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Me enamoré de Londres una noche de marzo, hace tantos años que no recuerdo cuándo, desde la distancia del vuelo que me llevó a Gatwick, a la vez que caían las primeras bombas de la guerra de Irak. Me enamoré con la avidez de lo exótico, quizás porque en algún momento pensé que quería vivir en lo atemporal de sus edificios victorianos, en la libertad anónima de Camden Town, en el gris azulado de su niebla fría, en la bohemia estilizada de su cielo, de los libros de Oscar Wilde y los discos de The Beatles, en los compactos polvorientos de las pequeñas tiendas. Tenía, en mayor o menor medida, esa claustrofobia desvelada de las ciudades natales. Londres, quizá como cualquier otra ciudad de apariencia remota, parece desde Granada una telaraña infinita de calles por descubrir, las mismas calles que recorría aquel agente secreto de Joseph Conrad.

Como soy una persona de pasiones efímeras, pronto sustituí mi pasión británica por un escarceo con las calles de Madrid, que son, al fin y al cabo, otro grupúsculo más de luces de feria capaces de encandilar a cualquier provinciano. Creo que en algún momento también tonteé con Málaga, con mi primer romance, que fue Florencia, e incluso con Barcelona, con la que tuve un amor platónico porque nos separa, parece ser, cierta diferencia idiomática. Me gustan París y Ruán, Venecia y casi cualquier pueblo del Mediterráneo. Se trata, en definitiva, de esa vocación viajera de los poetas románticos que también tenemos algunos hombres aunque no seamos ni románticos ni poetas, quizás porque de vez en cuando nos resulta necesario sentir un falso cosquilleo de víspera de viaje, o porque creemos encontrar, como donálvaros, cierto alivio en un vaivén ebrio por la geografía mundana, o porque a veces creemos que es necesario evadirse de lo cotidiano en algún Hotel Existencia, como decía Paul Auster, o en alguna isla griega, como hizo Leonard Cohen, para escribir algo brillante y volver triunfal, incluso erudito.

Una de mis últimas pasiones, como saben ustedes, mis cuatro gatos lectores, no es geográfica ni urbanística, sino literaria. Fue leyendo a los poetas románticos chinos cuando intenté heredar, definitivamente, cierta obsesión compulsiva por observar en lugar de querer ir y venir. Basta con observar, como decía Lu Ji en su Wenfu, «observo los diez mil seres y medito sobre la diversidad». Observar, pensé, y utilizar un lenguaje sencillo y sugerente a la hora de escribir, como Altolaguirre, «era mi dolor tan alto que la puerta de la casa de donde salí llorando me llegaba a la cintura», como Neruda, «puedo escribir los versos más tristes esta noche». Pero no puedo. Más allá de los motivos técnicos, que por ahora obviaremos por piedad al arriba firmante, hay que encontrar la razón en el fondo en lugar de buscarla en la forma, porque después de cruzarme con tanta gente perdida en los mapas de ciudades extranjeras, en los colores cruzados del croquis del metro de Londres, quizás habría que preguntarse si no estamos mirando hacia el lugar equivocado y con los ojos equivocados, porque, como dijo Lu Ji, «la poesía nace de los sentimientos, borda la delicadeza», e imagino que con ‘sentimientos’ se refería a ese ‘corazón’ que en chino antiguo hacía referencia a la mente, al alma y a lo sentimientos –aunque de esto no estoy muy seguro- y ninguna en ciudad que yo conozca he visto ni un ápice de delicadeza o de sentimiento. Ni un alma.

9 Respuestas a “El camino de los ingleses”
  1. Florie dice:

    心

    y brindemos por los viajes interiores (literatura; con y sin escritura, lo que hay ahí dentro siempre es literatura)

    quería encontrar una cita sobre viajes, pero prefiero quedarme con esta que es tuya:
    “Sin embargo, leyendo La hierba roja de Boris Vian aprendí a realizar ciertos viajes interiores -el extranjero está demasiado lejos del corazón (xin) como para poder hablar de uno mismo-”

  2. ballroom dice:

    Llevo varias noches teniendo unos sueños extrañísimos de esos en los que se mezcla todo y una persona tiene a la vez varias identidades que se van sucediendo o entremezclando a lo largo del sueño. Entre todas estas personas, había alguien que parecía o era claramente “Goti”.
    Y hoy, por las cosas de internet, he acabado aquí. Evidentemente, no he podido resistir hacer un comentario.
    He leído varios artículos, pero me ha llamado la atención especialmente éste, por Londres…
    Es curioso… han pasado los años y me cuesta trabajo decir qué parte de nosotros se ha conservado y cuál ha cambiado. Imagino que sí llegué a hablar contigo en algún momento de Londres (Londonlondoners) y de Tintín… pero no creo que llegáramos a hablar de Boris Vian, ni de LATI, ni de si te gusta o deja de gustarte Six Feet Under.
    Y nada más! Es septiembre, mes por excelencia de la melancolía, la nostalgia y los recuerdos (al menos para mí) y no he podido evitar hacer una pequeña intervención estilo “fantasma del pasado”.
    Hasta la próxima.

  3. Gotardo dice:

    Les contaré un secreto: últimamente escribo un poco más -por eso esto lleva parado dos o tres días-, y les aseguro que eso es un verdadero viaje interior. Creo que he aprendido bastantes cosas. No de LATI, ballroom, por desgracia o por fortuna. He de decir que ando embaucado en cierta narración en la que uno de los personajes se llama Laura, puede que ha muchos de ustedes les resulte trivial, pero creo alguien descubrirá en este detalle una pequeña coincidencia.
    Ballroom, el tiempo no es absoluto, los fantasmas del pasado pueden ser también los del futuro, las apariciones siempre son agradables y los “Hasta la próxima” vaticinan que llegará el momento en el que hablemos de Boris Vian y de LATI. De Six Feet Under no puedo decir nada porque nunca la he visto, seguro que Florie ve aquí también una pequeña casualidad.
    Creo que no termino de reconocerte (perdona que te tutee), de hecho me parecias otra persona, sólo tu firma me despista un poco. En la red como en los sueños, las identidades se solapan y las personas cambian.
    Ha sido un placer leerte por aquí, pequeño fantasma.
    A todos les digo una cosa, y cada cual que lea lo que quiera: una historia nunca puede quedarse a medias.

  4. Florie dice:

    Santo cielo. Llevo también unas cuantas noches soñando con identidades entremezcladas que siempre acaban siendo Goti. Eso de hablar con él de Tintín y de Boris Vian también me suena mucho, aunque de eso de LATI ni idea.
    Cuando he leído lo de ’six feet under’ y lo de la aparición fantasmal me he preguntado por un segundo si yo misma había escrito este comentario en un acceso de sonambulismo (en serio). Y a ver si me dejas leer eso Goti ; ), que tuve una pesadilla hace un par de semanas cuya protagonista era una tal Laura.
    Comparativismo y casualidades…

  5. ballroom dice:

    Bueno. Esto sí que no me lo esperaba. Creo que ahora tengo que contestar yo, porque si no va a parecer excesivamente misterioso y no era esa mi intención.
    Me vais a permitir que siga siendo “Ballroom”, que es una broma personal, algo larga de explicar, pero que, entre otras cosas, hace referencia a Ballrooms of Mars y a Life’s a gas…
    Eso precisamente, life’s a gas, y es que en los últimos meses los acontecimientos han hecho que me dé la sensación de que todo va muy deprisa y que quedan muchas cosas a media o por continuar.
    Como todo fantasma que se precie, reaparezco porque algo del pasado parece que vuelve a tener sentido.
    Una gran parte de mis recuerdos-de-infancia están atados a Goti, que en estos días se empeña en aparecer en mis sueños.
    Ahora compartimos esa fascinación por otras lenguas y por lo extranjero (yo misma he sido siempre algo extranjera) y aunque las circunstancias nos han hecho (sin que ninguno lo buscara) convertirnos en extraños/aliens, es estupendo ver que un antiguo amigo está tan bien.
    Un saludo y mis mejores deseos.

  6. Gotardo dice:

    Gracias por eso de que estoy tan bien, Ballroom, lo interpretaré en el amplio sentido de la palabra, que es más interesante :D
    No nos queda más remedio que respetar tu decisión de llamarte Ballroom, porque There are things in night, that are better not to behold. Acabas de agudizar el misterio. Es divertido. Supongo que John Lennon knows your name. Cuando quieras bailamos un quickstep.

  7. Florie dice:

    Nota comparatista y que no tiene mucho que ver con el misterio, pero ha sido un flash; a mí esto “There are things in night, that are better not to behold” me recuerda Goti lo de “But baby, hush/’Cause all the city is sleeping/And baby, rush/This is time we’re stealing” de Marlango -qué tiempos aquellos en mi mp3 : )

  8. Gotardo dice:

    Recuerdos a Mulder y Scully.

  9. Vuelo 714 » Ya somos más viejos y sinceros dice:

    [...] de los inglesesFlorie on El camino de los inglesesGotardo on El camino de los inglesesballroom on El camino de los inglesesFlorie on No te echaré de menos en septiembreGotardo on No te echaré de menos en septiembreFlorie [...]

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