La primera vez que caminé en la ciudad: impresiones
Mis zapatos de hebilla rozando el suelo, el perfil de los álamos plateados blanqueando el horizonte azul en contrapicado; mi respiración sincronizada, metálica, soleada; mi cuerpo tendido en el césped, y mi alma lejos, muy lejos, paseando por imágenes pixeladas de Bruselas y París, por Venecias claustrofóbicas y la idea del olor a hierba recién cortada; reconozco todos los estímulos, archivo las coordenadas, juego a que respiro; todo el día bajo una sensación de irrealidad; las voces sonando en eco; los pasos avanzando en sordina; las conversaciones aparentemente recicladas de tiempos remotos y fuentes frívolas; esa poesía humana que me habla descaradamente; el avión trazando letras en el cielo; las palabras invadiendo mi garganta, bullendo esféricas y frágiles y escapando en silencio por la comisura de los labios entreabiertos por el pensamiento; Descartes y Platón luchando en el jardín. Un aire trágico, transparente, lúcido, que inmoviliza el mundo y me conserva intacta como en un gran vaso de formol.
Cada minuto de ahogamiento de la memoria se traduce en instante indefinido de caída brusca en la realidad aparente. Todo parece ficción en el día en que la mirada es lúcida. Todo parece irreal, el paso de las horas, los relojes, la noción de tiempo, las calles de la ciudad.
Todo parece mentira en mi cuerpo robótico -ojalá fuera mecánica, para descansar un poco- , y sin embargo… y sin embargo todas las canciones que reproduzco, todas las canciones tristes, hablan de mí; reales y metafísicas, se adhieren a mí, ingrávida, apocalíptica, de vuelta al laboratorio.







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7 Febrero 2008 a las 5:16 pm
Me sorprende verte crear a esta velodidad y con esta manera devastadora de dejar siempre un paisaje perfecto en tus puntos y aparte.
Fantástico.
7 Febrero 2008 a las 8:25 pm
Concuerdo con Spender sobre lo de la velocidad y de la calidad que siempre van juntas, y contigo sobre lo de la irrealidad de los relojes.
Reloj
8 Febrero 2008 a las 12:28 am
No es nada fácil transitar los senderos del caos ni interpretar su orden, sumergirse como tú en extraños laberintos sin volverse maraña de conocimientos en desorden. No es fácil, no, habitar el silencio de las letras, sobrevivir al veneno de la tinta caliente que toda se estremece entre los dedos, que toda te estremece…
Recuerda, Florie: es debajo de la piedra donde encontrar el nombre, la palabra, la esencia de la linfa, el césped de avalón.
8 Febrero 2008 a las 2:06 am
Muchísimas gracias a los tres por leerme con buenos ojos. Sorprende bastante y se agradece aún más. También acepto críticas, pero solo si son constructivas : D (jaja).
Spender, me impresionan esos tres adjetivos.
Reloj, me impresiona que le des la razón a Spender. Son irreales; bueno, salvo los de Cortázar.
Zush van Zhirles, me impresiona todo tu texto, gracias por escribir ( y a todos).
8 Febrero 2008 a las 6:40 pm
Falto yooooooo….. Florie, cada vez que me hago el tiempo para venir, me voy con una rara placidez, de esas que te dicen, ves? hay mujeres con tanto talento.
Me gusta leerte las simplezas, me gustan las palabras cuando brotan con armonía, me gusta el silencio cuando se manifiesta en el relato. Tu logras eso a cabalidad.
Te felicito y te leo.
Patricia
10 Febrero 2008 a las 10:51 pm
Me sonrojo en demasía, mil gracias. No me canso de decirlo, se aceptan críticas también…
Nos leemos, gracias por pasarte.