En estos meses en que un soplo de viento fresco viene como agua de mayo, puede suceder que uno se siente a practicar el oficio de Neruda, piedra con piedra, pluma a pluma, y le falte un aire de inspiración. No todas las épocas del año son ese otoño fértil de Juan Ramón Jiménez. A falta de musas, las ideas aparecen en cualquier lugar, en cualquier charla, eso sí, de manera algo desordenada. Hace no mucho, me decía una amiga en una charla nocturna que no tiene mucho que contar, que su vida no es una novela. Me acordé de algún profesor de la Universidad que aseguraba que uno tiene que escribir sobre lo que ve, de lo contrario no se puede producir una buena obra. Yo mismo, hace poco, le comentaba a Florie Krasniqi que Lu Ji contaba en su Ensayo sobre literatura cómo buscaba la inspiración en la realidad, en lo tangible. Sin embargo todo eso es mentira. Siempre que hablaban de la realidad como única fuente válida de inspiración, yo pensaba dos palabras: Julio Verne.
Dándole la vuelta al asunto, creo que en Sefarad de Muñoz Molina había una dedicatoria a sus hijos para que «vivieran la novela de sus vidas». Por eso, esta noche de leves brisas veraniegas, cuando he recordado todas estas cosas, he pensado que, como decía Muñoz Molina, uno tiene que escribir la novela de su vida. Eso es Literatura. En mano de cada uno está hacer un bodrio o escribirla a lo Julio Verne. Tengan en cuenta que uno no puede ser Oliver Twist si no se hace llamar Charles Dickens.


















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21 Julio 2007 a las 2:31 am
Qué puedo comentar si ya lo has dicho todo… Es posible que la realidad tal y como la nombramos no exista, puesto que nadie puede salirse de sí para contemplarla con total objetividad; tampoco existe la ficción como tal, porque nada sale de la nada, precisamente. Quizás una novela, ‘la novela de nuestra vida’, se encuentra en ese equilibrio entre la materia objetiva y la percepción subjetiva; y me dijiste una vez que alguien (¿quién?) había dicho que la virtud está en el medio.
21 Julio 2007 a las 2:46 am
Florie, suena erótico eso de que la virtud está el medio. Creo que fue Aristóteles (no estoy seguro) el que dijo que “la virtud está en el término medio”.
Salirse de uno mismo para contemplar la realidad, en términos religiosos, sería insuficiente, sería un mero viaje astral. Lo ideal es el Nirvana, de difícil alcance.
Buscando algo más creíble o científico, siempre tenemo la lógica. Es lo más objetivo que conozco.
21 Julio 2007 a las 2:55 am
No había pensado en la lógica desde ese punto de vista…; y en relación con la creación literaria, precisamente he leído hace nada que Leibniz decía algo como que la “Matemática universal” es una Lógica de la imaginación…
3 Agosto 2007 a las 2:27 pm
Otras veces, la propia percepción de la novela vital es tan cruel que solo gracias a una reverberación del propio yo se puede lograr vivir en otra realidad distinta.
El Arte de escribir, visto asi, podria explicarse como un instrumento del propio instinto de supervivencia; ante una realidad tan adversa, mejor crearse una mejor.
Quiza desde una visión simplista pudiera darsele un caracter paranoide, pero solo es un mecanismo de autoprotección.
Un abrazo a la sangre, de mi sangre
Ángel Antonio