Es curioso como el mundo, la naturaleza disfrazada de ciudad, llega a conocerte en cierta manera; como puede parecerte que esa naturaleza urbana comunia contigo, desde las irregularidades de las aceras bajo tus pasos, dispuestas con la misma cadencia que la música que escuchas, hasta la mirada de un anónimo que cruzaba la calle y cruzaba por un instante tu mirada con la suya, una mirada triste que en realidad no le pertenece sino que es expresión plástica de tu propia mirada triste; como las ciudades acaban conociendo tus costumbres, igual que la gente del ciber exclama al unísono, al verme entrar con batidos de chocolate, tú y tus manías; después, la ciudad habla, a través de fechas de caducidad impresas en objetos comestibles, que marcan alguna fecha memorable, a través de la coincidencia escrita en la cara de un libro y de mi reflejo, que me observa de reojo en los escaparates. El mundo vestido de ciudad te conoce y te aprehende; o tú aprendes a leerlo con tus propias palabras.
Vuelvo a encontrarme en caída libre y horizontal por las calles de la ciudad, envuelta en las terribles prisas que, en cuanto desaparezcan, cambiarán desde lejos los días en horas lentas como en una textura perfecta pero artificial; miro la ciudad conmocionarse con mis estados de ánimo como la naturaleza salvaje frente a un poeta romántico; camino en un anonimato deseable, ahora es la ciudad quien ciuda de todos nosotros como una canción de Nina Simone.
Desde el otro lado de la pantalla no pueden ver si lloro o dejo de llorar. No es que quiera ocultarme, es que es físicamente imposible que puedan hacerlo. Sí pueden notar las gotas resbalando en el canto de algunas letras, el pulso débil al construir una metáfora. No pueden oír el crujido del papel empapándose. Pueden creer en la serenidad de las letras pero se trata de magia de teclado y ciencia de tipografía. Puedo hablar de la claridad de la mañana y pensar en los melancólicos árboles desnudos de la plaza, aunque el atardecer se haya tornado oscuro o la noche demasiado fría.







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12 Febrero 2008 a las 12:42 pm
Siempre he visto ese paralelismo entre los urbanitas que somos hoy día y los poetas románticos de antaño, porque creo que ellos se miraban en la naturaleza como hoy nosotros nos miramos en las ciudades -salvando las diferencias entre cualquier cosa y una sucia avenida-.
Siento decirte que me temo que ni la naturaleza lloraba por los poetas, ni las ciudades se detienen ante el individuo. Si te paras a llorar en mitad de Colón, lo más probable es que te atropellen.
No es fácil lidiar con las urbes. Pero creo que su talón de aquiles es el mismo que su fortaleza: su magnitud descubierta. A través de las ciudades nos vemos a nosotros mismos, en parte nos identificamos con ellas y de ellas aprendemos a sobrevivir, como un virus que infecta un organismo al que necesita para vivir y del que también proviene la causa de su extinción.
12 Febrero 2008 a las 4:33 pm
nada igual a la belleza de tu inspirada prosa, cuando llega sibilante a las cimas escuetas de la invectiva: lo llena todo.
Un saludo, Florie.
PS. Ayer descubrieron en Suecia una pequeña ciudad subterránea climatizada y diseñada por Ikea. La moda, al parecer, se extiende rápidamente por toda Escandinavia.
12 Febrero 2008 a las 5:10 pm
Tema dificil el de la ciudad, relacion siempre precaria en mi caso. Ella no me da lo que quiero, y yo no sé leerla. Es una relaciòn turbulenta que cada uno de nosotros debe entablar para sobrevivir el dia a dia.
Pero tampoco me engana siempre con sus jueguetes tecnologico, que por mucho teclado y pantalla de alta definicion la literatura se siente, no se lee. Con esto si que todavìa le puedom aunque a veces entristezca lo que se siente y serìa màs comodo hacerle caso a los ojos.
Touchée?
Un abrazo
13 Febrero 2008 a las 11:15 pm
Goti: como siempre, amén.
Luis Irles: gracias por la información, nunca sobran las ciudades para evadirse, aunque a algunas no las alcance la luz del sol.
Mitalia: touchée.
Touchée, tocata y fuga, jaque mate.
25 Febrero 2008 a las 10:47 pm
Nina Simone sí que vive
26 Febrero 2008 a las 3:42 pm
Y que viva por muchos años, que esa canción da vida.
13 Marzo 2008 a las 4:12 pm
Florie, me encanta cuando puedo darme el tiempo de entrar a leerte y me encuentro con textos como estes, donde toda la humanidad de un ser queda tan bien dibujada en las palabras. Las ciudades las visten quienes las caminan, no crees?, sigues bebiéndo tus malteadas?.
Un abrazo con mucho cariño para ti.
Patricia
14 Marzo 2008 a las 4:15 am
No, últimamente me bebo las palabras, al final me voy a quedar sin : )
Me gusta eso de que las ciudades las visten los caminantes…
Idem para ti,
Florie