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Vía Arsenio Escolar, leí el pasado sábado una entrevista a Pieter Remmens publicada en La Vanguardia. Remmens es experto en antiludopatía y asegura que jugamos a la lotería de Navidad «por envidia y celos». Según dice, sus «estudios demuestran que la gente, aunque sabe que es casi imposible que le toque, compra lotería para evitar que le toque al vecino y a ellos no».

Quizás por ingenuidad, siempre había pensado que seguir pobre mientras se ve al vecino enriquecido era causa de desdicha por haber perdido la ocasión, por la amarga sensación de ver partir ese tren que nunca volverá a pasar; jamás pensé que lo desagradable de ver a un vecino premiado fuera precisamente el vecino premiado, en el que vemos realizados con envidia nuestros mejores sueños de fortuna. Quizás me corroa la envidia dentro de unos días si me entero que algún allegado, conocido o prójimo cualquiera ha ganado un pellizco, por pequeño que sea, y más teniendo en cuenta que no compro, no porque no guarde esa estúpida esperanza de ser premiado, sino porque me da pereza ir a comprar y dolor de corazón pagarle a alguien para hacer algo diferente de accionar un grifo de cerveza; peor aún, todavía tendré que pasar por ese trance cuando se sortee el niño.

Parece que seguimos creyendo en la suerte aunque no hagamos uso de ella, porque sirve para restar méritos a aquellos a quienes envidiamos, porque justifica nuestros fracasos sin obligarnos a ser conscientes de nuestras carencias. Una amiga mía, vieja compañera de correrías y bolos, me comentaba el otro día que había estado leyendo el horóscopo de 2007 y que, sorprendentemente, el horóscopo clavaba todo lo que le había sucedido a lo largo de este año -que para ella ha sido nefasto, como para tanta gente-. Yo apelé a la razón asegurando que los falsos oráculos nunca fallan -aunque parezca contradictorio-, porque nunca dicen nada, y que del mismo modo que el horóscopo de 2007 acertó lo que sucedía en 2007, el horóscopo de 1998 -por poner un ejemplo cualquiera- también habría acertado lo que le ha sucedido en 2007. Bastaría con que el horóscopo asegurara el día 22 de diciembre: «dinero: no te va a tocar la lotería». Les invito a que hagan la prueba y luego me cuenten.

La credulidad de la gente es asombrosa. Después de pasar varios días maldiciente, quejándome a todo el mundo porque por dejadez no he comprado ningún décimo, el día del sorteo de lotería de Navidad proclamé a los cuatro vientos que me ha tocado. Aunque todo el mundo sabe que es mentira, siempre queda entre mis allegados un ápice de duda que les lleva a preguntar por mi nueva fortuna. Yo siempre he pensado que muchos de quienes me preguntan asombrados, al enterarse de mi nueva condición de ricachón son compadres que vienen a darme una palmada en la espalda -suelen coincidir estos con los que me acompañan en las largas noches de jarras y ronda a tabernas-; por otro lado, estoy seguro de que quedan los que maldicen mi suerte, por envidia y por celos, del mismo modo que yo maldigo la suya cuando el horóscopo les augura salud, dinero y amor.

3 Respuestas a “La suerte por envidia y celos”
  1. Gotardo dice:

    Feliz Navidad a todos. Salud, dinero y amor (pero sobre todo dinero, como dice un amigo mío).

  2. carlota dice:

    Feliz Navidad, a mis vecinos de toda la calle les tocó un pellizco hace años, nunca les envidié,sigo sin comprar loteria.Prefiero que la suerte me llegue de otro modo…

  3. Gotardo dice:

    Querida Carlota, como dije, algo ha tocado en Granada, y a mí ni un céntimo, ni a nadie que yo conozca.

    Yo que quería seguir escribiéndole desde la Martinica…

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