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Yang Guifei (fuente: wikipedia)

Creo que el último texto de más de dos folios que escribí fue un trabajo sobre Li Bai, para el que tuve que redactar una introducción al contexto histórico de la Dinastía Tang, en concreto de su etapa artísticamente más floreciente y políticamente más convulsa. Por aquella época, en el siglo VIII de nuestra era, con China convertida en una mixtura de razas y religiones -que más tarde se interpretaría como la causa de la decadencia de la Dinastía Tang-, se empezó a urdir un complot en la frontera norte del país a la vez que en la capital, Chang’an -actual Xian-.

A grandes rasgos, según cuenta la historia, el emperador Xuan Zong cayó en una trampa infalible: la preciosa Yang Guifei, que pasó a formar parte del gineceo de palacio. Yang Guifei se encargó de seducir a Xuan Zong, convirtiéndose en su favorita e influyendo sobre él para colocar a diferentes miembros de su familia en ciertos puestos de poder, tanto en palacio como en importantes enclaves militares. La preciosa concubina terminó por apartar al emperador Xuan Zong del poder, dejándolo a nivel práctico en manos de sus ministros. Uno de los puestos que quedaron bajo el control de la familia de Yang Guifei fue el que ocupó el militar An Lushan en el norte de China, desde donde empezó una rebelión que la historia conoce en la actualidad con su nombre. Desde el norte llegó hasta Chang’an, provocando la huída de la corte hacia el sur. La Dinastía Tang no pudo recuperar el poder hasta varios años más tarde, pero jamás volvieron a brillar como en aquella época de florecimiento, en la que la literatura china se vio enriquecida por Li Bai, Du Fu o Bai Juyi, aquellos que compusieron la poesía más importante de la historia de china y, seguramente, una de las más ricas de la literatura universal.
Una mujer, Yang Guifei, había sido la piedra angular de la rebelión, lo que hizo que Xuan Zong ordenara, presionado por el séquito que le acompañaba en su huída, la ejecución de la bella princesa. Estos hechos inspiraron la Balada de la infinita tristeza, de Bai Juyi: «El cielo y la Tierra, por más que sus ciclos perduren, tendrán algún día su fin. Mas esta inmensa tristeza será como el tiempo, eterna».

Más o menos contento por haber hecho una introducción de la situación histórica de mediados del siglo octavo en China, después de haber leído varias fuentes diferentes y creer tener dominados a grandes rasgos los hechos acaecidos durante la Rebelión de An Lushan, añadí la introducción al texto sobre Li Bai y se lo envié a la persona que iba a desmontarmelo a base de notas al margen, cuyo nombre no cito porque tal vez prefiera mantenerse en el anonimato absoluto, en lugar saltar al anonimato potencial de esta columna. Esta persona, que si algo me ha enseñado es a no creerme nada de lo que me digan, incluso a no creerme nada de lo que me digo, dejó una nota en al margen de la página que narraba la historia Yang Guifei: «pareces historiador confuciano». Se pueden imaginar que me sentó como una patada, una patada sana, eso sí, entre Pinto y Valdemoro, que es donde a uno se le paran el pulso y la respiración.

Ya con el texto más reposado, habiendo pasado unos meses desde que lo terminé, lo releí y descubrí la trampa histórica en la que había caído. Había contado la historia de un emperador, Xuan Zong, virtuoso, bondadoso e inocente, que había sido manipulado mediante oscuras técnicas de seducción por Yang Guifei, una cruel y retorcida mujer que quería hundir a la que seguramente era la civilización más importante del momento. En realidad, había obviado la mezquindad del emperador, que delegó sus deberes en sus ministros, desentendiéndose de su imperio para rendirse a los placeres palaciegos; había pasado también por alto la paciencia táctica y la sangre fría de la familia de Yang Guifei, que la utilizó casi como una herramienta bélica, por supuesto política; se me había olvidado por completo la vieja tradición, no sólo china, de convertir a la mujer en la mala de la película. En definitiva, sin apoyarme en el bastón del criterio, me caí de bruces ante un engaño histórico como tantos otros. Espero recordar la próxima vez que el hombre es el único animal que tropieza dos veces en la misma piedra, y así quizás pueda levantarme con un mínimo de dignidad.

2 Respuestas a “La mala de la película”
  1. Florie dice:

    No hay mucho que añadir, me parece que ha quedado impecable, así que lo que voy a hacer, para aliviar el calor que hace, es contemplar desde aquí una cascada citada por Li Bai:
    El sol enciende el Pico Incensario,
    Que exhala un vapor violáceo.
    Lejos una cascada
    Cuelga de la montaña.
    En un vertiginoso vuelo
    Rueda mil pies hacia abajo.
    ¿Estará la Vía Láctea cayendo
    De lo más alto del cielo?

  2. Tiempos « Gotardo J. González dice:

    [...] se tensa mostrando una ilustación que vio hace ya algunos años: el rostro de la cortesana china Yang Guifei ha sido tintado sobre el tejido y contempla vanidosa un brillante o algún otro tipo de [...]

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