If it’d be your will to let me sing
Escrito por: Gotardo J. González en Literatura, MúsicaYa sabes que tengo mala memoria, por eso te escribo, para que recuerdes todas y cada una de mis palabras, para que no se pierdan en ese limbo que es el pasado una vez que yo las haya olvidado, para que pervivan de alguna forma, incluso cuando yo ya te haya olvidado a ti. Por aquella época las palabras lo llenaban todo, quizás de una forma difusa -pero la niebla de las palabras jamás se disipa-, aunque colmadas de sonoridad, coloridas como los cuadernos de la infancia. HabÃa colores chillones y palabras brillantes también en los años ochenta: la radiante sonrisa de Risi en la bolsa roja de triskis, las niñas y niñeras de añil que tañÃan las palmas, las finas faldas de la mesa y de las fenestras, el jolgorio y los juegos en la placeta con plastilina. Las letras eran jeroglÃficos inexplicables, un lenguaje sin sentido para quienes empezábamos a vestir baberos a rayas azules y blancas -apenas sabÃamos escribir nuestro propio nombre, quizás reconocerlo con dificultad-, de modo que las palabras reclamaban su presencia dilatándose en la boca con cada sÃlaba pronunciada: zángano, hogaza, abuelo.
Aquel era un precedente en la historia de mi vida como los ha habido en la historia de la humanidad. Igual que las canciones llenaban hace cientos y miles de años las bocas de los iletrados con un afán cronista y comunicativo, la música, el sonido y no otra cosa, debÃa convertirse en mi vida en una forma de expresión, y quien dice expresión, quiera o no quiera, dice comunicación. Aquellos fueron los primeros dÃas sonoros, no recuerdo los anteriores, y de entonces apenas me quedan canciones infantiles, creo que ya habÃa irrumpido el rock en mi corta existencia, si es que eso no es algo con lo que se nazca.
Tal vez todo resida en el movimiento ondulatorio: la vibración de la luz, la vibración del aire, la vibración de los miembros nerviosos por la emoción. Todo se resume en sonidos, llámense música, llámense poesÃa, llámense ritmo en la prosa, sean calculados por un poeta o pronunciados por un niño que tararea canciones mientras dibuja o que inventa palabras en el patio del colegio. No existe la sinestesia: el rojo bermellón es exactamente igual a un grito de felicidad emotiva -¿por qué, si no, iba a ser de la sangre de un color distinto al del agua?-.
Es a través de las vibraciones, fÃsicas o imaginadas, como sentimos, como podemos asegurar que estamo vivos. AsÃ, es posible que unos labios se abran, con la lengua rosada agitada porque eclosiona un nombre en la boca, como un manantial de almÃbar o de miel o de amor caramelizado -quiero que lo recuerdes tú para combatir mi olvido-; asà es posible que una persona cante tu nombre cada vez que lo pronuncia haciendo danzar cada brizna de aire. Por eso no debes dejar que tu boca se vacÃe de palabras ni de canciones, de nombres florecientes y apelativos galantes; recuérdalo, recuérdalo al menos mientras yo lo haya olvidado.


















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23 Octubre 2007 a las 12:03 pm
Recordando la infancia y, dime, ¿qué es mejor: el ParaÃso Perdido o la Tierra Prometida? Hay quien dice que son el mismo lugar… yo no lo creo.
23 Octubre 2007 a las 12:16 pm
Bueno ballroom, creo que debo trasladar la pregunta a los lectores, aunque no puedo evitar hacer un pequeño intento de respuesta.
La Tierra Prometida no es más que una promesa y parece intangible. Asà que por mà se la puede quedar quien crea en ella -el cuento de Never Never Land está bien para un rato, pero no me parece fidedigno-.
Supongo que todo el mundo tiene un ParaÃso Perdido o por perder. De estos dos el mejor es el ParaÃso Perdido, porque la conciencia del fracaso siempre puede llevarte a tener un éxito en el intento de recuperarlo -aunque también recuerdo aquellas palabras de Gabo, al lugar donde has sido feliz no debieras tratar de volver, cosa que creo y ejerzo-. Esto nos llevarÃa a concebir la felicidad futura como una Tierra Prometida. Asà que el ParaÃso Perdido tampoco existe.
El ParaÃso por Perder es un fracaso en potencia que acabará por consumarse -porque todo lo que sube baja, todo da vueltas-. Quizás se deba a que habitar un ParaÃso es sólo un producto de la imaginación.
En conclusión, quedémonos con esa parte de la realidad que podemos ver con nuestros sentidos e intentemos descubrir aquello que no entendemos. Lo que vamos a descubrir puede ser agradable o no, pero creo que más vale buscar a algo a quedarse parado.
A ver si el personal nos responde. Y si alguien sabe dónde está la Tierra Prometida, que nos lleve, o lo mandamos al loquero -o a la Iglesia-.
23 Octubre 2007 a las 12:26 pm
Eso es como preguntar ¿qué es mejor el pasado o el futuro?
23 Octubre 2007 a las 12:36 pm
No estoy segura; pero creo que el ParaÃso Perdido y la Tierra Prometida tienen algo que ver con un lugar, ya sea fÃsico (¿real?) o mental (¿imaginario?)… mientras que el futuro y el pasado se refieren solo al tiempo: todos tenemos un pasado y un futuro, pero puede que algunos no recuerden paraÃso perdido ni puedan imaginar tierra prometida. De cualquier modo, tampoco lo tengo muy claro.
23 Octubre 2007 a las 12:38 pm
Hola!!!
Pues visto lo visto lo del ParaÃso Perdido tiene k ser una putada- tú me dirás, encuentras el paraÃso y vas y lo pierdes-, pero lo de la Tierra Prometida es casi peor, mira a los judÃos la k tienen liá.
De todas formas a tÃtulo personal soy demasiado realista, prefiero el Presente Inexacto, k lo posible y lo probable al final son polladas…..8-)
23 Octubre 2007 a las 1:35 pm
En mi opinión el pasado y el futuro son en cierta manera subjetivizaciones, es decir, productos de la mente, que necesita herramientas para expresar el tiempo; el tiempo se experimenta en forma de recuerdo y de creación imaginativa (no debe olvidarse que la palabra preocuparse viene de pre-ocuparse, y que hacer planes o recordar es una forma de ‘escritura’ aunque no se materialice en el papel).También lo es el presente, en la medida que no podemos ver nada de manera objetiva sino aplicando siempre un punto de vista, una perspectiva, o incluso un estado de ánimo. Asà que aquà ahora mismo hablando yo contigo lo que veo es un tú y un yo y un instante real. Lo que vale es lo real; qué sentido tiene entonces la literatura? la ficción no está tan lejos, es solamente una manera de ordenar, desordenar, leer, transformar,soñar, desear, explicar la realidad; opino -ahora mismo aquà y ahora- que meter un dragón en una cocina no es solamente un elemento narrativo, sino una transformación lÃrica de la realidad tan fuerte como la metáfora de un despertar emocional mediante la imagen de un amanecer en un texto poético.
En la misma lÃnea, con respecto al paraÃso perdido y la tierra prometida, pues pienso se acumulan en la memoria y en el tiempo potencial los túyoaquÃahora -que en realidad son los puntos cardinales de la comunicación- hasta que se crea una cadena, cuando queda una huella, y empieza a haber algo tangible;entonces podemos hablar de pasado y futuro, de tierra perdida -en términos fÃsicos, es decir, el ineludible paso del tiempo- y de paraÃso prometido (proyectos, ilusiones, escritura: ganas de avanzar). Podemos hablar de pasado y futuro, de tierra prometida y paraÃso perdido, aunque nuestra experiencia temporal sea inefable, simplemente porque son palabras y expresiones que han logrado trascender de modo que todos compartamos un sentido más o menos homogéneo de lo que pretenden expresar; ciertamente no aportan una realidad absoluta o tangible, o absolutamente expresable, es decir, no existen como tal; son puntos de orientación para la práctica de una las facetas más importantes de la vida humana: la comunicación, sea literaria, sea Ãntima cara a cara, o las dos cosas.