De diez mil senderos, se borraron los rastros humanos
Escrito por: Gotardo J. González en Mentiras, Personal«Ultimamente escribes siempre sobre mentiras», me dice ella, «como si te hubiera pasado algo, como si algo hubiese cambiado ahà dentro y ya no fueras el mismo». Le respondo que escribo sobre la verdad, más que como desahogo como una búsqueda sin fruto. No ha pasado nada, no parece que haya habido un detonante para que explotara en dudas de esta manera tan contundente, no en dudas nimias ni pequeñas inseguridades, sino en dudas macroscópicas, falsedades universales; parece sencillamente una progresión, como si tuviera que aprender una lección: lo que querÃa, lo que esperaba, todo en lo que creÃa es en realidad falso. Ahora sabes que siempre has estado equivocado, que tu mundo no era el mismo de los demás.
Resulta difÃcil de explicar, porque no se trata de una colección de pequeñas inseguridades, sino de una incredulidad certera y absoluta, sin ejemplos, sin manifestaciones ciertas. Una vez que entendà que tenÃa que buscar perspectiva para entender la Verdad, me di cuenta de que todo era falso. Ahora dudo incluso de usted, que me está leyendo, porque ni siquiera puedo tener la certeza de que esté ahÃ; y me pregunto de qué me sirve contarlo, si mis palabras no tienen ningún efecto en nadie, si lo que digo no tiene respuestas. Asà es como he perdido la perspectiva, de esta forma me he vuelto irreal, como en la canción: «Aquel de allà no soy yo, no estoy aquÃ, no estoy aquÃ, esto no está ocurriendo». Pero no me malinterpreten, no me apena, ni siquiera me contrarÃa, tan solo pienso en ello, porque es la única prueba de que hay algo vivo en mÃ.
Cuando se duda de la existencia de todo, incluida la de uno mismo, es imposible encontrar la lógica, la normalidad, todo se convierte en un sueño fuera de madre al borde de colapso, del final. Pero no me apena, el fin de un sueño es un despertar y quién sabe hasta dónde pueden llegar nuestros sentidos. FIN


















Entradas (RSS)