
I. Un hombre pisa suelo común, asfalto, adoquines, losas, incapaz de intuir a unos metros bajo el suelo la posible existencia de objetos de más de dos mil años de antigüedad. Frente a él, se alzan las ruinas parcialmente reconstruidas de un templo que recibe el nombre de una diosa a la que nunca rindió homenaje: Diana. La ciudad, que ahora se llama Mérida, le mira cara a cara con vanidad.
II. Acteón contempla con lascivia a Artemisa. Más allá de la belleza de la diosa, a quien en Roma llamarán Diana, Acteón es ineluctablemente atraÃdo por el bien guardado misterio de su anatomÃa, por el peligro vigente que supone la profanación visual de la virginidad de Artemisa. En medio de un vórtice de adrenalina y atracción sexual, Acteón es descubierto por Artemisa, convertido en venado y devorado por sus perros de presa.
III. Durante el siglo XVII, el falso templo de Diana fue utilizado como vivienda. Podemos imaginarlo habitado por un noble y por su familia, por una doncella tal vez. Y tal vez podamos imaginar al vulgo pasar ante el templo de Diana desviando la mirada para descubrir entre sus columnas la inalcanzable presencia de una mujer preciosa.
Unos metros calle arriba, desde las ruinas de un complejo monumental, la cara de la Medusa vigila al paseante que curiosea por las calles de Augusta Emerita.
IV. Acteón, o quizás su sólo su mirada mitológica reencarnada en otro hombre, uno contemporáneao, se yerge sobre el asfalto observando el templo de Diana. Más tarde descubrirá que entre las columnas del templo vislumbraba la imaginación de un futuro lejano. La reencarnación de Acteón se mira a sà mismo en el espejo de Mérida, que es la reencarnación de Augusta Emérita, dos hombres, dos tiempos, una sola intuición: la de una construcción futura y monumental que sobreviva más allá del tiempo. El nombre de Artemisa transfigurado y encarnado en un templo que no le pertenece, el nombre de Acteón repetido milenios después, en tercera persona, en otro cuerpo, la pervivencia intuitivamente eterna del nombre verdadero, quizás la inmortalidad a secas, configura el fin de todo hombre.
Tags: Acteón, Diana, Mérida

















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22 Enero 2009 a las 12:50 am
No se si Ustedes han visto el video de el último concierto de Elvis Presley, si son buenos observadores, cual detective notaran que al hacer la entrada al pequeño zaguan que lo separaba del escenario, apostados a lado y lado estaban ubicados dos policias a quien él miró con cierta ironia, mientras elevaba sus ojos al techo y se le notaba el llanto reprimido como de angustia o de tristeza, sus ayudantes le pasaron un vaso de cola y el apuro un sorbo, y pasó rapidamente, mientras a su lado habÃa un hombre vestido de color oscuro y de corbata quien lo miraba con displicencia, y como si estuviera ahà para vigilar sus pasos; luego en el escenario por sus mejillas rodaron unas lágrimas y su voz se quebró, me pregunto, podÃa él en ese momento intuir su muerte? porque sabÃa que era su último concierto, las imágenes lo hacen pensar a uno, que algo habÃa detras de todo esto, las canciones tan puntuales, de alguien que se despide, de alguien que a la vez hace recuento de su vida… no es paradógico… este video me hace pensar que en realidad fué un retiro con decoro, forzado porlas circunstancias y que aun vive…