Pienso que el espíritu lúdico no va reñido con la madurez; en el cuerpo humano, lo que no es sangre o agua debería ser juego, narcolépticamente acomodado sobre los veintiún gramos de alma -cuenta una leyenda- que acolchan el espacio entre los pulmones y la piel.
El juego es la semilla de la creatividad.
He pasado más de cuatro horas atravesando laberintos en arquitecturas híbridas del gótico y del modernismo; un inmenso castillo, mezcla perfecta entre el museo y el rascacielos, entre el medioevo y el presente, donde el dragón-lobo ha seguido a la caperucita roja-ciclotímica, preso del vértigo, por los pasillos helados y estrechos, por las grandes bibliotecas, en busca de llaves, runas y pasadizos, en busca de uno mismo, ese yo que se abre en la evasión, hasta que el juego teclea irónicamente en la pantalla: “¿desea regresar a su vida normal?: guardar, salir, cancelar”.
Un martes saturado de banalidad desde las 8:30 teclearé cancelar, guardar durante el sueño profundo, salir cuando la casa intente convertirse en mi vestido: pero esa es otra historia.







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16 Enero 2008 a las 1:56 pm
En esos divertimentos lúdicos (qué redundante, por Dios) uno consigue tener la vida que siempre quiso. Bueno, sí, lo confieso: me gustan los videojuegos. Tal vez sean vanales para algunos. Para mí son videojuegos sin más. Los hay buenos, los hay malos, los hay inteligentes, los hay bobos. Y como todos los ludos del mundo, no van a resolver tus problemas, pero hacen que los olvides un rato y que aprendas, ¿por qué no?
De todos modos, cuando uno se mete en un mundo paralelo inventado por él y acaba viviendo en esos laberintos barrocos e imposibles, se acabó. Uno se vuelve loco. Lo bueno es, como dices, no guardar el juego y cancelarlo todo, para no anclarte en un mundo donde nadie más te puede ver.
17 Enero 2008 a las 8:32 pm
“Dios es un niño que juega a los dados”…
La creación tiene siempre un elemento constitutivo, fundamentalmente lúdico.-
Afectos, Aquileana
17 Enero 2008 a las 11:06 pm
Closto: unas palabras muy sabias. No olvidemos nunca que la virtud está en el equilibrio.
Aquileana: y precisamente, necesitamos la mezcla de seriedad y diversión que hay en el juego; quizás por eso creamos o intentamos crear. Nos leemos.