La voz de Timi Yuro -con un timbre años veinte invadiendo incipientes sesenta- rasga el aire hasta dividir la habitación en dos mitades exactas, entre las que cae una inmensa telaraña de notas, en franjas tan irregulares como si un huracán hubiera atravesado un lienzo. Quizás; quizás realmente todo esté pintado; nada de tres dimensiones reales; sólo ficticias, oleaginosas: óleo, aceite, trementina, y empezaré a derretirme si dejo mi habitación mucho tiempo al sol, habrá que restaurarlo todo en un sótano húmedo, oleaginoso y con olor a trementina, y vuelta a empezar, otra vez al sol, porque hay muchos soles metafóricos orbitando alrededor de la casa, que se transparenta como una radiografía. Narciso se ha dormido sobre el diario de Kafka. Dos horas de teléfono. Reverte en televisión. Claustrofobia. Regreso al universo paralelo, a la mesa del ordenador, al cuaderno emborronado de frases que he sonsacado a un par de personajes nuevos, que a veces se desbordan y dialogan en la página en blanco para darme un respiro. The Platters homenajeando a Elvis. Pau Casals tocando andante una de tantas sonatas nº1. Mi cuarto bocabajo parece de otra persona. Mi cuarto bocabajo parece otra persona.







Entradas (RSS)
5 Septiembre 2007 a las 1:59 pm
Yo vivo en cuatro dimensiones, mínimo, aunque hay una que no controlo muy bien.
6 Septiembre 2007 a las 5:06 pm
QUé bonito.
Siempre me encanta leerte. SI algún día haces un libro quiero ser de los primeros en leerle y con una dedicatoria