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Jonás pintado por Miguel Ángel en la Capilla Sixtina. Fuente: Wikimedia
Jonás pintado por Miguel Ángel
en la Capilla Sixtina. Fuente: Wikipedia

El primer impulso que tuvo Jonás al escuchar el mandato de Dios -pese a temer o adorar al Señor Dios del cielo- fue huir del mandato divino, quizás intuyendo que su misión estaba destinada al fracaso, tal vez por mera apatía, porque todo deber que nos es ajeno siempre es tedioso. Antes que cumplir con su obligación como profeta, Jonás prefirió convertirse en un prófugo e incluso, más tarde, esocoge la muerte cuando ya le es imposible esconderse -quizás el mito nos quiera decir que la obligación es ineluctable-, la prefiere antes que viajar a Nínive, ciudad en la que deberá anunciar su destrucción, castigo divino a causa de «la mala vida e inicuo proceder» (Jon, 2, 8 ) de sus habitantes.

El mito de Jonás nos cuenta además como la actitud negligente del profeta arrastra a otros en su catástrofe: embarcado hacia Tarsis se convierte en el gafe del navío. Su mala suerte desata una tempestad, pero se niega a encomendarse a Dios -lo que supondría enfrentarse a su obligado viaje a Nínive- y es arrojado al mar por los marinos, donde es devorado por un monstruo. Tres días y tres noches pasará en el vientre de la bestia marina. Siglos después se contará que Cristo tardó el mismo tiempo en resucitar, probando así su condición de enviado de Dios y su milagrosa resurección.

Jonás se da definitivamente por vencido. Pese a tener la certeza del fracaso de su misión divina, invoca a Dios, quien le salva del vientre del monstruo, y viaja a Nínive para anunciar la destrucción de la ciudad. El papel que juega Jonás es poco menos que el de un mentiroso, quedando en una posición ciertamente comprometida: los excesos de los ninivitas merecen el castigo ejemplar de Dios, sin embargo, la anunciación de Jonás provocará el arrepentimiento y, por tanto, el perdón de un Dios que se muestra en este mito tan magnánimo como en la parábola del hijo pródigo. La profecía de Jonás jamás se cumple, lo que el falso profeta ya había intuído desde un principio, tratando por ello de huir de un deber que le dejaría en una posición indigente. Para ser reconocido como profeta, Jonás necesitaba anunciar un castigo que sólo se cumpliria de no ser anunciado.

Víctima de su paradoja, Jonás termina el relato en las afueras de Nínive, esperando -intuímos que sin esperanza alguna- que se cumpla la profecía, la destrucción de Nínive que nunca tendrá lugar, cobijado bajo un ricino que se secará por voluntad de Dios -de ahí que pensemos que en realidad no es tan magnánimo como algunas lecturas aseguran-. Jonás pide a Dios el favor de la muerte, «razón tengo para encolerizarme, hasta desear mi muerte» (Jon, 4, 9), pero Dios se muestra conciso con Jonás, su misericordia es para los ninivitas; el falso profeta queda en el desierto, olvidado de Dios. Sólo se cumplió la profecía del desastre personal de Jonás.

4 Respuestas a “La profecía de Jonás”
  1. Florie dice:

    Creo recordar que es un motivo recurrente en Auster; al menos aparece en “La invención de la soledad”

  2. theBloomingDedalus dice:

    Es curioso que un libro cuyo tema fundamental es que “la Misericordia de Dios no tiene límites” termine salvando a todo un pueblo corrupto y dejando morir de hambre al pobre que teóricamente terminaría salvándolos gracias a su previo aviso.
    Podrían existir muchas interpretaciones, desde la ciega cristiana hasta la más racional, que bien diría que Jonás era un pobre esquizofrénico paranoico con delirios megalomaníacos, que presumía de ver a Dios y murió por el celo de su locura. Y para colmo escribió un libro.
    De todos modos, siempre creo que, en general, todos los libros de las antiguas religiones versan sobre Mitologías comparables a las del Antiguo Mundo, y en ningún caso deberían tomarse al pie de la letra y sí más bien como una especie de guía espiritual (cosa que no creo que sacerdotes, curas, obispos, cardenales, Ratingers, etc hagan en demasía, máxime viendo como el insigne Benedicto -¿o Benito?- ha vuelto a instaurar el Infierno -por obra y gracia de Dios-).
    Se podría entonces llegar a la conclusión de que la Misericordia de Dios llegó al pueblo de Nínive porque ellos renegaron de sus pecados (a saber cuáles y cómo) y no a Jonás pues éste cayó en la Envidia al ver que los otros se salvaban y él no.
    No soy ningún experto en Teología, pero podría ser una bonita interpretación.

    Ya hablaré otro día de mi concepto del pecado de los curas en la Iglesia actual ( y eso que actual está mejor que la de antes)

  3. Makiavelo John dice:

    Jonás, sigue siendo hoy ese pobre esquizofrénico paranoico con delirios megalomaníacos, que vaticina la destrucción de ciudades, y al que otro iluninado, que se siente una especie de Yahveh, no consigue que sus particulares peces lo engullan.

  4. Gotardo J. González dice:

    Florie: Sólo recuerdo la mención de Auster a Jonás (muy interesante) en La invención de la soledad. Si alguien recuerda alguna le agradeceré que nos la indique.

    Dedalus y Makiavelo: No creo que haya Historia más allá del mito, pero me parece interesante leer los mitos bíblicos de otra manera y, por supuesto, me encanta que el Profeta Jonás en realidad no sea un profeta. Pero, sí, si hubiera que buscar fundamentos “verídicos” para la historia, estos partirían de algún trastorno mental de Jonás.

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