Han debido apalzar el dÃa del estÃo: ahora el cielo viene trenzado de nubes, de cabellos envejecidos que lloran las lágrimas que yo no he tenido tiempo de derramar, fumigando las aceras, humedeciendo las mejillas cansadas de tanta sequedad. Me acompaña el caminar del peregrino que ya no está, el eco sordo de la voz que habla desde la distancia, la ausencia de las aves migratorias que se desvanecen en el horizonte, la hora insomne de las alimañas.
Sólo quedan los huecos de lo que antes fue: un solar donde hubo una estación; una quimera donde se forjó la esperanza; donde habitaron personas, no más que una ciudad.
Fue ayer cuando empecé a notar este incesante hormigueo entre las vÃsceras, el que deja una oquedad de órgano desaparecido, de función vital extirpada, de paz insatisfecha. Paseaba bajo el sol de medio dÃa e incluso las horas habÃan desaparecido, sólo quedaban agujas en el espacio de los minutos, en el tiempo que pasa convirtiéndonos a nosotros, a las promesas, en el vacÃo que espera un futuro que nunca llegará.
Cuando se marchó ella, entre el pulmón izquierdo y el derecho, sólo me quedó el pobre fruto de la retórica vacua.


















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21 Mayo 2008 a las 12:12 am
Siempre…
21 Mayo 2008 a las 8:14 pm
Como siempre, preciosa forma de plasmar sentimientos, cómo me gustarÃa poder tener esta habilidad!Sin ir más lejos ayer la recagué, por no saber expresar los mios.