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La luz natural, la luz del día, es una escafandra dorada a través de la que dejar vagar el mundo, en caos ordenado, como en un caleidoscopio. La palabra caleidoscopio en sí misma es lumínica, con todos sus sonidos sibiliantes y sus vocales dispuestas como las tazas en una mesa china preparada para el té. Desde que he vuelto a cambiar los elementos de mi habitación como un cubo de Rubick abrupto e irregular, la luz cae sobre mi trabajo, en oblicuidad ambarina; atraviesa mis ancianas cortinas, desfasadas quizás: y eso qué importa, necesito la luz roja que salpica a través de las rosas rojas, los destellos dorados de la tela, su caída ligera cual un vestido viejo que se ha hecho a mi cuerpo como una segunda piel. La atmósfera de la mañana me rodea ambivalente y secreta, penetrando mis persianas, pero su valiosa luz no está tan viva como la de los ojos que amas. Esa clase de luz compleja es fácil de describir, brotan las palabras en destellos azules, traspasan el papel en un instante y los lectores la leen si saber que la leen, y pasan página, aunque ahí estaba, incitando sus iris a la lectura, sumergiéndoles en el líquido dorado y pensativo.

Pero hay una tercera clase de luz, que en realidad no es tal; fría, alejada de cualquier emoción, consiste simplemente en un despliegue de efectos solares atravesando el agua; si despertara sumergida en el mar, flotando bocarriba a un metro de la superficie, ese destello es lo que trataría de respirar, y lo primero que creería poder oler y aspirar para llenar mis pulmones; sin embargo, no sería más que una quimera, el símbolo sin vida de la vida que se desarrolla fotosintética allá arriba, en tierra. Esa luz no alcanza, salvo como la superficie plateada de un espejo de ajuar, que es un reflejo deseado de futuro y todavía no una realidad tangible que calienta la piel. La luz que atraviesa el agua es luz polvorienta y autosuficiente, aunque más legítima que la luz de luna, más silenciosa que la respiración apagada del durmiente subacuático, más incluso que

Postfacio al lector: (…) y en este punto de la descripción me detuve, releí el segundo párrafo, aislándolo del resto del texto, y descubrí que en él no estaba describiendo una clase de luz, sino el silencio.

5 Respuestas a “Silencio”
  1. Jandro dice:

    Una vez mas mezclas dos mundos de realismo y subrealismo acompañado de un profundo sentido porque no decirlo espiritualidad interior,me encanta pero creo que eso ya lo sabes. :-)

  2. Sebas L. dice:

    Y… qué momento es (sería) ese en el que tenemos (tuviéramos) la luz de los ojos que amamos, rodeada de la luz que atraviesa el agua.

  3. Florie dice:

    Jandro: pues no, no lo sabía, pero es lo que siempre os digo, la amistad os ciega al leerme.

    Sebas L: no sé si me haces una pregunta o propones una cuarta imagen, dime; mientras tanto, en caso de que sea pregunta, en realidad hablo en la entrada de tres tipos de luz, primero la luz natural, segundo la luz de los ojos y tercero la luz vista a través del agua; no estaba estableciendo una relación entre las dos primeras y la tercera; gracias por el comentario y, por cierto, ¡bienvenido!, te leo.

  4. Sebas L. dice:

    Simplemente proponía la imagen que me había venido a la cabeza… Lo cegado que te deben dejar esas luces juntas. El silencio, con la luz de los ojos.

    Que aunque tú no las has relacionado, es una de las imágenes más que este texto plagado de imágenes me ha hecho evocar.

    Yo también te leo, y es un placer hacerlo.

  5. Florie dice:

    Gracias Sebas :), y me parece una imagen sublime

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