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Creo que el último texto de más de dos folios que escribà fue un trabajo sobre Li Bai, para el que tuve que redactar una introducción al contexto histórico de la DinastÃa Tang, en concreto de su etapa artÃsticamente más floreciente y polÃticamente más convulsa. Por aquella época, en el siglo VIII de nuestra era, con China convertida en una mixtura de razas y religiones -que más tarde se interpretarÃa como la causa de la decadencia de la DinastÃa Tang-, se empezó a urdir un complot en la frontera norte del paÃs a la vez que en la capital, Chang’an -actual Xian-.
A grandes rasgos, según cuenta la historia, el emperador Xuan Zong cayó en una trampa infalible: la preciosa Yang Guifei, que pasó a formar parte del gineceo de palacio. Yang Guifei se encargó de seducir a Xuan Zong, convirtiéndose en su favorita e influyendo sobre él para colocar a diferentes miembros de su familia en ciertos puestos de poder, tanto en palacio como en importantes enclaves militares. La preciosa concubina terminó por apartar al emperador Xuan Zong del poder, dejándolo a nivel práctico en manos de sus ministros. Uno de los puestos que quedaron bajo el control de la familia de Yang Guifei fue el que ocupó el militar An Lushan en el norte de China, desde donde empezó una rebelión que la historia conoce en la actualidad con su nombre. Desde el norte llegó hasta Chang’an, provocando la huÃda de la corte hacia el sur. La DinastÃa Tang no pudo recuperar el poder hasta varios años más tarde, pero jamás volvieron a brillar como en aquella época de florecimiento, en la que la literatura china se vio enriquecida por Li Bai, Du Fu o Bai Juyi, aquellos que compusieron la poesÃa más importante de la historia de china y, seguramente, una de las más ricas de la literatura universal.
Una mujer, Yang Guifei, habÃa sido la piedra angular de la rebelión, lo que hizo que Xuan Zong ordenara, presionado por el séquito que le acompañaba en su huÃda, la ejecución de la bella princesa. Estos hechos inspiraron la Balada de la infinita tristeza, de Bai Juyi: «El cielo y la Tierra, por más que sus ciclos perduren, tendrán algún dÃa su fin. Mas esta inmensa tristeza será como el tiempo, eterna».
Más o menos contento por haber hecho una introducción de la situación histórica de mediados del siglo octavo en China, después de haber leÃdo varias fuentes diferentes y creer tener dominados a grandes rasgos los hechos acaecidos durante la Rebelión de An Lushan, añadà la introducción al texto sobre Li Bai y se lo envié a la persona que iba a desmontarmelo a base de notas al margen, cuyo nombre no cito porque tal vez prefiera mantenerse en el anonimato absoluto, en lugar saltar al anonimato potencial de esta columna. Esta persona, que si algo me ha enseñado es a no creerme nada de lo que me digan, incluso a no creerme nada de lo que me digo, dejó una nota en al margen de la página que narraba la historia Yang Guifei: «pareces historiador confuciano». Se pueden imaginar que me sentó como una patada, una patada sana, eso sÃ, entre Pinto y Valdemoro, que es donde a uno se le paran el pulso y la respiración.
Ya con el texto más reposado, habiendo pasado unos meses desde que lo terminé, lo releà y descubrà la trampa histórica en la que habÃa caÃdo. HabÃa contado la historia de un emperador, Xuan Zong, virtuoso, bondadoso e inocente, que habÃa sido manipulado mediante oscuras técnicas de seducción por Yang Guifei, una cruel y retorcida mujer que querÃa hundir a la que seguramente era la civilización más importante del momento. En realidad, habÃa obviado la mezquindad del emperador, que delegó sus deberes en sus ministros, desentendiéndose de su imperio para rendirse a los placeres palaciegos; habÃa pasado también por alto la paciencia táctica y la sangre frÃa de la familia de Yang Guifei, que la utilizó casi como una herramienta bélica, por supuesto polÃtica; se me habÃa olvidado por completo la vieja tradición, no sólo china, de convertir a la mujer en la mala de la pelÃcula. En definitiva, sin apoyarme en el bastón del criterio, me caà de bruces ante un engaño histórico como tantos otros. Espero recordar la próxima vez que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y asà quizás pueda levantarme con un mÃnimo de dignidad.











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6 Agosto 2007 a las 6:47 pm
No hay mucho que añadir, me parece que ha quedado impecable, asà que lo que voy a hacer, para aliviar el calor que hace, es contemplar desde aquà una cascada citada por Li Bai:
El sol enciende el Pico Incensario,
Que exhala un vapor violáceo.
Lejos una cascada
Cuelga de la montaña.
En un vertiginoso vuelo
Rueda mil pies hacia abajo.
¿Estará la VÃa Láctea cayendo
De lo más alto del cielo?
18 Enero 2010 a las 4:40 pm
[...] se tensa mostrando una ilustación que vio hace ya algunos años: el rostro de la cortesana china Yang Guifei ha sido tintado sobre el tejido y contempla vanidosa un brillante o algún otro tipo de [...]