La baldosa de Amélie Poulain (fantasía lúdica II)
Escrito por: Florie en Diario, Linterna mágica, caleidoscopio, universos oblicuos
No voy a hablar de Renoir, aunque ha sido mi pintor preferido en la adolescencia, aunque su pincelada es inimitable, aunque haya pintado lienzos no impresionistas en sus ratos libres.
Voy a hablar de mi escritorio, o mejor dicho, de debajo de mi escritorio.
Lánguidamente sentada frente al ordenador, dejo que mis manos bailoteen sobre los bolígrafos, las teclas, el ratón, completamente ajena a ellas. Viajo sin moverme de la silla a una ciudad llamada Octopus -eso me pasa por inventarme ciudades-, pero algunos aspectos no encajan con los personajes A y B, y no empiezo a escribir nunca. Es decir, no empiezo a escribir en este minuto, ni en el siguiente, ni en el siguiente, ni en el siguiente. Tal vez en el siguiente.
Como mi yo material está abandonado a su libre albedrío, una pierna se balancea sobre la otra y de pronto clong (u onomatopeya similar): vuelvo a la realidad, intrigada.
En el suelo está la cuerda, abandonada y agonizante hasta que dentro de unas horas vuelva a anestesiarla con la aguja que sostiene el violonchelo; tiene un asa metálica: el ruido que me ha despertado al fin se explica. Regreso a Octopus, y al cabo de unos minutos, clong (u onomatopeya similar). Compulsivamente ociosa -o mejor dicho, ávida por desviar un momento la atención del capítulo 11-, levanto la cuerda: tendré que pasarle un trapo porque tiene trozos de pintura…, e inmediatamente me pregunto porqué; me asomo debajo de la mesa y observo. En un primer instante, nada. Después, reparo en una grieta geométricamente correcta, cuadrangular, regular, levemente estriada como un cardiograma, pero sólo levemente, alrededor de una baldosa naranja del zócalo. Acerco lentamente la punta de la sandalia, y golpeo: clong (etc).
No puedo evitar recordar la escena de la película “Amélie”, en la que deja caer el tapón de su colonia, que va a rodar contra un azulejo y lo levanta, y ya saben lo que sigue.
Analizo la situación:
a. sabiendo que esa baldosa lleva sujeta entre mi pared y otros azulejos con una argamasa doméstica que ya ha aguantado cien o ciento y cincuenta años, detrás puedo encontrarme con:
a1: un esqueleto de rata, de araña migala, de muñeca de porcelana, es decir, nada demasiado útil y sobre todo nada demasiado agradable
a2: un puñado de rubíes o, mejor, un diario, un montoncito de cartas o de fotografías. A saber…
Ya encontré en casa hace muchos años un colgante verde con flores blancas insertadas y con iniciales que concordaban con las mías en cierta manera. También encontré algo que había perdido en esta ciudad hace veintiún años, en unas esporádicas vacaciones, pero esa es otra historia.
b. es posible que en el interior no haya nada, salvo:
b1: polvo
b2: telarañas
b3: espacio, donde pueda guardar algo que alguien encontrará dentro de otros ciento cincuenta años y entonces no habrá balanceado en vano sus piernas contra el zócalo.
Sin embargo, existe una tercera posibilidad: independientemente de lo que haya en el interior, es decir, objetos tipo a o circunstancias tipo b, podría simplemente no levantar la baldosa: así contendría para siempre lo que yo quisiera imaginarme -y lo que cada uno de vosotros quiera mientras dure la lectura-, y así guardaría esa sensación de víspera o de regalo no desenvuelto guardado en un cajón.
Claro que es sólo una tercera opción. Cito el guión de “Amélie”: “Les temps sont durs pour les rêveurs” (son tiempos difíciles para los soñadores).
Decidme: ¿levanto la baldosa, o no?…







Entradas (RSS)
18 Septiembre 2007 a las 10:33 am
No levantarla sería la opción más desacertada. Eso sí, levanta sólo la que esté suelta.
18 Septiembre 2007 a las 1:23 pm
Por supuesto q deberias levantarla!ya no puedes dejarnos con la intriga de saber q se oculta detras de esa baldosa! ^-^
18 Septiembre 2007 a las 3:05 pm
Estoy completamente de acuerdo con los anteriores comentarios (si es que has resistido y aún no has mirado, cosa que dudo mucho que un ser humano pueda hacer) y en caso de no encontrar nada la mejor opción es la misma que tu mencionas: introduce algo para que sea encontrado
19 Septiembre 2007 a las 1:45 pm
He aqui dos tipos de personas, los conformistas en su afan por conformarse levantarían la baldosa, aceptando el destino tal y como se les viene encima. Luego estan los soñadores como nuestra amiga, y ella es ya una soñadora por el simple hecho de haberse planteado no descubrir lo que hay detras.
30 Septiembre 2007 a las 8:15 pm
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