgilio…
Bienvenido!