Transida es una palabra que se usa demasiado poco
Escrito por: Florie en Linterna mágica, alucinaciones, ficción, relatos improvisados“Eloísa Cándida Sócrates sabía que caminaba desnuda. Sabía que era el primer alma de la ciudad en recibir el frío cada mañana, como un pararrayos que midiera temperaturas, como un “parrarrayos temperamental” (se permitió el banal juego de palabras en el monólogo íntimo y cadencioso de su boca silenciosa).
En aquella calle demasiado transitada el mundo se le apareció terrible; vio una niña de plástico, de mirada fija y vacía con los miembros desordenados en el carrito que una mujer de madera hueca empujaba lentamente; toses escultóricas encarnadas en ancianos, ojos inmensos, mejillas azules, cuerpos caminantes envueltos en papel, enfermos de hidropesía, ojos acuáticos, sombras fugaces, gigantes golpeándole el hombro al pasar, ojos estridentes, prisa, cólera, tristeza, emociones a las que era ajena, emociones tristes que no la tocaban; y ellos no la veían pasar, melancólica, lánguida, porque era la única que caminaba desnuda .
Por la mañana se preguntó porqué hacía tanto frío si era primavera y entonces cayó oportuna y novelísticamente una hoja de su calendario para enseñarle que era noviembre . Abrió el armario y eligió entre su ropa: colgados junto a una sola blusa había un traje de lino y un traje de dolor, cortados a medida; se vistió con el traje de dolor, aplicó un poco de brillo a sus labios, guardó sus archivos en una maleta y salió a la calle. Estaba transida de frío, pero no podía sentirlo, y allí estaban otra vez, los miembros del universo, saludándola teatralmente, vistiendo edificios, recorriendo las escaleras de libros ciclópeos, las montañas literales de papel, las lluvias de caramelos, las sábanas flotantes.
Súbitamente, una voz la salvó del hechizo de la fiebre diciendo, desde el otro lado del sueño, abrígate, por lo que más quieras, abrígate”.







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