Y si nos queda algún diente comeremos turrón
Escrito por: Gotardo J. González en Nacho Vegas, NavidadMientras la gente prepara sus décimos de loterÃa para seguir mañana el Sorteo de Navidad, mientras los niños del Colegio de San Ildefonso ensayan sus gorgoritos multimillonarios -en euros para desgracia de más de uno nostálgico-, mientras los colegios van cerrando y los niños terminan sus funciones de navidad, mientras la gente canturrea villancicos, yo me acabo de sorprender leyendo a ese gran escritor, Anónimo -de quien no recuerdo el segundo apellido-, «se abalanza el pobre ciego como cabrón y de toda su fuerza arremete», y escuchando a Nacho Vegas, «hay cerca del Damm cuatro putas que bailan un vals detrás de un cristal». Me consta que quedan agraciados capaces de sentir el espÃritu de la Navidad, ya sea por conmemoración del advenimiento mundano de Su Alteza Celestial el Niño Jesús (en adelante SAC), por exaltación del cariño familiar, amoroso y amistoso, o por la ilusión nacida de una creencia en seres sobre naturales; aunque otros nos entretenemos más refugiados del rostro frÃo que la perra vida nos enseña en estos dÃas de diciembre, escuchando canciones paganas, puteras y satánicas, contando los dÃas para quitar el árbol de Navidad, que estorba, haciendo una porra de los kilos que vamos a ganar en las comidas, cenas y demás compromisos detestables, buscando una proporcionalidad en el crecimiento del abdomen y de la alopecia. Parece obvio, ahora que lo pienso, que quien no siente el espÃritu de la Navidad es bombardeado con los tópicos más miserables; en cualquier caso, bienaventurados los pobres de espÃritu, cheers, aunque no sé porqué.
La gran mayorÃa de la gente frota sus manos, baraja las papeletas con los rótulos de la pescaderÃa, la carnicerÃa, el colegio de niños tonticos, aprende de memoria las terminaciones de sus números. Precisamente hoy empieza el invierno, hoy empieza la Navidad, fun, fun, fun, en estos dÃas en que ya todos estamos cansados de anuncios, adornos, comidas. Cuando ya parece que estamos llegando al cansancio de los últimos dÃas, los primeros reportajes sobre los niños de San Ildefonso nos recuerdan que todo esto no ha hecho más que empezar -y yo me acuerdo de cierta canción que hablaba de cagarse en cierta fiesta tradicional-. Ahora es cuando tienen que venir las sonrisas forzadas, porque vas a volver a ver en una cena al primo de tu primo que ni siquiera recuerdas cómo se llama, y porque el advenimiento de SAC nos redimió a todos, caciques e hijos de puta incluÃdos, sin menospreciar a asesinos y especuladores.
Yo no quiero joderte la fiesta, cariño, pero te recuerdo que lo más probable es que no te toque la loterÃa, que cabe la posibilidad de que la mahonesa te revuelva las tripas, sobre todo si se te va un poco la mano con el vinazo, y que el cotillón de Nochevieja al que vas a ir es una mierda de fiesta en la que sólo te van a poner garrafón, como todos los años, llena de imbéciles que adolecen de un insensato buen humor por inercia. Es importante, cariño, que recuerdes que nadie está obligado a ser feliz.


















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