Perdona que hable de tu cuerpo, perdona que recuerde lo que no ha sido, que me cueste olvidar el cuello y la nuca que tanto he besado en sueños, que me atraiga la fuerza gravitatoria de tus pasos e imagine tu fuerza delicada de universo envolvente, que haya confundido tu ropa con tu piel y tu voz con abrazos, que todavía te presienta y te adivine, que me haya deslizado, trágica y onírica, por el camino de mirar tus labios como una melómana, que me haga preguntas sobre lo vertical, lo horizontal y lo oblicuo, que haya aspirado ebria y difusa tu olor a tabaco y a sueño, que la retórica me falle, que me atreva a leerte en lo que no haces con palabras y que me haya sumergido en tus ojos como en una laguna dorada; pero es que el tacto que nunca ha sido realmente palpado permanece preso en un lugar entre la tibieza de la ficción y la verdad del deseo, y allí, descansando entre lo físico y lo intangible, entre el aliento de la palabra y la calidez del recuerdo de la proximidad, es más difícil olvidar.







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21 Febrero 2008 a las 4:56 pm
Terribles sucesos y grandes dolores sacuden tus ultimas entradas, Florie.
Serà porque gracias a tu blog redescubrì el placer de leer en internet y me motivé a escribir màs en el mio, serà porque me gusta lo que escribes, serà porque sin querer me he convertido en una de tus fans, el caso es que me llegan las olitas de las sacudidas.
La escritura sana, ya lo sabemos, pero a veces uno necesita enfermarse de amor.
Qué enfermedad màs noble puede haber?
Como tu has dicho, total, el ying y el yang lo equilibran todo, aunque no te des cuenta.
Un abrazo de tu fan.
22 Febrero 2008 a las 10:19 pm
Denis de Rougemont sugiere, en su libro “L’amour et l’Occident”, que los amantes, Tristán e Isolda, lejos de querer consumar su amor en una unión feliz, satisfactoria y placentera, precisamente porque no buscan placer y felicidad sino pasión, no expresan una voluntad resuelta en vencer cuantos obstáculos se interponen en su camino, llegando incluso a dormir “juntos y separados a un tiempo” con una espada recostada entre los dos cuerpos de los amantes.
Afortunadamente (supongo yo) tú no practicas esa forma de esgrima amorosa, ni posees espadas de doble filo o navajitas cortantes, sino únicamente palabras que se acoplan al sujeto anímico con ese estilo literario tuyo –con esa idea o forma– que es, finalmente, pura belleza.
Saludos
23 Febrero 2008 a las 3:41 am
¡¡¡Florie!!!!…. vamos niña, que se te extraña. Hace muchos años pertenecí a una de mis primeras escuelas iniciáticas, se llamaba los Filsóficos Herméticos, aprendí mucho y en ese momento de mi camino, fue una buena experiencia. En ese entonces sufría de aquello que sufren los jovenes, ¡de todo! amor, encajarte en el mundo, relaciones, existencialismo, etc. hasta que aprendí algo. Nada es eterno, uno es lo que es el momento hasta que decides salirte de eso. Hay un ejercicio que te enseña que cuando estas en alguna situación, cualquiera sea esta, a “salirte” de ese momento, mirar todo desde afuera, practicámente desde afuera, comienzas a ver al resto, luego a ti misma, es muy impresionante cuando llevas prácticandola un tiempo, toda esa perspectiva cambia, te entrega otra realidad de los eventos y de las personas. ¿por qué te digo todo esto?, no tengo idea, solo me dieron ganas.
Un abrazo y me encanta leer todos tus relatos, los de vida y los de análisis que das a distintos eventos.
24 Febrero 2008 a las 1:31 am
Patricia, “en ese entonces” sufrías de lo que sufren todas las personas. Está bien tener perspectiva, así ves de dónde te vienen las hostias. Yo personalmente creo que hay que verse bien a uno mismo antes de empezar a mirar a los demás (y luego empezar desde el princpio).
25 Febrero 2008 a las 12:51 pm
Un abrazo muy fuerte para los cuatro (bueno, uno para cada uno…).
26 Febrero 2008 a las 4:58 pm
Posdata, con la cabeza que tengo últimamente al final no os comenté un par de cosas. Luis Irles; en realidad la espada la pusieron preventivamente, por si el rey Arturo los visitaba de noche. Ponían la espada justo antes de dormirse, que yo sepa no antes. Pero mi vasta inexperiencia no tiene mucho que decir al respecto en realidad; salvo que en la guerra del amor hay que luchar ante todos los obstáculos, metafóricamente hablando (tristes guerras si no son de amor). Muchas gracias por tu comentario. Patricia, gracias por tus consejos y por extrañarme un poquito; me llega. Mitalia, por eso, sí, no hay nada más noble. Yo sí que voy a ser tu fan. Goti, con respecto a lo que comentas, hoy he leído precisamente de un autor que se llama Le Clézio, al que aún no conozco demasiado bien, dos cosas aparentemente contradictorias, pero quizás complementarias: “cuando hayamos encontrado el oro que hay en nosotros, en uno mismo, habremos encontrado el tesoro”y “ser, es ser uno mismo a través del otro”.
Lo dicho, un abrazo para cada uno.