Triple réquiem circense
Escrito por: Gotardo J. González en Antonio Puerta, Emma Penella, Francisco Umbral, Literatura, Opinión, TelevisiónTres muertes han acaparado la atención de los medios en las últimas horas, las de Emma Penella, Paco Umbral y Antonio Puerta.
La primera, la actriz Emma Penella, falleció ayer tras una carrera de casi sesenta años, de la que se ha recordado principalmente su última etapa, en la serie televisiva Aquà no hay quien viva y en su versión en la competencia, La que se avecina. Su papel en pelÃculas como El verdugo o La estanquera de Vallecas se ha quedado en meras menciones, mientras que otras pelÃculas como La busca (1966), dirigida por Angelino Fons y protagonizada por un jovencÃsimo Jacques Perrin, parecen olvidadas hasta en la Wikipedia.
Siguiendo con la inercia mediática de justificar la metamorfosis de la muerte en noticia del dÃa con cualquier estupidez, la figura de Francisco Umbral, fallecido hoy, se veÃa ensalzada en los periódicos, que hablaban de su calidad literaria e independencia, mientras la televisión recordaba como momento cumbre de su carrera aquel de la década pasada en el que se quejaba, con toda la razón del mundo, de estar haciendo el ‘paria’ en un programa de televisión con Mercedes Milá.
El fondo fangoso del morbo más mezquino y carroñero, cómodo ecosistema televisivo, ha vuelto a ser alcanzado con la muerte de Antonio Puerta, fallecido esta tarde a causa de los daños cerebrales causados por las sucesivas paradas cardiorespiratorias que sufrÃo el sábado, cuando disputaba el Sevilla - Getafe de la primera jornada de liga. La suerte rastrera propició que las cámaras pudieran grabar la escena de la reanimación del jugador y que, en consecuencia, se hayan podido emitir las imágenes de Antonio Puerta al borde de la muerte las veces necesarias para memorizar cada uno de sus gestos agónicos. Ya de paso, familiares y amigos tendrán un video más que poner junto a los de las bodas, bautizos y comuniones. Es el gusto que tenemos por el morbo, por la contemplación del sufrimiento innecesario.
Estos tres han sido ejemplos de noticias desviadas que nos ayudarán a recordar a una buena actriz por una coletilla comercial, a un buen escritor por un arrebato de genio -que se prepare Fernando Fernán Gómez, que me apuesto a que media España aún no sabe que escribe, ni le importa-, y a un futbolista cuya hazaña más popular ha sido morir en público para ser exhibido en televisión como una enfermiza atracción circense.



















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