El paÃs en que vivÃa Lucas, el maquinista del tren
Escrito por: Gotardo J. González en Hermann Hesse, Khalil Gibran, Michael Ende, Miguel HernándezEstaba buscando en el angosto trastero a Khalil Gibran (جبران خليل جبران), guiado por mi curiosidad, despertada por las palabras del libanés: «Y hallé en mis locuras la libertad y la seguridad; la libertad de la soledad y la seguridad de ser comprendido, pues aquellos que nos comprenden esclavizan algo en nosotros». En las cajas de viejos libros habÃa también algún volúmen de Miguel Hernández: «Enriquezco tu mano / cortando uvas / cubiertas por los soles / y por las lunas. ¡Ay si quisieras / que cortara tus besos / con mis tijeras!».
Cuando creà estar abriéndome paso hacia nuevos mundos, por sorpresa encontré un libro que leà cuando aún dudaba de la existencia de los dragones: Jim Botón y Lucas el maquinista. Yo que querÃa aprender el placer de la locura solitaria de los libros de Khalil Gibran -también el de la soledad cuerda de Hermann Hesse- y el dulzor doloroso de los amores de Miguel Hernández, me encontré de repente con una vieja historia que, ahora en el recuerdo, se me antoja el primer viaje que hice jamás. Quizás Michael Ende fuera el guÃa de mis primeras lecturas, al menos de las primeras lecturas que recuerdo con nostalgia, porque todos aquellos mundos que podÃa imaginar estaban contenidos en aquellos libros -La historia interminable, El secreto de Lena, Momo-, y cuantos más mundos visitaba, más universos era yo capaz de componer con la imaginación y a más mundos podÃa llegar a través de la lectura. Eran los viajes trayectos cuyos destinos se multiplicaban de una manera plástica e infinita. Fueron aquellos los primeros ventanales hacia el universo de lo intangible, de lo irremediablemente incierto pero innegablemente creÃble.
Navegar por océanos imposibles, evadirse en irrealidades cómodas, me parece ahora imprescindible para comprender lo que es cierto e irrefutable. Todo habrÃa sido diferente si yo no hubiese viajado a la China en la locomotora Emma, o volado por FantasÃa con el dragón Fuyu, o seguido a la tortuga Casiopea.
Ahora me pregunto en qué momento olvidé aquellas historias para sustituirlas por este aburrido mundo de las habitaciones solitarias, de los poemas en los que sólo la luna arroja un leve claro y el vino un ápice de color, de los dÃas que parecen atravesarse con mi cuerpo como se atravesaban en el de Miguel Hernández: «Hoy estoy sin saber yo no sé cómo, / hoy estoy para penas solamente, / hoy no tengo amistad, / hoy sólo tengo ansias / de arrancarme de cuajo el corazón / y ponerlo debajo de un zapato». Y también me pregúnto cuán absurdo es este lugar que no se puede expresar con palabras, para el que no encuentro poema alguno. Ahora sé que no se pueden comprender las penas si no es gracias a la ilusión de lo que se ha vivido y lo que se ha soñado, y viceversa.
¿Será que uno no debe olvidar nunca que el paÃs de lo irreal forma también parte de nuestro mundo verdadero?


















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16 Noviembre 2007 a las 3:18 pm
Será…
16 Noviembre 2007 a las 3:21 pm
Más bien no hay que olvidar que todo ese mundo de lo irreal es también parte de ti, de todos. Si no tuviéramos ese paÃs en el que evadirnos probablemente nos habrÃamos pegado un tiro ya.
Por cierto eres muy friki
:P
16 Noviembre 2007 a las 10:22 pm
Borges dijo:”El tiempo es la sustancia de la que estoy hecho”. Medita sobre ello Torreta. Nada más que decir.
17 Noviembre 2007 a las 4:54 pm
Florie, realmente es; Dabolina lo ha explicado mucho mejor que yo, aunque me gustarÃa matizar: más que un lugar de evasión lo entiendo como un punto de apoyo -un dÃa de estos desarrollaré la idea un poco más-.
Por cierto, Dabolina, ¿por qué dices que soy friki?.
Adri, llevo varios dÃas dándole vueltas a algo parecido. DecÃa Carl Sagan que todos estamos hechos de estrellas y, lejos de decirlo buscando una retórica barata y trillada, lo decÃa con un gran conocimiento de causa. Me parece interesante la idea porque eso significa que somos parte de un todo. ¿DeberÃamos olvidar por lo tanto esa conciencia individual para pensar con una globalidad cosmológica? Si es asÃ, se confirma lo que yo creÃa: todo lobo estepario está rematadamente equivocado.
17 Noviembre 2007 a las 5:08 pm
Me gusta esta lÃnea de pensamiento; lo de las estrellas de Sagan,y que sea algo, intuyo, real y cientÃfico.
Me ha hecho pensar en un poema que he leÃdo hace poco, y que habla de un universo donde las estrellas son la clave, del paisaje, del ritmo, de los hechos, de las vidas:
Quand le ciel étoilé couvre notre demeure
Nous nous taisons durant des heures
Devant son feu intense et doux
Pour nous sentir, plus fervemment, émus de nous.
Les grands astres d’argent tracent là -haut leur route ;
Sous les flammes et les lueurs
La nuit étend ses profondeurs
Et le calme est si grand que l’océan l’écoute !
Mais qu’importe que se taise même la mer,
Si dans l’espace immense et clair
Plein d’invisible violence
Nos coeurs battent si fort qu’ils font tout le silence !
Émile Verhaeren (1855-1915)
17 Noviembre 2007 a las 5:22 pm
Y… aunque sea algo ya bastante repetido… seguiremos el camino amarillo (el yellow brick road) convencidos de que there’s a place for us.