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Archivo de la Categoría “Leonard Cohen”


Deberías parar, abotonarte esa vieja gabardina, levantarle el cuello y bajar a la calle, caminar con la cabeza baja pensando en Ella, que cada día cambia de nombre sin que cambie su rostro -acaso será su cara el espejo de tu alma-. Deberías pasear por Brooklyn, entrar a esa nueva librería, saludar a su dependiente oriental y comprar un nuevo cuaderno para empezar una nueva historia. Deberías descansar ahora que terminaron las persecuciones, las caminatas nerviosas hacia los andenes, quizás escondiendo un revólver debajo del brazo, quizás huyendo de las miradas de aquellos que esperaban el momento de precipitarse sobre tí, quizás delatado por una estrella amarilla en tu ropa. Tal vez sea el momento de pulsar de nuevo las cuerdas de tu guitarra e imaginar que inventas una canción, porque del mismo modo que acaricias el mástil te acariciaban la brisa y el salitre aquella mañana de agosto.

Es el momento de caminar de nuevo, sentado en tu sillón paseas por París, tal y como lo vio Cortázar, buscando a alguien, quizás a una mujer que ya no te importa, esperando que suceda algo que cambie tu vida para siempre. No importa que al otro lado de la ventana el sol resbale por las fachadas de Granada, el frío de Nueva York te llevará de madrugada hacia una melodía en Clinton Street; pasearás por Manhattan con Woody Allen y por Londres con Monet. Después de ver morir a los húsares franceses en Andalucía, los puentes volados de la antigua Yugoslavia, el rojo y el negro de la ruleta en el casino más famoso de una ciudad ficticia; después de correr hacia las montañas con un grupo de republicanos, huyendo de los sublevados, llegaste a despertar una mañana convertido en un horrible insecto. Escapaste del estómago del lobo para morir con Grenouille, devorado por aquellas fauces hambrientas que te ajusticiaron por todos tus crímenes -quizá también por todos los trabajos que hiciste a encargo de don Vito Corleone-. Aterrorizado en tu sillón, escucharás unos golpes en la puerta que revelan la visita de un cuervo de mal agüero y sólo podrás desahogar el terror con aquel grito de Munch.

Deberías parar, yo te esperaré aquí, entonando sones que hasta a mis padres les parecen antiguos, y luego seguiremos escribiendo historias que nadie más vivirá. Dicen que el arte es lo que te hace sentir algo, lo que te puede llevar a algún lugar. ¿A tí, adónde te ha llevado?.

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