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Through the looking glass. Fuente: wikipedia

Por alguna extraña razón, si hubiese sabido que la palabra escritorio provenía del latín scriptorium me habría parecido más un objeto mágico que una simple mesa. En todo caso, era un objeto imprescindible: no se podía respirar en una habitación sin un lugar donde sentarse a garabatear lo que fuera. No es que no siga pensando lo mismo, pero ahora me basta un alféizar, una despensa, una escalera, un cuaderno en el vacío, un teclado tomado prestado o el propio silencio selectivo de la mente: hoy, cualquier superficie es buena para escribir.

Por alguna extraña razón, si en mi niñez hubiese sabido que escritorio en otros idiomas venía íntimamente unido a la palabra secreto (por ejemplo secrétaire, que en francés denomina un escritorio con compartimentos privados), me habría parecido más un refugio que un lugar donde detener el tiempo. Mi escritorio fue durante muchos años un mueble enano y manierista, de madera clara, con una pátina dorada en algunos rincones -dada por un ebanista demasiado generoso, o demasiado creativo-. La mezcla de olor a nuevo y aspecto arcaizante chocaba sin duda, al menos los primeros diez años…; pero crecí en la anatomía de ese escritorio y el escritorio crecía conmigo. Se ensuciaba de tinta y de grafito; se giraba hacia la ventana, donde podía oler el mar.

Delante del escritorio no había una pared opaca, ni una fotografía inmóvil, sino la superficie acuática de un espejo y, por lo tanto, la evolución voluble de las luces y las sombras sobre la geografía inquieta de los otros muebles. Me vi crecer año tras año -día tras día- porque mi padre había colocado uno de esos artilugios especulares frente al escritorio. Me pregunté durante largo tiempo si lo había hecho para ampliar el espacio visual de la habitación o simplemente porque esa porcelana blanquecina y retorcida iba bien con el ambiente frío del invierno marino. No pensé hasta muchos años más tarde que quizás él no supiera que para mí era un escritorio: por eso adornaría la mesa de utilidad, como se hace con una cómoda de tocador.

Me acostumbré a escribir al otro lado del espejo, en esa habitación del revés que me devolvía, impertérrita, mi reflejo, hora tras hora. Lo importante era llenar cuadernos (léase empezar) con apresurada caligrafía.

Cualquier superficie es buena para escribir. Pero hace quince años, el escritorio me parecía un símbolo o, incluso, una promesa.

8 Respuestas a “Geografía doméstica”
  1. Florie dice:

    *Por ejemplo la palabra “secrétaire” en francés, que denomina un escritorio con compartimentos privados.

  2. Makiavelo John dice:

    Me agrada visitar tu escritorio, me parece sincero y original, no así el de Paul, que me parece manido, reiterativo y más de lo mismo.

    Cualquier superficie es buena para escribir, yo utilicé durante años una mesa de camilla en mi habitación.

    Saludos.

  3. Florie dice:

    Es un honor caer en semejante comparación; en realidad, lo que sucede simplemente es que Paul A. y yo tenemos escritorios muy diferentes, y ya es cuestión de gustos. La mesa camilla tampoco está nada mal. Saludos

  4. Makiavelo John dice:

    Florie, en la mesa de camilla estába muy limitado por su superficie, a pesar de ello tengo buenos recuerdos.
    En el caso de Paulino, creo que la última entrega obedece más a un compromiso con el editor que a una necesidad de expresión puramente literaria.

    Por poner un ejemplo reléase “La Ciudad de Cristal”. Saludos.

  5. edu dice:

    Quizás sería mi escritorio el lugar que más echara d emenos de mi habitación en el supuesto de tener que abandonarla, y más que por su utilidad poro su pálido color marron, por los momentos que junto a él he vivido :) desde planear las vacaciones y rodear puntos en mapas de viajes futuros hasta escribir cartas, redactar poemas, leer cartas, en el he dibujado mis mejores cuadros, he leído y he pasado los peores momentos de mi vida estudiando matemáticas. Sólo él sabe el sueño que me entraba y las horas que pasaba intentando hallar respuestas a problemas existenciales. Con él aprendí los verbos en francés, incluso en español, y si ardiera en las llamas del fuego comprendería que he perdido un amigo y confidente.
    Amad a vuestros escritorios como a vosotros mismos :)

  6. Florie dice:

    Gracias por dejar este retrato de tu escritorio :)
    Es cierto, los escritorios no son sólo muebles, son geografías enteras y álbumes de recuerdos. Universos paralelos.

  7. Patricia dice:

    Dime si no es maravilloso, más que el concepto, más que la palabra que lo describe, el objeto en sí. Ese precioso material que te sirvió para ser rallado, para que descansarán tus brazos mientras la mirada se perdía a través de la ventana más cercana y de allí, a cualquier historia fantástica o dramática a la cual tu mente, cortesana irrespetuosa, te llevara y luego…, cuando te arrebata la necesidad de escribirla, el lápiz, cual amante irrespetuoso y feroz, clavaba su lomo a través del papel quedando como testigo estático de aquel relato.
    Esos escritorios viejos, si, los que usábamos de niños, de madrea firme, esa que se huele.
    Me gusta leerte porque haces de lo cotidiano, una fiesta. Slds.

  8. Florie dice:

    Muchas gracias. A mí me gusta que dejéis textos tan elaborados en esta página, porque lo que hace falta es este dialogismo.

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