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Hombre de Vitrubio, por Leonardo. Fuente: Wikipedia

«La pasión por la belleza no es un asunto trivial originado por la cultura machista o el capricho femenino», aseguró Punset hace unos años y lo reafirmó hace unos meses con la publicación de El viaje al amor. Lo que hemos aprendido a creer desde siempre –seguramente sin convencernos totalmente de ello-, el cuento de La bella y la bestia, cuya moraleja nos enseñaba que la verdadera belleza está en el interior, es falso, prueba de ello es la generalizada obsesión por el aspecto físico. La percepción de la belleza está condicionada genéticamente y depende del desarrollo hormonal desde las fases más tempranas de la gestación, incluso en los primeros meses de vida ya sentimos atracción por los rostros que consideramos dentro de una normalidad; es entonces cuando aprendemos a apreciar en las personas marcas físicas que reflejan la fertilidad o la salud de un individuo: la simetría en el rostro que denota un buen sistema inmunológico, las formas curvilíneas de las caderas de una mujer que inspiran fertilidad, las facciones acentuadas en el rostro de un hombre que dan seguridad, las proporciones de nuestros cuerpos, cuyo canon viene dado por el número áureo. La belleza está en el exterior y no se trata de una elección voluntaria: nuestro cerebro escoge por nosotros.

Esto es significativo hasta el punto de influir en aspectos no sólo sexuales: la gente bella suele recibir un trato más amable, tiene más facilidades para acceder a un puesto de trabajo, inspira comportamientos sociales más cívicos –de hecho, ante una mujer atractiva, el cerebro masculino cambia automáticamente los patrones de decisión-. Los cánones físicos vienen dados por comportamientos ancestrales: el hombre luchador desembocó en un urbanita que cultiva en gimnasios unos músculos que ya no necesita para nada.

Pero estos factores que definen la belleza no son universales, varían en función del espacio y del tiempo y a ellos se unen otros de más reciente aparición, como puede ser el poder. Se cree que desde hace miles de años, cuando el hombre empezó a dibujar en las paredes de las cavernas, la pintura suponía en cierto modo una ventaja a la hora de seducir: el pintor rupestre demostraba con sus obras un don que parecía ser el reflejo de cierta virtud interior. Eso me hace pensar que la elaboración de una obra que refleje la belleza surge de una sensibilidad especial hacia esa belleza y, a la vez, de una capacidad de expresarla -¿será el artista un verdadero seductor, más allá de su genotipo?-. Quizás cuando el ser humano añade a esa razón de existir que define a los seres vivos -nacer, crecer, reproducirse y morir- otras actividades de realización -la necesidad de relaciones sociales, el arte o la capacidad de hacerse preguntas junto con la necesidad de responderlas- sus patrones de belleza varían, incluyendo otros factores que quizás dejen en minoría a los biológicos.

Me queda la duda de la verdadera existencia de la belleza interior: si ésta se basa en necesidades individuales difícilmente será percibida por otros individuos. Cabe la posibilidad de que nos hayamos estado engañando todo este tiempo, contándonos el cuento de La bella y la bestia, surgido seguramente de una sociedad de mayoría genéticamente inferior -cuestión de lógica matemática-, porque lo más seguro es que la única belleza sea la exterior. Lo que no sé es hasta qué punto es determinante para el ser humano.

12 Respuestas a “La belleza está en el exterior”
  1. La belleza está en el exterior dice:

    [...] La belleza está en el exteriorwww.lenguasdefuego.net/columnistas/gotardo/la-belleza-esta-e… por Gotardo hace pocos segundos [...]

  2. carlota dice:

    Ya te digo, es más verdad que cualquiera otra. Aunque si no se complementa con una belleza interior no se llega demasiado lejos…al final nos conocemos por nuestras palabras y nuestros actos.

  3. Adri dice:

    La verdad es que creo que la belleza interior te hace ver la belleza (física, digamos) de un modo u otro. Es cierto que ser “agraciado” hoy en dí­a es bastante importante, ya que la sociedad y el ser humano ha hecho que así sea. Pero también es cierto que hay personas que no cumplen los “requisitos” básicos para ser bellos, pero su derroche de simpatí­a, amabilidad y gracia hace que esa persona acabe siendo muy guapa, incluso más que una persona bella y antipática a su vez. ¿Qué es la belleza entonces?”La belleza es ese misterio hermoso que no descifran ni la psicología ni la retórica”

  4. Antonio dice:

    No sólo las virtudes interiores, a través de las cuales se manifiesta nuestra intelectualidad, hacen que esa belleza física hacia la que propendemos genéticamente quede relegada a un segundo plano. Hay otro elemento decisivo que nos diferencia del resto de seres vivos y que resulta más fuerte incluso que nuestros instintos primarios: el amor.

    Resulta muy elocuente la teoría de la “cristalización” que Stendhal sostiene en su ensayo “Del amor”, según la cual el hombre o la mujer enamorado dejan de ver al amante tal y como es, para ir atribuyéndole de forma gradual una serie de cualidades imaginarias, pero de cuya existencia no dudan en ningún momento.

    Esta teoría de la “cristalización” la explica Henry Beyle valiéndose de una bella alegoría: imaginemos que, en el transcurso de un paseo por las minas de Salzburgo, cortamos de un árbol una ramita seca. Por azar, la ramita se escurre de nuestras manos y va a caer en las minas de sal. Cuando extendemos la mano y recuperamos nuestra rama, ésta aparece impregnada de una capa irisada, granulada y brillante, que varía la fisonomía hosca y sin gracia de la rama, volviéndola de una belleza insospechada.

  5. Gotardo J. González dice:

    Parece que todos creemos en una belleza interior un tanto abstracta. Lo cierto es que la biología no llega a explicar ciertas cosas que nos suceden, pero aún así catalogaría la palabra “amor” junto con otras como “religión”.

    Me parece interesante la teoría de Stendhal. Quizás la fuente de la belleza (y por tanto del amor) sea la cristalización.

  6. Ballroom dice:

    De todas las formas de belleza que hay en el mundo me quedo con la humana, ya sea esa belleza física (inevitable en todos esos hombres hermosos) o cualquiera de esas otras bellezas de las que se han hablado.
    Lo mejor de este mundo, para mí, está en las personas. Ninguna obra de arte las iguala..

  7. Sebas L. dice:

    La diferencia entre el “amor” y la “religión” es que el primero no es motivo de encarnizadas guerras, más que las individuales de uno con su amado o los amantes del amado.

    ¿Cómo sería un mundo en el que fuera cierto (probablemente en el nuestro se cumpla) y también reconociéramos que la belleza está en el exterior?

  8. Gotardo J. González dice:

    Ballroom: Creo que lo peor también está en las personas.
    Sebas: Por desgracia, el “amor” sí que ha sido fruto de encarnizadas guerras. Véanse los motivos romáticos de la Guerra de Troya o el inicio histórico de la caída de la dinastía Tang.

  9. aquileana dice:

    De acuerdo con el último párrafo, la belleza interior es un contrasentido, un oxímoron… Toda belleza se exterioriza; “lo invisible a los ojos” son las virtudes y algunos defectos.-

    Afectos, Aquileana ;)

  10. Manuel dice:

    Hola, me parece queno es del todo correcto, la belleza exterior importa, pero la interior tambien, son mitad y mitad. Lo sé por experiencia propia. Conosco un monton de chicas que quieren una relacion conmigo y las rechazo porque no tienen esa “belleza interior”, las chicas bonitas son frivolas, estan demasiado ocupadas con su hermosura que no tienen tiempo de cultivar cosas mucho mas importantes como la cultura y, porsupuesto, el arte. Parece que tube suerte, soy simpatico y mantengo buen fisico, pero toda mi vida he crecido alrededor de libros, mi abuelo y mi padre eran politicos (bla, bla, bla) La belleza interior importa tanto como la exterior.

  11. Sebas L. dice:

    Qué pena que tuBieras tantos libros y nunca te diera por leer ninguno…

    Cuida tu simpatía y tu buen físico.

  12. MAGALI dice:

    En mi opinion no hay duda de que la belleza es la aspiracion de lo que deseamos internamente. Y lo que deseamos suele ser relativo, aqui un ejemplo; antes de tener mi primera relacion amorosa, soñaba con el tipico principe azul, perfecto por donde lo vea, sin embargo, mi primer enamorado resulto ser uno de los mas feos de una fiesta a la que asisti, y es asi como lo defini la primera vez que lo vi, no obstante, al saber mas de el, al conocer su trato, su insistencia por lograr enamorarme, pero sobre todo saber que era el mas inteligente de todo su colegio logro encantarme, hasta lograr enamorarme totalmente y convertirse en mi primera ilusion. Sin duda creo que terminamos definiendo como bello algo que creemos que nos complementa. Un vestido a nuestra medida, un trabajo que nos permite hacer lo que nos gusta, una familia en la que encajas, un libro que se sincroniza a tu forma de pensar. Todo esto no es mas que la manifestacion de lo divino de lo bello, que emerge a nuestro mundo.

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