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Manzanas... Fuente: wikipedia
Allá en la prehistoria sucedieron los años 80, que recuerdo por el claroscuro regular de la persiana proyectándose sobre la madera cálida y sonora del suelo de la sala, por las tardes de miércoles y por las consonantes que se agolpaban en mi paladar para aprender a decir las primeras palabras.

Recuerdo también los almuerzos esporádicos en la mesilla del salón, ovalada, cristalina como una fuente: cubría de transparencia una estatua inclinada, un personaje de Andersen o un vegetal acuático y, de fondo, la sonoridad opaca de la televisión y de la voz materna explicando el mundo en sordina.

Me pregunto porqué recuerdo esto precisamente ahora ; quizás se deba, de nuevo, al poder de las palabras: he visto pasar en algún texto el término prehistoria, y la imagen de la sala iluminada por las cuatro de la tarde, de los dibujos deambulando algodonosos al otro lado de la pantalla y del vestido que quería llevar hasta el fin de mis días, me ha asaltado bruscamente.

Aunque es una memoria temprana y, de tan pura, nítida y sencilla, no es la primera memoria*.
Antes de eso está la nana de los peces-gato, el sonido del arpa, el tacto insoportable de aquellas sábanas con olor a limpio pero no a suavizante. Está la manzana gigante que, desde la estantería más alta, presumía de llevar un universo en su interior, roja, plástica y oronda–el primer universo inalcanzable-, la sensación bajo los dedos de los surcos minúsculos en los discos de vinilo, el olor de los caramelos con forma de sandía y la intuición inalcanzable del recuerdo primogénito.

Nunca sabré cual es la primera palabra que aprendí en el silencio de la más temprana infancia, ni cuando empecé a recortar objetos en las revistas con la idea de que el papel y la sugerencia de la imagen eran mejores que el plástico, la madera y la evidencia de la forma. Nunca sabré cual fue mi primer pensamiento, aunque probablemente se materializara en forma de olor a abrigo azul, a manzanilla o a alguna de las diez o doce clases de manzana que habitaban la cocina.

Como los recuerdos se agolpan en cadena en mi cerebro, como quiero calmarlos en el silencio de la luz del día, te cedo la palabra. ¿Cuál es tu primer recuerdo?

3 Respuestas a “Primera memoria”
  1. Florie dice:

    *”Primera memoria” da título a una novela de Ana María Matute.

  2. zenocrat dice:

    Es increíble cómo pasa el tiempo, ¿no?

    Pero ahí está el primer recuerdo. En medio está el azar con el columpio inmóvil. Ahí está.

  3. Florie dice:

    Es interesante esa frase del columpio (¿fuente? ¿es tuya verdad?); precisamente el otro día me senté en uno (a ver si escribo sobre ello un día de estos) y me hizo pensar en eso: cómo pasa el tiempo.

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