Spring break
Escrito por: Florie en Monólogo con el lector, caleidoscopio, memoria recienteNo importa que esté del mismo humor que la miel dulce y dorada. No importa que sienta el aire atravesar mis pulmones como novelas atravesando mi mente. No importa con quien esté y que la compañía sea acogedora. En estos días la tarde siempre es agridulce y grisienta, grasienta del calor artificial de los establecimientos y gris de ese frío tajante y metálico que ha sido desterrado del invierno y vaga vagabundo como alma en pena por los laberintos y las corrientes de aire. La ciudad se deshace igual que un universo recortado en papel, vulnerable y con un equilibro precario, falsamente oculto bajo una urna de cristal.
Las horas se vuelven líquidas como hidromiel moderna, es decir, amarga, ácida, edulcorada con fenilamina o algún otro azúcar químico. Las luces crepitan como en el instante previo a un apagón en los cincuenta y el aire se llena de libélulas verdes y turquesas. Haga lo que haga, estas tardes, cada año, son macilentas y densas, y los cuerpos evolucionan por las aceras empujados por una especie de vértigo atrayente y terrorífico a la vez. Es un tiempo que no pertenece a ninguna estación, a ningún calendario, como un 29 de febrero que durase días y nos dejara en blanco, exentos de referencias en nuestra memoria de caminantes. No hay metaliteratura posible y los cánticos saben a luz inerte y ámbar. Hay una mezcla de bienestar y melancolía, de olor a hierba recién cortada y último estertor del invierno. Pero yo tengo el estado de ánimo de la miel dulce y dorada que se derrama en espiral en mi taza de café.







Entradas (RSS)
19 Marzo 2008 a las 2:01 am
Me has sorprendido por la calidad neobarroca y vanguardista de este texto; Florie.
Enhorabuena,
Saludos, Aquileana
19 Marzo 2008 a las 10:43 pm
A mi me han sorprendido esos dos adjetivos. Ha sido como una ventana abierta, una sensación extraña. Mil gracias por esta sensación. Te leo
24 Marzo 2008 a las 12:51 pm
He vuelto de la ciudad en la que paso mis vacaciones. Está en mitad de la nada, en un desierto ocre y amarillo en verano, y ahora, con un pie en el invierno y otro en la primavera, pintada de un verde tímido que me enternece.
Así que sí, sé de lo que hablas y yo me siento igual.
Besos
24 Marzo 2008 a las 3:11 pm
Entonces hablamos el mismo lenguaje, y a mi la comunicación me alegra el día.
Gracias por dejar aquí una entrada…
Un abrazo
25 Marzo 2008 a las 2:07 pm
Creo que en mi caso no vengo a sorprenderme a este rincón, vengo a disfrutar de las imágenes que siempre logras transmitir con profundidad y belleza.
Un abrazo, Patricia
30 Marzo 2008 a las 12:15 am
Ay, me alegras el día. De verdad. Un abrazo.
4 Abril 2008 a las 7:13 pm
Qué buena expresión de esa sensación melosa… odio estar así como describes, porque odio que esa miel se acabe inhesorablemente.

Feliz primavera, por cierto
5 Abril 2008 a las 1:05 pm
Te entiendo, yo también odio que la Miel se acabe; pero sabes qué?, también puede crearse miel, cuando quieras, donde estés, o al menos intentarlo. Feliz primavera a ti tambien : )