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Hace unos días terminé un trabajo -que seguramente ustedes nunca leerán- en el que intentaba destripar los entresijos de la literatura a través de cuatro textos: el Gran prefacio de Mao, el Ensayo sobre literatura de Cao Pi, el Fu sobre literatura de Lu Ji y El corazón de la literatura y el cincelado de dragones de Liu Xie -de los cuales les recomiendo que curioseen al menos los dos últimos-. Mi reflexión sobre lo que teóricamente es o debe ser la literatura, visto desde la perspectiva de la antigua China, me llevó a una conclusión que durante un tiempo dudé en compartir: todo artista es un grandísimo mentiroso.

Digo que dudé en compartir esta conclusión porque seguí una serie de silogismos, de premisas más o menos dudosas pero que constituyen lo que hoy por hoy yo me atrevo a llamar realidad. Lo cierto es que creo que en estas páginas hay literatura -los calificativos peyorativos se los dejo a ustedes, que no seré yo quien tire piedras sobre mi tejado-, lo que me convierte en al menos un intento de mentiroso, algo a la altura de un caco de la palabra; pero parece que en los bajos fondos del arte también tejemos trolas, usamos la pluma como un cristal translúcido a través del cual miramos hacia el mundo obteniendo una visión más o menos favorable. Esa visión que llega a ustedes, que son quienes se emocionan, quienes se ilusionan -intuyo que quienes pasan página no están leyendo esto-, parece ser el producto de un tiempo empleado en medir la palabra. Lo cierto es que el poema espontáneo no me lo imagino fuera de un instituto, sin faltas de ortografía, tampoco sin tener de fondo a un adolescente onanista y melancólico o a una pava existencialista. Deduzco, por tanto, que todo el romanticismo que han leído ustedes en su vida es tan sintético como la bolsa del supermercado en la que hacen la compra cada semana. Desprendo también de estas reflexiones que en la realidad no hay literatura alguna, estoy seguro de que más de una vez se asomó Juan Ramón Jiménez a la ventana, con pesadumbre matinal y agotadora, y exclamó: vaya mierda de día. Lo siento por ustedes; pero más por mí, que a estas alturas me siento ese mago cabrón y frustrado que revienta los trucos. No se fien de los poetas.

Dudé en decirles que todo lo que lean es mentira, porque entonces estaría llamándome mentiroso a mí mismo, acusación que creo de las más graves que se pueden hacer. Y sin embargo, aquí sigo contándoles que todo lo que leen es falso, porque en algún momento de mis fluctuaciones recordé la paradoja de Epiménides, y pensando que en realidad miente todo el mundo, se me ocurrió que la diferencia entre lo real y lo falso no se vislumbra sino pasado el tiempo. Todo sentimiento, igual que la poesía, es falso mientras el tiempo no demuestre lo contrario; ese amor grandilocuente que se declara es un ardid, pero si existe una mínima posibilidad de la realización de algo, ésta pasa por dejarse caer en la posible trampa. Tendrán que dejarse engañar, tendrán que seguir leyendo, tendrán que creer en ese falso amor.

3 Respuestas a “La poesía expresa las intenciones”
  1. Gotardo dice:

    Poetas aludidos, quéjense aquí.

  2. Florie dice:

    Precisamente, parece mentira que el tiempo, aquello de lo que huimos, aquello que aparentemente nos apresa, sea un medidor tan grande de muchísimas cosas; cosas que se mantienen a través del tiempo, que no cambian, y así demuestran su pertenencia al mundo de la verdad.
    Y en cuanto a lo que planteas sobre la mentira en el texto literario, en los últimos tiempos cada vez que he empezado a escribir un intento de novela, y al encontrarme frente a la página en blanco, estuve preguntándome hasta qué punto un novelista no es un hábil creador de mentiras que se sostienen y me pregunté, ‘entonces, ¿qué sentido tiene la literatura?’; he de reconocer que esta pregunta me resultó inquietante, aunque inevitable, tratándose de algo tan apasionante como la literatura. La respuesta quizás está en el valor de la forma más que en el contenido.
    Un inciso como tu lectora constante: yo pienso que tú sabes Escribir la palabra: y en cierta manera Escribir va más allá de mentir o de decir la verdad.

  3. Adri dice:

    Torreta, efectivamente esto es algo un tanto complejo. Es cierto que la mayor parte del contenido de un poema está exagerado, o tal vez ese sentimiento ni existe. Pero ahora me pregunto yo: ¿cómo es posible que generaciones enteras hayan estado mintiendo despiadadamente con sus versos y cantares que adormecen?. Tal vez, es una mentira del propio subsconsciente, tal vez el poeta/escritor ni siquiera lo haga queriendo. Tal vez ni él mismo sabe la mentira que está transmitiendo.Quién sabe, tal vez todos somas máquinas mentirosas y sólo unos pocos tienen el placer de poder plasmarlo en papel. Moraleja: no te fies ni del analfabeto, por si acaso

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