«Quemad en silencio cuanto yo escriba, regaladlo al viento». Los versos más nostálgicos son los que nos unen con más fuerza al recuerdo. Recordar con vehemencia es además olvidar el resto, desasirse de todo, ebrios de alguna extraña necesidad, para obcecarse en la paradoja nostálgica de añorar todo aquello que queremos rendir al olvido. «Marzo, vuelves a mÃ, como una ola que no perdona y siempre retoma el camino a seguir».
Creo que solÃa escuchar aquella canción, Marzo -de un grupo que se llamaba El tiempo y que desapareció sin dejar rastro hace unos años-, a finales del otoño de no recuerdo qué año, quizás por eso ahora no identifico este marzo, que vuelve sin el gris de entonces -salvo por la ventisca ártica que ha sorprendido esta tarde la ciudad-. «Fue duro el invierno, no supe nada de ti». Me sentaba en mi habitación, o en el sofá del local de ensayo, le dábamos vueltas a un disco que se llamaba Zahorà y que aprendimos de memoria. Aquella era la música que siempre quisimos hacer, el sonido de nuestro refugio; el color era aquel de los nublos sin lluvia.
Pero marzo no ha vuelto con la delicadeza del invierno, sino con la avidez de una primavera súbita que parece hacer correr el tiempo. Han pasado demasiados años y aquellos dÃas parecen pertenecer a la memoria de otra persona, los recuerdos de aquel tiempo está más allá del recuerdo, se desvanecen como si se desvaneciera una parte de lo que fui, se confunde con otros momentos que entonces me hubieran parecido tan diferentes: las mañanas de clase que pasábamos en un banco al sol, las tardes de ensayo y de charla en el sofá, las noches que se diluÃan deshechas en un arroyo de tiempo, los vaqueros rotos y las canciones desmembradas. Ahora somos personas distintas y no ha quedado en nosotros lugar para el recuerdo. Tal vez ya no estemos tan solos como en aquella adolescencia tardÃa y maldita.
Salimos de nuestro escondite, dejamos de vernos y nuestros instrumentos quedaron en silencio. De eso hace ya muchos años. El instinto de guarecernos dio paso al esfuerzo por escapar: lo único que queda de marzo en esta ciudad es la aspereza del aire, el candor de la esperanza por huir de la urbe. Nos volveremos a ver en una playa, entre el olor tenue del salitre y el amargo del licor, que sobrevive al frÃo invierno, incapaces de escribir una canción, lo que agudizará la nostalgia de aquel tiempo en el que eramos capaces de ansiar el recuerdo. «Marzo, deshielo por ti». Ahora sé que al dejar de buscar ciertos momentos el tiempo pasado se abandona en jirones de minutos olvidados, como la lluvia rota en gotas que se deshacen, como la música partida en compases, como el sol que estos dÃas se rompe a través de la persiana al depsertarme desnudo, como si un mayo nuevo floreciera en el árido recuerdo de marzo.
Tags: Grupo El Tiempo, Música, Personal

















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