Pese a que soy un carroñero de la caja tonta, últimamente he empezado a ver Doctor en Alaska, que en su momento, por el mal trato que se le dio en la parrilla televisiva, no tuve oportunidad ni ganas de seguir. La serie retrata a una serie de personas, cada cual más excéntrica, que habitan un lugar miserable de Alaska. Son mezquinos, histéricos, inseguros, garrulos; uno casi dirÃa que huelen mal. Hoy he visto, en una escena, una boda en la que sonaba como música de fondo, en el solemne órgano, una versión ceremonial de My Way, de Sinatra -and now the end is near and so I face the final curtain, ya saben cómo sigue-. Imagino que en el rodaje pensaron que grabar el enlace con The End de The Doors habrÃa resultado soez. Se pueden imaginar ante semejante panorama que al final los novios no se casan: el futuro esposo no aparece y, más tarde, en un segundo intento nupcial, deciden de mutuo acuerdo no contraer matrimonio. El capÃtulo termina con Fleischman, el doctor en Alaska en cuestión, en mitad de la calle, mirando estupefacto a los ojos de un alce o un cuadrúpedo cornudo similar. El pueblo está tan bien dibujado, los perfiles de los personajes tan bien definidos, que a uno le apetecerÃa encerrarlos en un sanatorio para los restos, candar la puerta y tirar la llave bien lejos.
Igual de grotesca era la visión de los Estados Unidos de La conjura de los necios del malogrado John Kennedy Toole. El panorama americano que describe es desmesuradamente enfermizo. Su protagonista, Ignatius Reilly, reune en su persona un amalgama de los peores calificativos: es ruin, obeso, pestilente, egoÃsta, pedante y, lo peor de todo, un fracasado integral. El gran mérito de John Kennedy Toole no consiste en haber definido al personaje con tanta contundencia, consiguiendo que el lector sienta una repulsión inmediata y asesina hacia él. Toole fue más allá con esta novela, supo envolver al lector en esa atmósfera animal y hacer que se sintiera identificado.
En la ficción uno puede reconocer lo grotesco de nuestra existencia, ese burdo pasear por la vida que reconocemos en quienes nos rodean como si fuera algo meramente ajeno. Estos reflejos, a veces cómicos, del ser humano, nos sirven para ver la paja en el ojo propio, para reconocernos en el doctor Fleischman y en su odio ególatra hacia todo lo que le rodea, en Ignatius Reilly, tan imperfecto y a la vez tan inconsciente de su propia imperfección, y no en una especie de deidad virtuosa de la que todo el mundo está alejando. Nadie merece estar en los altares. La ficción pergeña en ocasiones una visión de la sociedad que no está tan alejada de nuestra verdadera rutina, de ese lado frágil, repulsivo y escatológico. La comedia, en conclusión, parece ser la fotografÃa dramática de aquello que en realidad somos, pero nunca quisimos ser.


















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7 Agosto 2007 a las 11:00 pm
Mi experiencia con Doctor en Alaska es de videoclub. Creo que cuando se emitió por primera vez estaba todavÃa enganchada a series como ‘Small wonder’, ‘Punky Brewster’, etc. Pero el año pasado, cuando varios compañeros me insistieron unas mil cuatrocientas cincuenta veces que la viera, alquilé los seis o siete capÃtulos que están en el mercado.
Mi primera impresión: aburrimiento. Una vez superada esa fase, segunda impresión: decepción. Sà es verdad que llegué a ver todos los capÃtulos con creciente curiosidad, gracias a un par de personajes que sà me gustaron, mucho, -quizás por contraste con todos los demás-, a saber, Ed Chigliak y Marilyn Whirlwind (la que despreocupadamente dice ‘ajá, ajá, ajá’ todo el tiempo) y dos o tres memorables personajes secundarios, cuyo nombre o función no alcanzo a recordar.
Quienes defienden esta serie, justifican las constantes referencias literarias en el programa de radio de Cicely, tipo Walt Whitman y otros. Hay quien (no he sido yo) habla de lo ‘ciceliano’ en paralelismo con ‘lo kafkiano’…, ¿qué opinas?
Una anécdota: quienes me recomendaron esta serie también me recomendaron que leyera ‘La conjura de los necios’ :S
Pero no la he leÃdo, asà que no puedo opinar.
7 Agosto 2007 a las 11:19 pm
1. Aclaración: en ningún momento he intentado comparar Doctor en Alaska con La conjura de los necios.
2. El punto de partida de Doctor en Alaska puede ser Kafkiano, no digo que no. Pregunto: ¿qué no es grotescamente kafkiano?
7 Agosto 2007 a las 11:24 pm
1. Lo sé, lo he comentado anecdóticamente porque estos compañeros solo me han recomendado dos cosas, y fueron esas dos, pero sin hacer ningún tipo de comparación.
2. Se dice que la atmósfera en Cicely es kafkiana por lo claustrofóbico, por lo absurdo, asà que sÃ, puede ser, y por extensión, por lo grotesco, por supuesto.
31 Diciembre 2007 a las 1:01 am
[...] conté hace unos meses que habÃa comenzado a ver la serie de televisión Doctor en Alaska y desde entonces, siempre que tengo tiempo, veo algún capÃtulo. Ando por la quinta temporada, con [...]